lunes, noviembre 12, 2018

 

 

La podemización del PSOE cada vez me sorprende más. Acepto que parte del juego democrático consista en comprar con recursos públicos votos, pero el movimiento de Pedro Sánchez hacia la izquierda irracional roza la sátira.

Su última invención ha sido la de proponer un impuesto finalista, a pagar por los bancos, que cubra el agujero existente en la Seguridad Social derivado de la insostenibilidad del sistema de pensiones. Ésta ya fue una propuesta de Podemos en su programa electoral para las últimas elecciones, así que tendré que catalogarlo como entonces: un insulto a la inteligencia humana. Para empezar, porque supone arreglar un pinchazo con un sacacorchos afilado. Lo único positivo es que acepta que las pensiones necesitan ser repensadas. Sin embargo, deja entrever que bajo el modelo actual la financiación de las pensiones no se hace a través de impuestos. Que las pensiones corran a cuenta de la Seguridad Social, y no del presupuesto público son dos correas distintas para el mismo perro. El pago a la Seguridad Social vía nómina de forma mensual es un acto coercitivo y, por lo tanto, un impuesto. Aunque lo cambien de nombre por el de cotización.

Más allá de disquisiciones dialécticas, la propuesta es de una gravedad inusual hasta para un partido de izquierdas. Exponerla con esa firmeza de cara al público supone un diagnóstico errado de la situación por la que está pasando el sistema de pensiones, un desconocimiento del funcionamiento de nuestra economía, y errores de aritmética básica.

Actualmente hay 9,6 millones de pensionistas en España. El 61,4% por jubilación. Un análisis histórico de este segmento arroja 1,7M de pensionistas más que en 2005 (+21%), con un gasto que se ha incrementado en más de 100.000 millones de Euros anuales (+85%).

Fuente: Seguridad Social

Fuente: Seguridad Social

Fuente: Seguridad Social

Comprendo que es duro no darles lo prometido a 9,6 millones de potenciales votantes. Actuar en contra de los 47 millones de habitantes sale más barato (en términos electorales) y, de paso, aumentamos el número de dependientes del Estado para que cada vez sea más complicado cambiar de sistema. A la hora de abordar algo tan básico como el sistema de pensiones, es necesario saber que el crecimiento en la pensión media es el responsable del 61% del incremento en gasto en pensiones. Casi 3 de cada 4 Euros de incremento del gasto en pensiones se deben a nóminas que, en algunos casos, han aumentado a la sombra de la inflación; y, en la mayoría, son consecuencia de las décadas de mayor bonanza de este país. Mientras, los que se incorporan al mercado de trabajo lo hacen con nóminas notablemente más bajas, que reflejan tanto su escasa experiencia como un período de ajuste en los costes laborales sin precedentes.

En Diciembre de 2017 había casi 900.000 pensionistas cobrando 2.000€ o más, frente a los 100.000 que lo cobraban en 2005. Este 10% ha sido un componente principal del sistema de pensiones durante su vida laboral, y ahora espera recibir lo que se le ha prometido: una jubilación digna. Y, sin embargo, tiene que acudir a sistemas de pensiones privados para mantener su poder adquisitivo porque bajo el paraguas público tiene un techo de ingresos decidido por un comité.

En paralelo, establecer un impuesto finalista que pague la banca es ignorar la historia económica. El impuesto planteado, en un sistema tan oligopolístico como es el bancario, va a ser pagado en su totalidad por el cliente. Pero voy más allá. El margen neto del sistema financiero español lleva disminuyendo desde 2009, hasta los 22.052 millones de Euros en 2016, lastrado principalmente por unas mayores necesidades de provisión y por un entorno macroeconómico restrictivo, dominado por la falta de demanda de crédito solvente. Extraer coercitivamente otros 1.000 millones en impuestos cada año supondría una desventaja competitiva importante con respecto a sus comparables europeos, así como menos crédito a la economía.

Una vez que el daño esté hecho, vendrán las vacas flacas, consideraremos al sector bancario como estratégico (too big to fail) e inyectaremos miles de millones en las entidades con problemas. Millones que, evidentemente pagará usted. O, lo que es lo mismo, paga el impuesto a los bancos vía mayores comisiones o tipos de interés; paga las contribuciones a la Seguridad Social; paga el futuro rescate de los bancos; y, además, sufre una restricción adicional de crédito. Además de puta, ponga usted la cama.

Y esto me lleva al último punto: la aritmética. En 2017 el déficit de la Seguridad Social ascendió a 18.000 millones de Euros. 15.000 fueron financiados vía deuda pública, y 3.000 a través de la hucha de las pensiones. Según las palabras del propio Pedro Sánchez, este impuesto recaudaría algo menos de 1.000 millones de Euros. ¿Qué hay del resto de necesidades? Muchos olvidan que hay muchos sectores estratégicos (esto es, hiperregulados) a los que acudir a golpe de decretazo para seguir hundiendo la economía y aumentando el ejército de yonkis estatales.

Un negocio redondo, especialmente para el 1% que nos gobierna y que son los únicos que se benefician de él.

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6 Comentarios

Andres 12 enero, 2018 at 1:11 pm

Además de ofensivo, eres un inepto como economista. Cunato menor es el grado de competencia en un mercado, menor es la traslación de un incremento de costes (por ejemplo producido por un impuesto) al consumidor final. No al revés como indicas en tu escrito cuando dices que un sistema bancario oligopolístico como el español el impuesto lo pagaría el cliente final.

    Dani 12 enero, 2018 at 1:22 pm

    Hola Andrés,

    Gracias por leer el post y por tu comentario. Tanto la teoría económica como la realidad muestra que en un mercado oligopolístico no hay ningún incentivo a reducir el precio por parte de un agente ante un incremento de costes. Dado que hay pocos players que controlan el mercado, la demanda es inelástica.

    En un mercado en competencia hay más incentivos a que exista un agente challenger que reduzca el precio para aumentar su cuota de mercado.

    Un saludo

      Andres 13 enero, 2018 at 1:12 am

      Dani,

      Gracias por tu respuesta, pero te sugiero que repases tus apuntes de micro. Te lo muestro en un ejemplo muy sencillo.

      Imaginate que eres un monopolista que produce un bien, por ejemplo pan. A ti te cuesta 0.1 euros producir el pan. Pero como eres el unico que produce pan puedes cobrar por el pan lo que los consumidores estan dispuestos a pagar por el, por ejemplo 1 euro. Imaginate que ahora te ponen un impuesto de 0.2 €. Puedes trasladar al consumidor ese coste adicional? Obviamente no, porque precisamente por ser monopolista ya le estas cobrando al consumidor todo lo que puedes. Asi pues el impuesto te lo zampas tu y sigues cobrando por tu pan 1€.

      En el ejemplo contrario, esto es en un mercado en comptetencia perfecta, por definicom deberias estar cobrando por el pan tu coste de produccion, esto es 0.1€. Si en ese mercado te introducen un impuesto de 0.2€, lo que no haras es vender el pan a perdidas y por lo tanto trasladas todo el impuesto al consumidor, por lo que tu pan ahora vale 0.3€.

      Mas facil no te lo puedo poner.

      Volviendo a tu articulo, si quieres pensar sobre que cuantia del impuesto bancario se trasladaria al consumidor, deberias de pensar como de competido es el sector bancario a dia de hoy. Y yo estoy de acuerdo contigo en que en España, despues de la reestrucutracion bancaria, mucha competencia no hay. Por lo tanto, seria de esperar que una parte sustancial del impuesto lo pagarian los bancos

        Luis 13 enero, 2018 at 5:34 pm

        Buena discusión. Yo estoy más de acuerdo con Dani. Yo creo que el traslado del coste de los impuestos al precio depende más por la elasticidad de la demanda que por la estructura del mercado monolístico o de competencia perfecta. Véase por ejemplo los impuestos a la gasolina donde son pagados en su mayoría por el cliente final dado que la elasticidad en este producto es muy baja.
        El servicio bancario es muy poco elástico. Yo no puedo sustituir ese servicio por otras cosas o reducir el uso de servicio de manera sencilla. En definitiva, tendré que asumir el incremento del coste debido a los impuestos.

          Dani 13 enero, 2018 at 9:48 pm

          Andrés, Luis

          Un debate interesante. Creo que la gente como vosotros enriquecéis la web aportando vuestra opinión, siempre desde el respeto al resto. Os agradezco la lectura y comentarios.

          Como ya he dicho, estoy más cerca de Luis que de Andrés. La clave es la elasticidad de demanda. Si el bien es de primera necesidad (como ocurre en los servicios bancarios), la gente necesita ese bien y, por lo tanto, es menos sensible al precio.

          En un mercado monopolístico (por llevarlo al extremo), ese bien solamente lo comercializa un agente. Tú como consumidor necesitas legumbres. Si las legumbres las vende solamente una empresa, vas a tener que comprarlas tanto si valen 1€ como si valen 10€. Por eso, la empresa no tiene ningún incentivo a evitar trasladar un incremento de costes vía mayores impuestos al consumidor.

          Técnicamente, como bien sabes, Andrés, las empresas maximizan una función de beneficio que consiste en ingresos menos gastos (que, a su vez dependen de una función de producción) sujeta a distintos tipos de restricciones. Una de ellas, la que siempre se repite sea cual sea el sector y la empresa, es la función de utilidad. Ante un bien de primera necesidad, como hemos comentado, la función de utilidad es inelástica al precio. Como no va a haber ningún agente que disminuya el precio, en un mercado oligopolístico la función de utilidad desaparece como restricción de la función de beneficio.

          Un cordial saludo

Alberto 8 marzo, 2018 at 4:05 pm

Andrés, eres un falaz y tu única idea de economía es la de quien te paga: llevas el ejemplo al extremo para demostrar lo antirracional. Con la realidad oligopolística de los bancos tu ejemplo sería:
1. coste de producción: 0,1€ –> pvp de los bancos oligopolísticos: 0,6€.
2. nuevo coste de producción: 0,2€ –> nuevo pvp de los bancos oligopolísticos: 0,7€ ya que al no haber competencia, no existe ningún challenger (ING ya no es lo que era) que decida mantener el pvp en 0,6€.

Todo por debajo de tu supuesto límite teórico de 1€, que por cierto a ver quién tiene narices de cuantificar (si hace 3 años le hubieran dicho al mercado del alquiler los precios actuales, nadie los habría creido)

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