lunes, noviembre 12, 2018

Corren buenos tiempos para la economía de los datos, como lo llaman alguno. Yo también soy de los que piensa que el Big Data, asociado a la inmediatez que permite las soluciones actuales de conectividad móvil, es un activo clave para las empresas de un futuro no muy lejano. Y, para quien no me crea, solamente decir que una compañía como Google predijo la victoria de D. Cameron en UK con mayor acierto que las archiconocidas (y pagadas) encuestas.

Antes de continuar, un repaso a ese término que tantas y tantas veces leemos. ¿Qué es el Big Data? Básicamente, consiste en la recopilación y posterior análisis de datos acerca de nuestros comportamientos/gustos/actitudes, con el objeto de conocernos mejor y adecuar soluciones que permitan mejorar nuestro nivel de vida (para aquellos que tengan mayor interés, aquí os dejo más información).

En el fondo, no es una tendencia nueva. Desde tiempos inmemoriales las empresas han querido conocer lo mejor posible a sus clientes para venderles más productos. El Big data, sencillamente, va un paso más allá y, sin pasar por la neurociencia, transforma las creencias o actitudinales en hechos. Esas presentaciones de las consultoras tratando de averiguar si un producto/servicio iba a tener éxito o no, se transforman en dispositivos/plataformas que recogen todos y cada uno de los pasos del usuario. Gracias a este tipo de tecnologías, empresas como Netflix son capaces de desarrollar ventajas competitivas en forma de un motor de recomendación, que permite ahondar en el descubrimiento de nuevas series/películas (aunque hayan sido publicadas hace años) basándose en el consumo de anterior de contenido y nivel de satisfacción obtenido; también, la agregación y comprensión lógica de volúmenes tan ingentes de datos ha permitido evolucionar el sistema de transporte público en función de la concurrencia de los usuarios y de los trayectos andando que hacían. Fantástico, ¿verdad?

Lo cierto es que este tipo de soluciones tienen casi tantos retos por delante como potenciales actividades a desarrollar. Además de los temas de privacidad y protección de la intimidad por los que tanto tienen que luchar compañías como Google y Facebook, existe mucha incertidumbre en torno a los modelos de negocio que surgen a su alrededor, así como la optimización de capacidades e infraestructuras que son necesarias para su aprovechamiento.

Pongámonos, para que nos entendamos, en la piel de un directivo de un gran banco, por poner un ejemplo. Tengo muchas de las herramientas para conocer a mis clientes (patrones de uso de tarjetas, niveles de gasto, componentes en la unidad familiar, facturas domiciliadas, etc.); sin embargo, la información, hoy en día, se encuentra fraccionada e inconexa entre varios departamentos que, en muchas ocasiones, no pueden ponerse en contacto por temas de protección de datos. Sin embargo, una visión 360º de mis clientes me permitirían obtener información tan valiosa como: Perfiles de riesgo personalizados más precisos, nivel de riesgo de pérdida de cliente, generación de ofertas en tiempo real (por ejemplo, una hipoteca si detecto que está mirando inmuebles), y un largo etcétera. ¿Qué necesito para desarrollar un producto tan disruptivo? Por ser lo más genérico posible, hardware/infraestructuras, software y recursos humanos. Además, hay que distinguir entre capacidades para conseguir los datos y capacidades para procesar los datos obtenidos.

O, lo que es lo mismo, casi una compañía completa al servicio del banco para al que dar el apoyo. Porque, además, cualquier empresa que no construya este tipo de capacidades from the scratch se enfrentan a legacies en sus sistemas informáticos, organización empresarial y cultura de recursos humanos. Para colmo, sigue sin estar claro el modelo de negocio a seguir: ¿Vendo la información que he logrado a anunciantes o empresas del sector? ¿La uso de forma interna para construir un portfolio acorde con las necesidades detectadas? ¿Me convierto en un broker de datos? Las preguntas se suceden, y la veracidad de las respuestas se acumulan en el montón de “revisar. No está claro”.

De todo esto se deriva una de las principales decisiones que tendrá que tomar nuestro banquero: ¿Me pongo a desarrollar todo este entramado in-house o externalizo este tipo de operaciones? Evidentemente, la respuesta depende mucho de los fines que quiera lograr, de cuál sea su visión a largo plazo de la compañía y de los recursos con los que cuente. No obstante, en mi humilde opinión, en este tipo de negocios creo que está el valor y el posicionamiento adecuado de las consultoras del futuro.

Más allá de dar una visión estratégica y out-of-the-box, el apoyo a la toma de decisiones debe estar basada en una visión end-to-end que tenga en cuenta a su cliente y al entorno que influye en su resolución final. Y la agregación y análisis de todos esos datos solamente puede estar en manos de compañías que sean capaces de maximizar las posibilidades del Big Data. Ahí está la aportación de valor para una amalgama de sectores importantes; de hecho, soy de los que piensa que incluso los partidos políticos deberían dar el salto al mundo digital y dejar de gastarse millonadas en PPTs que se basan en “yo creo que votaría al partido X” y gastarse lo mismo en datos basados, por ejemplo, en conducta en redes sociales.

Hasta pronto!

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