jueves, diciembre 13, 2018

El capitalismo es el único sistema económico que se ha mostrado próspero y estable para la humanidad. Le pese a quien le pese, la empresa es una estructura jurídica creada para ganar dinero y, por lo tanto, es imprescindible conocer muy bien el argot y las magnitudes financieras básicas a la hora de enfrentarse al mundo laboral. Bien como emprendedor, inversor, o sencillamente empleado por cuenta ajena.

Ya hemos hablado en este blog de los documentos contables más relevantes (click aquí para leer), y hemos dejado alguna pincelada de análisis económico financiero. Sin ánimo de ser exhaustivo, me gustaría comenzar aclarando algunos conceptos relevantes:

Necesidades operativas de fondos (NOF) Se refiere a la capacidad/necesidad de financiación de las necesidades de circulante de la empresa. Es la parte del activo circulante que hay que financiar con deuda. Básicamente, es capaz de explicar si la actividad habitual genera caja o deuda.

Las necesidades operativas de fondos tienen dos mecanismos de financiación: el Fondo de Maniobra (Activo circulante – Pasivo Circulante) y la deuda a corto plazo. Es decir, si las existencias + clientes + tesorería > pasivo a corto plazo sin coste financiero, las necesidades operativas de fondos serán negativas y la empresa generará caja con sus actividades ordinarias (inversión en circulante). La evolución de las NOF es clave a la hora de conocer la capacidad de la compañía para aumentar su volumen de negocio.

Un concepto muy similar al de las NOF es el de Working Capital. En muchos manuales lo equiparan con el Fondo de Maniobra, sin embargo, yo prefiero descontar del Fondo de Maniobra la deuda financiera neta, con el objetivo de analizar solamente las magnitudes contables afectas al negocio en el corto plazo. De nuevo, una variación del working capital positiva indica que hay más necesidades de circulante que financiar con deuda, lo cual puede acarrear problemas a la empresa.

La correcta monitorización y gestión de estas dos masas es muy importante a la hora de conocer la salud de tu empresa. Una correcta negociación de las relaciones con proveedores y acreedores es la palanca más importante con la que cuentas para mantener a raya las necesidades de liquidez.

Análisis de endeudamiento: El ratio más usado para medir el grado de apalancamiento de una compañía es deuda financiera neta/EBITDA. Se trata de un indicador capaz de dar información relevante y comparable entre compañías, lo cual hace que sea comúnmente conocido.

Sin embargo, no aporta apenas valor a la hora de valorar la solvencia de la compañía. Una deuda no es abultada por sí misma; hay que analizar la capacidad de devolución. Para ello, hay tres ratios que a mí me resultan útiles:

apalancamiento

solvencia

acid-test

El primero afronta el endeudamiento desde otra óptica. Mide, de forma agregada, la capacidad de la empresa para hacer frente a las obligaciones de pago con entidades financieras. Suele considerarse la zona de confort de este ratio entre el 50% y el 70%. Un valor mayor del 70% significaría que la empresa tendría que hacer líquidos (vender) el 70% de sus activos para hacer frente a sus obligaciones de pago, por lo que la capacidad para seguir con su actividad se vería muy mermada. Repito que es útil para hacerse una imagen muy agregada y recibir pistas sobre si la empresa podría tener problemas de solvencia o no; pero en ningún caso permite afirmar absolutamente nada.

El segundo sí que es un buen indicador de la solvencia de la empresa. Es importante recordar en este punto que una empresa puede estar en una situación de iliquidez pero ser perfectamente solvente. La liquidez se refiere al corto plazo mientras que la solvencia es un concepto de largo plazo. En eso se basan precisamente los créditos: detraen recursos del futuro y los trasladan al presente para cubrir situaciones de falta de liquidez. Se suele considerar un 150% como valor óptimo de este ratio, aunque varía mucho en función de la actividad de la empresa y, como en todos los anteriores, es conveniente compararlo contra una cesta de empresas comparables para dar un veredicto adecuado.

El último ratio es el denominado acid test y, como su propio nombre indica, mide la capacidad que tiene la empresa para hacer frente a sus compromisos financieros con coste en un horizonte de corto plazo. A raíz de este ratio, comentar que es muy conveniente mirar la partida de costes financieros de la cuenta de pérdidas y ganancias, y compararla contra la generación de flujos de caja libre de la empresa. De esta forma, tendremos información valiosa acerca de la capacidad real de pago (esto es, no afecta a los activos que generan la actividad), así como del precio (tipo de interés) que soporta la compañía. Este último indicador es una señal excelente de la percepción de riesgo por parte de las entidades prestatarias.

Rentabilidad: Cualquier inversor va a analizar el valor añadido que genera tu compañía. Esto implica tanto indicadores de rentabilidad del capital invertido (ROE, ROI o ROCE, por sus siglas en inglés), como la del negocio en sí. El más conocido de todos ellos es el margen EBITDA (EBITDA s/ingresos), por ser comparable. Para empresas cotizadas, el más usado es el Beneficio por acción (BPA, o EPS por sus siglas en inglés):

bpa

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