viernes, septiembre 21, 2018

[Disclaimer inicial: Este artículo fue publicado originalmente en la sección pensamiento de Bez.es, lo que debes saber, el día 4 de enero de 2017]

Internet ha abierto una nueva rama económica capaz de transformar radicalmente el comportamiento de los ciudadanos: la economía colaborativa. Muchos imperios empresariales tiemblan ante startups provenientes de Silicon Valley o de Israel, capaces de formar gigantes capaces de desafiarlos cara a cara, a nivel mundial y con una inversión insignificante. El MIT (Instituto Tecnológico de Massachussets) cifra en 110.000 millones de dólares el valor de este mercado. PWC, por su parte, otorga un potencial de 335.000 millones de dólares en 2025. Existen pocos mercados en el mundo que presuman de este volumen.

Las compañías más relevantes del sector, Uber, BlaBlaCar y AirBnB cuentan con valoraciones estimadas de 69.000 millones, 18.000 millones y 10.000 millones de dólares respectivamente. No en vano, BlaBaCar podría estar ofreciendo una solución de movilidad a 2 millones de personas en todo el mundo cada mes. Uber tampoco se queda atrás. Solamente en Estados Unidos es capaz de hacer ganar 16.178 dólares al año de media a 16.000 conductores activos. En España, la plataforma más relevante es Airbnb. No sabemos qué porcentaje de los casi 300.000 huéspedes que aloja a nivel mundial, según la OCDE, lo hacen en nuestro país. Lo que sí que conocemos son los beneficios de propiedades inmobiliarias que apuestan por este modelo de negocio: algo más de 3.000 Euros al año.

Son números capaces de atraer la atención de muchos de los agentes económicos. La economía colaborativa encarna la necesidad de evolucionar las instituciones y normas regulatorias que operan en muchos países desarrollados. Hay sectores tradicionales muy impactados por el surgimiento de agentes que no soportan las mismas barreras regulatorias que ellos y eso constituye un claro ejemplo de competencia desleal. Se hace necesario liberalizar profesiones que tradicionalmente han contado con elevadas barreras de entrada (licencias de taxi, de hospedaje turístico, etc) y construir mercados realmente competitivos capaces de favorecer al usuario tanto en precio como en calidad de servicio. Aún no he escuchado a ningún usuario de Airbnb quejarse porque se haya hospedado en pleno centro de Madrid a un precio inimaginable para cualquier pensión.

Además, operar sobre internet genera un ecosistema capaz de dar soluciones a necesidades reales del consumidor. Ningún comité regulatorio será capaz de ofrecer más confianza a un huésped que los cientos o miles de opiniones sobre un inmueble privado determinado ofrecido a través de Airbnb.

Sin embargo, no es este el único reto al que se enfrentan estas plataformas. Estamos hablando de empresas que, a pesar de su abultado tamaño (atendiendo a criterios de valoración, Uber podría formar parte del Top 100 de empresas estadounidenses), no cotizan en bolsa, razón por la cual no tienen obligación de presentar resultados anuales. La opacidad es un punto en común entre ellas. Y no me extraña. Según los datos que maneja el mercado, Uber podría haber perdido hasta 2.200 millones de dólares en los nueve primeros meses de este año; Airbnb tampoco se queda corto. Se estima que en 2015 su resultado operativo fue de 150 millones de dólares en números rojos. La rentabilidad, por tanto, es una asignatura pendiente para empresas que apuestan por un modelo al peso y por el cambio de hábitos en los consumidores como palancas de atracción de capital inversor y, en último término, para sobrevivir.

En el año 2006, Yahoo trató de comprar Facebook por 1 billón de dólares. En 2016, la valoración de Facebook es 300 billones de dólares mayor que la de Yahoo. La única forma que tiene una empresa de sobrevivir es ser rentable. Sino, antes o después caerá, dejando atrás historias humanas. Y lo cierto es que las compañías nacidas en el marco de la economía colaborativa tienen capacidad real para generar prosperidad y bienestar allá donde el marco regulatorio les permita operar en condiciones razonables. Aumentar la transparencia en sus negocios, evolucionar su modelo (actualmente basado en revenue share) y soportar valoraciones con un porcentaje mayor de activos en propiedad es el camino a seguir para que podamos continuar poniéndolas de ejemplo de aquí a diez años. Porque estoy seguro de que ninguna de las mencionadas quieren ser la próxima Yahoo o, en el caso español, Terra.

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