miércoles, noviembre 13, 2019

 

España tiene una de las tasas de ahorro más bajas de la Eurozona. Estamos en cifras inferiores al 5%, frente a una media europea del 9%. La evolución a la baja, además, es evidente. No sólo desde la crisis financiera internacional, sino también, y especialmente, desde el inicio del programa de compras de deuda pública (QE) del BCE.

Detrás de este comportamiento hay muchos factores. El más importante, común a toda Europa, es la colección de desincentivos al ahorro de la política monetaria de los últimos años, junto con el desplome de los tipos de interés sin riesgo, en muchos casos incluso por debajo del 0%. Esto ha supuesto una asunción de riesgos por encima de la rentabilidad equivalente y, lo que es más importante, la pérdida de alternativas de inversión para canalizar dicho ahorro.

Acudir a un banco a por una solución para los ahorros es una tarea cada vez más complicada. Desde hace unas semanas las entidades comenzaron a cobrar por los depósitos de más de 100.000 euros, y eliminaron del portfolio los productos por inferior cuantía. El portfolio sin riesgo, por lo tanto, en entredicho. La renta variable, por su parte, lleva varios años registrando máximo tras máximo, a la luz (de nuevo) de una política monetaria que ha beneficiado a los agentes económicos de menor riesgo. Esto son: empresas, especialmente grandes, que tienen capacidad para endeudarse porque mantienen una calidad crediticia elevada. Las cotizadas.

Una evolución que funcionó, mientras los rendimientos decrecientes de la política monetaria no daban la cara. Sin embargo, desde mediados del año pasado, tras un tiempo prolongado de débil crecimiento, de incremento de los dividendos, y de multiplicadores en máximos, la búsqueda de compañías capaces de generar valor en el medio y largo plazo se ha ido haciendo cada vez más compleja. Tampoco la inversión en inmovilizado es sencilla, habida cuenta de que la facilidad para endeudarse ha provocado una inflación de doble dígito en los activos tangibles que servían a muchas familias para invertir.

La denominada represión financiera era uno de los efectos secundarios más temidos del QE y, según aceptó el propio Mario Draghi en su despedida, estamos en ese momento en el que los efectos nocivos comienzan a tener más peso que las ventajas sobre Europa.

La banca, sin embargo, tiene que sobrevivir. Una entidad que paga sus nóminas y facturas gracias al diferencial entre los tipos de interés de los préstamos y los depósitos ha de buscar alternativas para una situación extraordinaria. La opción más atractiva para el ahorrador son productos financieros que ya cuentan con una larga trayectoria: los fondos de inversión.

Un fondo de inversión es un vehículo financiero a través del cual se canalizan los ahorros de las familias para lograr ventajas en los mercados de capitales. A usted y a mí nos sale realmente caro invertir en productos derivados cuyo activo subyacente opera, por ejemplo, en Estados Unidos. Necesitamos, además, conocimientos tanto de los fundamentales del subyacente como de la formación de precios del producto estructurado y del funcionamiento operativo de los mercados en los que opera para poder llevar a cabo dicha operación.

Dicho de otra manera, operando de forma individual los mercados financieros están subdesarrollados, y el ciudadano de a pie seguiría sin alternativas para canalizar sus ahorros. La agregación de estos recursos, y su puesta a disposición de personas especializadas en el análisis financiero y en el funcionamiento de los mercados de capitales (el gestor de fondos) es un fondo de inversión.

Las familias españolas acumulan casi el 15% de sus ahorros en este tipo de productos, si consideramos conjuntamente los fondos de inversión y los fondos de pensiones, un instrumento que no deja de ser un fondo de inversión con características peculiares a la hora de solicitar los ahorros de vuelta. Estamos hablando de productos financieros que crecen a ritmos del 5%, y de los únicos que se tornan en verde dentro del posible portfolio financiero de una entidad bancaria. También, estamos hablando de un producto que da rentabilidades razonables en un mundo donde éstas escasean. En lo que va de año el conjunto de los fondos acumula unos rendimientos medios del 5,5%, todas las categorías de fondos están en verde, y la inversión, por ejemplo, en renta variable estadounidense supera ampliamente el doble dígito, hasta llegar casi al 20%.

Esto no significa que sean productos, por definición, de bajo nivel de riesgo. Pero sí que es un producto que se adapta al perfil de riesgo. No es lo mismo comprar un bono alemán o estadounidense, un estructurado, o entrar en el accionariado de una startup de Tel Aviv. De ahí la importancia de encontrar un buen gestor, y una buena comercializadora que elabore el perfil de riesgo adecuado.

¿Por qué un fondo de inversión?

El primer pilar de cualquier estrategia bancaria para vender fondos de inversión es la transparencia y la honestidad. Si usted entra en una sucursal bancaria y nadie le dice que un fondo de inversión es un instrumento en el que usted no tiene ninguna capacidad de gestión sobre sus ahorros debe desconfiar. El gestor de fondos es la persona encargada de que su dinero genere rendimientos. Esto, además de evitar los problemas de escala y de grado de profesionalización que ya hemos nombrado aquí, ayuda con algo de importancia capital en la inversión: la gestión de los sentimientos del ahorrador.

Sobra decir que otro de los puntos fuertes más importantes de los fondos de inversión es la diversificación automática de activos en un solo movimiento del ahorrador. Todo este trabajo de investigación y búsqueda de oportunidades solamente lo puede hacer una entidad dedicada exclusivamente a esto, y no un particular. Además, es un producto que entre sus variantes cuenta con garantía de liquidez para la salida, por la cual el ahorrador puede sacar cuando quiera su dinero del fondo a precio de mercado.

Estrategias de venta

Ante un producto así, la principal estrategia de los bancos pasa por hacer llegar al consumidor la información necesaria. Esto, que parece básico, se topa con el miedo a lo desconocido y la falta de educación financiera, que provoca rechazo ante productos financieros que, sencillamente, desconocen.

Además de la diversificación (territorial y financiera), de la gestión profesionalizada y de la amalgama de cualidades que tienen estos productos, cualquier gestor le hablará de su fiscalidad. Tributan como pérdida o ganancia patrimonial, y, por lo tanto, se acumulan en tu base imponible y tributan a un tipo máximo del 23% para rentas superiores a 50.000 euros. Dicho de otra manera, los gestores de fondos usan el gancho fiscal como un incentivo adicional para la adquisición de estos productos.

También, es usual tratar de captar clientes a estos instrumentos mediante las rentabilidades pasadas. La realidad es que los fondos que invierten en valor, o los fondos que pretenden superar a algún índice no muestran ni mejor ni peor comportamiento en el muy largo plazo, y sí en determinadas fases del ciclo y, sobre todo, en función del perfil del inversor.

Por último, uno de los mecanismos de marketing de fondos para la banca, especialmente extranjera, es la comercialización de planes de pensiones a empresas. En nuestro país no está muy extendido por el sistema de jubilación y la tributación del ahorro, pero no debemos obviarlo en medio plazo, vista las dudas sobre la sostenibilidad del sistema actual.

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