martes, agosto 21, 2018

Ya tenemos la cifra definitiva del déficit incurrido en 2015: 5,16% del PIB. Durante el año pasado hemos gastado 55.755 millones de euros más de lo que hemos ingresado, sin tener en cuenta las ayudas al sistema bancario, que ascendieron a 853 millones de euros. Sumando ambas partidas, la cifra real ha ascendido hasta el 5,24%.

Este humilde economista ya advirtió a principios de año de que el Gobierno pretendía hacernos un país de referencia a nivel europeo a base de chequera pública. Aunque, siendo honestos, nunca pensé que un Gobierno que pretendiera hacer bandera de su gestión económica de cara a las elecciones tuviera la osadía de presentar un ajuste de 0,63 puntos porcentuales. Añadiendo 2015, España ha gastado más de lo que ha ingresado durante 32 de los últimos 36 años:

Déficit

El dato de 2015 tiene un atenuante: Hemos incumplido el compromiso adquirido con Europa en 0,96 puntos porcentuales (5,16% vs 4,2% pactado con nuestros socios en la renegociación de los objetivos de déficit de 2013). Esto quiere decir que no hemos cumplido nuestros compromisos ni un sólo año desde 2008. Los principales causantes del desvío son las Comunidades Autónomas y la Seguridad Social. Los datos lo muestran con una claridad tremenda. No obstante, no debemos olvidar que el Estado Central continúa siendo el responsable de 1 de cada 2 Euros que se genera de déficit, mientras que los Gobiernos regionales solamente podrían accionar menos de 1 de cada 3 Euros generados. La Seguridad Social, por su parte, tiene un componente estructural y otro cíclico. Por una parte, 1 de cada 3 españoles depende de alguna manera del Gobierno, cifra que aumenta año tras año debido a la estructura de edad de la población y al incremento de pensionistas; y, por otra, cualquier tesorería que tenga que dar amparo a más del 20% de la población activa en paro se resiente, pero los estabilizadores automáticos deberían ajustarse cuando la economía real mejore. Es decir, que por sí sólo, el déficit que podría mejorar en los próximos años si las previsiones se cumplen, es la Seguridad Social. El resto, en un porcentaje muy elevado, es déficit estructural.

Ante esta situación, la pregunta que surge en la mente de cualquier ciudadano es: Y ahora, ¿qué?

Tenemos la obligación de hacer un ajuste por valor de 20.000M€ en 2016, cifra que aumenta conforme transcurre cada día del presente año. Además, nos interesa (y mucho) evitar un enfrentamiento con Bruselas. Hoy en día España ha perdido una gran parte de su credibilidad a nivel internacional como deudor, y solamente el respaldo europeo nos permite continuar en los mercados financieros internacionales y financiarnos a un coste realmente bajo. Desatender los requerimientos de nuestros socios supondría acercarnos más a Grecia que a Alemania.

Resumiendo: perdemos libertad. Tenemos pocas posibilidades para el cómo. Sea cual sea el color del Gobierno que regente La Moncloa, tendrá que hacer un ajuste mayor al ejecutado por José Luis Rodríguez Zapatero en el año 2010 (15.000M€). Y esto es solamente el principio.

Queda patente, por tanto, que tanto el PP como los tres partidos del cambio obtendrán la misma respuesta cuando acudan a Bruselas a renegociar los objetivos de déficit: una sonora carcajada y una seria advertencia para que, de una vez por todas, cumplamos con lo pactado. Sea cual sea el partido (o coalición) que gobierne tendrá que hacer ajustes muy severos, y los ciudadanos debemos concienciarnos desde ya que un período de bajo crecimiento real sostenido durante muchos años es algo necesario, e incluso positivo para un país que tiene deficiencias estructurales que se agravan año tras año.

La única diferencia entre gobiernos será la forma de acatar la orden europea. Podemos entrar en razón, y trabajar para hacer de España un país sostenible, que garantice el Estado de Bienestar y con credibilidad y presencia internacional; o podemos ser el pueblo griego reencarnado en el ala este del Atlántico, que necesita del sufrimiento del pueblo para hacer los deberes.

Por lo demás, el próximo Ejecutivo tendrá que llevar a cabo medidas muy complicadas y difíciles de entender para la población. Culpar a los gestores regionales de la desviación del déficit da muchos titulares de periódicos y (quizás) algún que otro voto. Pero no soluciona el problema. Además de ser los responsables minoritarios del déficit, gestionan en su conjunto 40.000M€/año. O, lo que es lo mismo, cargar las obligaciones sobre ellos supondría reducir al 50% su presupuesto.

No obstante, sí que creo que pueden hacerse responsables del 50-60% del ajuste. El resto, le corresponde al Gobierno, que cuenta con palancas para reducir gasto sin afectar al Estado de Bienestar. Me refiero, como tantas otras veces, a la interminable lista de subvenciones inútiles, a la estructura de televisiones públicas que cada año se cobra 10 millones de Euros, a los planes PIVE y equivalentes, a una estructura de derechos adquiridos por la clase pudiente, etc. El papel de las privatizaciones es secundario. La única empresa pública capaz de aportar a las arcas públicas una cifra relevante para no tener que reducir gasto es RENFE, que continúa siendo deficitaria y está sobredimensionada.

La segunda parte del plan de ajuste tendría que ser una liberalización de la economía, apertura al libre mercado de muchas profesiones liberales, una revisión de mucha estructura jurídica que solamente añade trabas y beneficia a los que tienen medios para sortearlas, y una bajada generalizada de impuestos (especialmente a empresas) que hagan de nuestro país un lugar atractivo para invertir y crear empleo, tal y como está haciendo Irlanda.

Por último, un buen líder tiene la oportunidad de convertir las crisis en oportunidades. Evolucionar el Estado de Bienestar, y construir modelos sostenibles para sus pilares (sanidad, educación, justicia, seguridad, etc.), tal y como planteábamos en este post, supondrían un salto cualitativo muy importante para nuestro país.

Hace unas semanas comentábamos la ineficacia del déficit como herramienta redistributiva. España se está convirtiendo en un país con déficit crónico. Es cierto que desde Europa los incentivos son a endeudarse, pero al final la vida de los español depende del Gobierno español. Y se hace urgente cambiar el rumbo.

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