miércoles, julio 18, 2018

No. Este año tampoco he sido agraciado con el premio de la Lotería de Navidad. Así que toca seguir dedicando el tiempo a expresar mis opiniones de lo que veo ahí fuera. Y encantado de hacerlo.

Para los que seguís el blog, sabéis que no suelo mojarme en exceso con temas políticos. En esta ocasión, dado el carácter extraordinario de las circunstancias, haré una excepción. Y es que me siento profundamente preocupado por los resultados acaecidos el pasado 20 de Diciembre.

Un Parlamento en el cual ni tan siquiera la unión de dos fuerzas alternadas, según el número de escaños logrados, logra la mayoría absoluta no es un ejemplo de pluralidad. Más bien, de caos y falta de visión de futuro para el país. Sé que Europa está llena de ejemplos parlamentarios en los cuales las fuerzas políticas tienen que ceder para lograr Gobiernos tan sólidos como diversos en sus ideas y que, por tanto, abarcan un espectro más amplio de la población. Sin embargo, ese no es el caso de España hoy en día. Veamos cómo está el panorama:

El PP es el apestado nacional. En buena parte por méritos propios, pero también por el mero hecho de haber ostentado la responsabilidad de gobernar durante los últimos cuatro años, parece que los votantes de cualquier opción política no están dispuestos, bajo ninguna circunstancia, a que sus votos vayan a parar al candidato más votado. PSOE y Podemos (que, recordemos, no lograrían de forma conjunta la mayoría absoluta) ya han establecido, sin tan siquiera sentarse a negociar, una línea roja que los separa de forma irremediable: el referéndum en Cataluña. Por último, Ciudadanos continúa perdiendo adeptos, aún siendo el único con visión de Estado, dispuesto a hacer concesiones con tal de que se forme un Gobierno en España que pueda tomar decisiones de forma legítima, aunque sea a través de pactos esporádicos.

Sinceramente, no veo la pluralidad por ningún lado. Lo que veo es un verdadero circo, en el que todos quieren gobernar sin dar ningún paso al lado. Por favor, algún ejemplo de entendimiento en una situación así. La única alternativa viable que contemplo es la formación de un Gobierno cuyo líder sea consensuado por tres o cuatro de las grandes fuerzas políticas (evidentemente, no será Mariano Rajoy), con una legión de tecnócratas ocupando los sillones de los distintos Ministerios.

Y lo cierto es que un Gobierno sin legitimidad democrática, y a disgusto de un porcentaje muy amplio de la población, es algo que dista de lo que necesita nuestra querida España. La subida de tipos de la FED, junto con un petróleo incapaz de remontar el vuelo, va a llevar en 2016 a la quiebra a varios países, muchos de los cuales afectan negativamente a la economía por dos vías: la directa, que pasa por nuestras exportaciones (especialmente a países latinoamericanos) y la indirecta, que es la escasez de inversión que puede inundar de nuevo una economía internacional que, recordemos, continúa muy debilitada.

Además, la decisión de la FED no está exenta de incertidumbre incluso dentro de la propia economía norteamericana. La recuperación, a pesar de dar señales de vida, no acaba de coger tracción, ni en el mercado de trabajo ni en ninguno de los indicadores estructurales de la economía. Solamente los mercados financieros, abrumados (y engañados) de incentivos para endeudarse barato, muestran unos signos de crecimiento que es posible desaparezcan en los próximos meses. Pinchar potenciales burbujas, y dotar de carácter extraordinario al QE son logros que valorar de la decisión de la FED. Aunque tímida y tardía, se ha tomado.

Cruzando el Atlántico, Europa cada vez se muestra más dependiente de un Banco Central que poco más puede hacer por nuestra economía. Además de excederse en su cometido (recordemos que el único objetivo del BCE son los precios, y no el crecimiento económico), un sistema con más del 23% desu capacidad productiva ociosa no necesita más recursos para crecer, si no productividad para disminuir la capacidad productiva ociosa y aumentar el crecimiento económico potencial. ¿Qué driver ataca el QE? Ninguno. Ya hablaremos de ello más en profundidad (quien quiera ver la ineficacia de la política monetaria puede leer mi post aquí), pero parece evidente que el QE solamente crea una dependencia inversora de Mario Draghi. Y, quien no me crea, que vea la evolución bursátil europea de este mes de diciembre, solamente soportada por la decisión del BCE de aumentar el período temporal del QE, y no la cantidad de dinero puesta en circulación.

Pero los retos no acaban ahí. Además de los importados, España tiene importantes asuntos a resolver desde este mismo 2016. El mercado de trabajo es el más llamativo, aunque podríamos hablar del presupuesto, de la deuda pública, de la anorexia de sectores económicos clave… En fin, un sinfín de temas que a mí, como economista y como ciudadano, me preocupan seriamente.

Nuestra clase política continúa enfrascada en luchas de poder y egos de partido. Y, además, con la condescendencia de los ciudadanos, que fabricamos, uno a uno, una losa terriblemente pesada para los líderes políticos: Miedo. Miedo a perder a su electorado más fiel ante un eventual pacto con un determinado partido. Y el miedo, junto con la ambición desmesurada de poder, son malos compañeros de viaje para alguien que gestiona, directa o indirectamente, uno de cada cuatro euros que se generan en este país y uno de cada cinco empleos. Un pacto entre PP y PSOE, apoyado esporádicamente mediante acuerdos con Ciudadanos es lo que necesita España. Y es, precisamente lo que no va a ocurrir.

Entonces, ¿qué cabe esperar? Estamos en una situación de bloqueo institucional clara. Me recuerda mucho a Italia, en el año 2010, con Silvio Berlusconi incapaz de llegar a acuerdos de Gobierno en un Parlamento fraccionado hasta el esperpento. ¿Cuál fue la solución? Un Gobierno de tecnócratas, liderado por Mario Monti, tras un caos que dejó al país al borde de la quiebra. Usó mano de hierro con guantes de seda, gobernando sin ideologías políticas. Recortes de gasto, sostenibilidad de deuda pública y cumplimiento de las premisas comunitarias. Cayese quien cayese. Lo cierto es que fue capaz de levantar a nuestros socios transalpinos, aunque Italia perdió relevancia en el contexto europeo por su falta de visión y de liderazgo.

Disculpen, queridos lectores, de mi pesimismo en torno a la pluralidad que hemos decidido. Es el peor de los escenarios posibles, tal y como dejé escrito hace ya muchos meses (click aquí para leer). Ningún ente etéreo, en nombre de la diversidad de opiniones, va a tomar las decisiones que necesita España. Y, creedme, que las va a necesitar. Acabemos con este despropósito, y demostremos que esto era sencillamente un simulador y no una borrachera real.

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