lunes, noviembre 12, 2018

Estamos a menos de 2 meses de las elecciones generales. Prácticamente a diario aparece en los medios de comunicación sondeos que anticipan una jornada movidita a las puertas de las señaladas fechas navideñas. Parece evidente que Ciudadanos irrumpe con fuerza en el panorama nacional, y que Podemos sigue siendo una alternativa capaz de hacer sombra al PSOE, IU, y demás partidos de izquierdas. Poco a poco, los partidos levantan sus cartas para hacerse con el poder. Entre ellas, evidentemente, se sitúa en un lugar preferente los programas económicos. ¿Cuáles son las recetas que necesita España?

En las siguientes líneas trataré de ser objetivo y estricto con mi visión del país a 4 años. En ningún momento mi intención será influir en el voto de los lectores que dediquen unos minutos de su tiempo a conocer mi opinión, pues ya sabéis que este es un blog independiente. Sin embargo, ya hemos hablado muchas veces del carácter social de la ciencia económica, razón por la cual, evidentemente, las siguientes líneas sí que tendrán tintes de mi propia concepción económica del país. Avisados quedáis.

Sin más preámbulos, pasemos a dar un vistazo rápido a los elementos clave que debería llevar el programa económico ganador del 20 de diciembre, con independencia del nombre que lo preceda:

Mercado de trabajo. Parece evidente, pero hasta el momento hay elementos muy importantes que no ha tocado ningún partido. Todos están de acuerdo en que un país con una tasa de paro del 21,18%, según la última EPA, es un país insostenible en el largo plazo; y, lo que es peor, donde el bienestar no llega a muchos segmentos de la población. Sinceramente, creo que las herramientas para que el mercado de trabajo dé un salto cualitativo ya están inyectadas en el sistema, aunque hay que hacer que funcionen de forma óptima. Para empezar, el Estado gasta miles de millones de Euros en políticas de empleo (cursos de formación, fondos de reinserción, subsidios, becas, etc,) que, desgraciadamente, no sólo fracasan en su objetivo de mejorar la empleabilidad del desempleado, si no que, además, conllevan situaciones de grave distorsión en el uso de fondos públicos. Reorganizar el SEPE, construir los incentivos adecuados para su correcto funcionamiento (incluyendo las retribuciones de sus trabajadores, algo de lo que hablaremos más adelante), y establecer líneas rojas para asegurar el cumplimiento de las obligaciones del desempleado son un must para reactivar el mercado.

Adicionalmente, el Gobierno que ostente el poder durante la próxima legislatura tiene la obligación de acometer políticas de reactivación de I+D+i (algo de lo que ya hablamos en su día en este blog, podéis leerlo aquí), bajo modelos de colaboración público-privada eficaces, así como establecer el marco regulatorio y jurídico necesario para sectores que supondrán una ventaja competitiva en el medio plazo. Estoy hablando de algo tan evidente como las energías renovables, y de algo menos visible como es el Big Data y lo que conlleva (protección del usuario, identidad digital, etc.)

Todo ello sin perder de vista el objetivo sobre el que debe girar cualquier acción del Ejecutivo: mejorar la productividad de un país lastrado por un modelo económico obsoleto. Un sistema que premie a la empresa eficiente; que deje de extraer recursos de los sectores productivos para dárselos en forma de cheques en blanco a los ineficientes; que cuente con agentes públicos como meros árbitros (y no agentes activos de mercado), asegurándose de que se aplica la libre competencia; y que proteja al empresario pequeño, asegurando facilitar la creación de la empresa (en España son necesarios más de 130 días para abrir una empresa, según el informe Doing Business) y facilitando su evolución en las etapas más tempranas de la actividad, son elementos que, sencillamente, aseguran un mayor dinamismo laboral y flexibilizan el mercado, repercutiendo directamente sobre la población desempleada.

Finanzas públicas. Cualquier líder con un mínimo de sentido de la responsabilidad debe saber que un aumento del gasto público, en cualquiera de sus formas, es una medida contraproducente en el entorno económico actual. No sólo hay estudios que lo demuestran (como este, de fácil comprensión), si no que lo vemos día a día. En 2009, con un aumento del déficit del 10%, el impacto sobre el PIB fue de -0,65%. Quien defienda que seguir gastando es el driver que empujará la rueda, sencillamente, vive en un mundo paralelo. El equilibrio de las finanzas públicas es una obligación, aunque entiendo que no sea tarea fácil. El Gobierno entrante debería acometer un plan de saneamiento de las finanzas públicas, en el cual se adecuen los gastos a un nivel de ingreso creíble en el corto plazo, para acometer en primer lugar recortes en las partidas de gasto no sociales, y, en segundo lugar, bajadas de impuestos. Con este movimiento se lograrían dos objetivos: por una parte, una dinamización del sector privado, que es quien crea empleo, valor y riqueza; y por otra, una despresurización de la Hacienda pública, que, como hemos comentado hasta la saciedad, vive en los últimos años colgando de un hilo.

Gracias a un plan como el descrito, la deuda pública podría volver a dar signos de esperanza, logrando (al fin) una senda de sostenibilidad. Recordemos que para entrar en la Unión Europea (Tratado de Maastricht), se exigía un máximo del 60% del PIB, y que antes de la crisis la deuda en España era inferior al 40%. Actualmente roza el 100%. Si el lector prefiere evaluar este asunto en términos absolutos, la deuda en 2008 era de 439.771M€, y en 2014 ascendió a 1.033.857M€, lo que supone un incremento del 135%. Para quien piense que esta cifra no es abultada, o supone una “evolución natural en un entorno de crisis” cabe recordar la cifra que dan los expertos en crisis mundiales como Carmen M.Reinhart, o Kenneth S. Rogoff: 86%. Hablando en plata: Hemos multiplicado por 1,6 veces la deuda tipificada como propia de una crisis.

Tras estos datos, espero que nadie siga pensando que un aumento del gasto público es necesario para que el país vuelva a funcionar y sostenible en el tiempo. Si algún lector defiende esta idea estaré encantado de debatir las ideas que sean necesarias en los comentarios a este post.

En pocos días hablaré de otros asuntos económicos imprescindibles en el hipotético programa electoral que, bajo mi punto de vista, necesita España. Me refiero a asuntos tan serios como la política europea, la reforma del sector público, el modelo de gasto público, la educación, el crecimiento sostenible, etc.

Hasta pronto!

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