lunes, agosto 20, 2018

Se denomina generación Y, o más comúnmente conocidos como millenials, a las personas nacida en las dos últimas décadas del siglo XX. Es decir, jóvenes que hoy en día tenemos entre 16 y 36 años. Hemos tenido la suerte de nacer y crecer en un Estado de Bienestar, en el que España pretendía converger hacia los Estados Unidos más prósperos de las primeras décadas del siglo XX. Sin embargo, llegó la crisis financiera mundial y todo se acabó.

Los que me conocen saben que el victimismo no entra dentro de mi modus operandi. Creo en el trabajo y en el sentido común como únicas herramientas para progresar en esta vida, tanto profesional como personalmente hablando. Sin embargo, sí que tengo que asumir que el legado que nos ha dejado la generación del baby boom no puede ser más desolador. Tanto internamente, en España, como a nivel internacional. Sería necio esconder la realidad, y esta es que estamos en un momento en el que la mayoría de modelos (productivo, económico, social, etc.) están totalmente agotados, y la sociedad se ha acostumbrado a vivir en una zona de confort en la que papá Estado contaba con herramientas y recursos aparentemente ilimitados, capaces de afrontar las vacas flacas del ciclo económico y de impulsar a todos los agentes cuando los vientos venían de cara.

La realidad es que muchos de nosotros hemos hecho lo que nos han pedido (estudiar, básicamente) y ahora nos encontramos con una legión de universitarios, fruto del café para todos que no encuentran su hueco profesional y, lo que es más importante, pierden la esperanza de hacerlo. Además de una mano de obra depreciada, nos enfrentamos con una diferencia abismal entre las expectativas creadas por la sociedad y una realidad que recrudece día tras día, conforme hay gente que se va apartando cada vez más de un mercado laboral en claro declive.

Además, para los que contamos con un empleo y pretendemos ahorrar e iniciar proyectos, además de encontrarnos con el resultado de un crecimiento muy limitado de la productividad durante los últimos años (esto es, una bajada de salarios), los proyectos de inversión se vuelven, sencillamente, imposibles. A modo de ejemplo, podríamos hablar de una cartera de inversión diversificada tanto geográfica (con inversiones en Asia, América, etc.) como sectorialmente; ¿qué rendimientos ha obtenido en los últimos meses? Recordemos las caídas históricas del Íbex, de las bolsas asiáticas, el pinchazo de las principales materias primas, la ausencia de crecimiento en países en vías de desarrollo… en definitiva, unas pérdidas acumuladas que difícilmente serán capaces de hedgear en los próximos años, salvo que sean expertos en algo y la suerte les sonría en sus inversiones. También podríamos poner como ejemplo al inversor menos averso al riesgo, que se fija en el ladrillo como destino de sus ahorros dado el entorno coyuntural actual; ¿qué tenemos? Un sector en el que el breakeven (momento en el que el beneficio acumulado supera a la inversión acumulada) se encuentra en el entorno de los 10 años, suponiendo que, efectivamente, el precio de compra sea ajustado a mercado.

Lo cierto es que este país ha vivido una generación entera usando a papá Estado como paraguas bajo el cual todos los proyectos de la economía real, de una forma u otra, eran viables y podían llevarse a cabo. Ese modelo se vio seriamente amenazado en los años más duros de la crisis y ahora, sencillamente, está agotado. “El mayor error que pueden cometer los Millenials es aspirar a hacer las cosas como las generaciones anteriores” escuché decir a Albert Bosch hace algunas semanas. Debemos darnos cuenta de que vivimos una etapa histórica, ideal para construir un sistema económico más sostenible desde todos los puntos de vista.

Es cierto. Nuestros padres, tanto a nivel individual como a nivel agregado, abusaron de un sistema financiero que acabó adulterando el modelo de Estado de Bienestar. Pero eso no nos convierte en reos sin futuro, sino en potenciales protagonistas de una generación que podrá ser recordada en los libros de historia como la que dio la vuelta a la tortilla, y convirtió, por sí misma, las limitaciones en oportunidades.

Contamos con un activo muy importante, y prácticamente imposible de replicar por las generaciones precedentes, sea cual sea su grado de experiencia y especialización. Somos nativos digitales. Conocemos mejor que nadie el ecosistema de internet y las capacidades que ofrece. Y eso, que alguno ve como una amenaza (quién no ha escuchado que dentro de 20 ó 30 años todos los empleos serán sustituidos por máquinas?) debemos verlo como una gran oportunidad. Para ello, es clave comprender que el world wide web ha democratizado el conocimiento a nivel mundial. Cualquiera podemos saber de cualquier aspecto sin necesidad de estudios reglados. Solamente tenemos que ponernos delante del ordenador, ser constantes y curiosear por la red hasta especializarnos en cualquier tema que nos interese. En definitiva, debemos comprender que hoy en día cualquiera puede aportar trabajo. Pero no todos están capacitados para aportar valor. La legión de universitarios más que capacitados para incorporarse al mercado laboral aún no se ha percatado de este cambio de paradigma. Y es urgente que lo hagamos porque las barreras al libre movimiento de personas cada vez son menores, y si no lo hacemos nosotros lo hará gente igualmente preparada (o incluso menos) de otros países.

Además, debemos dejar de pensar en derechos adquiridos por el hecho de haber nacido y comenzar a ser conscientes de que nadie, salvo nosotros mismos, podrá asegurar dichos derechos con el transcurso del tiempo. Es hora de encontrar la madurez como país y saber que nada es gratis. Que todos los bienes y servicios que usamos a diario, sean públicos o privados, tienen un precio. Y ese precio se paga. Bien la generación presente, o bien las generaciones futuras. Y, como no queremos dejar a nuestros hijos una situación tan desoladora como la que heredamos, debemos ponernos en pie y hacer lo que mejor sabemos: trabajar por un futuro libre, en el que todos tengamos la capacidad para tomar nuestras propias decisiones y ser responsables de ellas, en un entorno de prosperidad y oportunidades. Thomas Piketty afirma en su célebre obra “El Capital en el siglo XXI”: “La producción por habitante, en un horizonte de 30-35 años (una generación), se incrementa en torno a un 35-50%. (…) Eso significa que hace treinta años no existían entre una cuarta y una tercera parte de los oficios actuales” ¿No es fantástico? No estamos solos! Otras generaciones ya han pasado por etapas como esta.

Levantémonos, y dejemos de intentar emular la vida de nuestros padres para construir la nuestra.

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4 Comentarios

T.B.R. 28 enero, 2016 at 2:04 pm

Yo creo que el problema de base, antes de que el Estado del Bienestar hace aguas, es que el paradigma que nos dieron nuestros padres a nosotros no es el mismo que nuestros abuelos les dieron a nuestros padres.

Nuestros abuelos decían a nuestros padres “Estudia mucho para ser un hombre de provecho el día de mañana”, nuestros padres nos dijeron a nosotros “Estudia mucho para ganar mucho dinero”. Parece un cambio muy liviano pero eso ocasiona que el estudio no sea enfocado a transformarnos en algo de lo que nos sintamos orgullosos por ser útiles, no, lo que buscamos es que, estudiando, nos den mucho salario que gastar, independientemente de si lo que estudias te motiva o no o te sientes orgulloso de ello o no.

Obviamente “las penas con pan son menos penas” y, aunque no te guste tu trabajo, si ganas mucho pues puede llegar a compensar la frustración de que trabajas en lo que no te gusta, pero el problema es que hemos seguido ese plan dado por nuestros padres y al final resulta que hemos estudiado algo con lo que ni ganamos dinero, con lo cual nuestra frustración es máxima.

Por un lado veo mucha gente que hace carrera, masters, postgrados,… No con afán de conocer más sobre el tema que le interesa y convertirse en un especialista, sino de ganar más dinero; todo ello sin preguntarse a fondo si lo que está haciendo le va a servir realmente para dicho fin; por otro lado veo que la gente toma la carrera como “paso lógico siguiente al bachiller si no sabes qué hacer” ¿Alguien se cree que es positivo hacer alguna cosa sin ilusión y por “hacer tiempo? ¿Es la mejor manera de orientar tu vida?.

Creo que nuestra generación primero ha de fijarse unos objetivos vitales más o menos fijos a medio y largo plazo y luego empezar el camino para lograrlos o quedarse lo más cerca posible de ellos; y con objetivos vitales no me refiero sólo a ganar dinero, sino una visión del conjunto de qué quiero en mi vida (mujer, hijos, tiempo libre, relaciones sociales,…). Por ejemplo ¿Quieres ganar mucho dinero? Muy bien, puedes ser directivo, montar un negocio,… ¿Y también quieres tener familia? Perfecto, pero… ¿Estás dispuesto a pasarte el tiempo que requiere el cargo en la empresa desatendiendo a tu familia?, ¿Estás dispuesto a perder uno en detrimento de lo otro?, ¿Hasta qué punto?; ¿Y tiempo libre?.

Una vez fijado lo anterior ya sólo es cuestión de ver cuál es el camino, empezar a andarlo y llegar hasta donde se pueda.

    Dani 1 febrero, 2016 at 3:01 pm

    Está claro que el modelo está agotado y que ahí tenemos parte de culpa todos. También, que se me han escapado elementos más “micro”, o culturales, que son difícilmente cuantificables. En cualquier caso, espero que poco a poco nos demos cuentas de que hay mucho por hacer y el poder está en nosotros. Como bien dices, fijar un camino y andarlo. Así de fácil y complicado a la vez.

    Saludos!

Pedro Barquero 1 febrero, 2016 at 2:09 pm

Pues, como integrante de la generación del baby boom, no estoy muy de acuerdo en culparnos. 43 en EGB, 45 en BUP, algo menos en COU porque era de ciencias puras. 200 en la carrera, los últimos se sentaban en el alféizar de la ventana. Salías de la carrera y trabajo basura (ya estaba inventado antes) y de sueldos, ni nombrarlos. No había trabajo, quizás más que ahora seguro pero fácil no era.

Luego llego el “milagro Español”. Había mucho trabajo y muy bien pagado, había una sensación que iba ser para siempre… Pero fue un espejismo. Hasta el 2007 todo fue fácil, pero no desde siempre.

Permíteme que te haga una reflexión quizás dura pero: “os habeis acomodado a lo fácil ” y creéis que no se cubren vuestras expectativas por culpa de las generaciones anteriores pero no, es que el modelo nunca cambio, simplemente la sociedad os convenció de que no tenía fin el crecimiento (el binomio Aznar + Zapatero). Fue un “espejismo”, 10 años de burbuja social, económica y de expectativas donde tuvisteis la suerte (o mala suerte) de haceros mayores y ahora se acabó probablemente para no volver.

Espero no te ofenda, no lo pretendo.

Un abrazo

    Dani 1 febrero, 2016 at 2:59 pm

    Estimado Pedro,

    En absoluto me ofendes. Todo lo contrario. Estoy muy de acuerdo contigo. Somos la generación que hemos querido vivir como han vivido nuestros padres, sin trabajar lo que han trabajado elos. Pretendemos tener la vida solucionada con 20 y pocos años, solamente por el hecho de haber estudiado una carrera que, en muchos casos, nos la ingeniamos para hacerla en la universidad más sencilla. Todo, evidentemente, a cuenta de otros. Somos la primera generación que nos creemos con más derechos que deberes. Creemos que tenemos derecho a muchas cosas solamente por el hecho de haber nacido donde hemos nacido, y no nos damos cuenta de que ahora el testigo pasa a nosotros y tenemos la responsabilidad de proteger todos esos derechos. Nada de eso lo pongo en duda. Es más, lo suscribo.

    Sin embargo, también es cierto que este país es muy distinto que el que narras en tu comentario. Un baby boomer medio, con estudios superiores, hoy en día tiene 45 años. Es decir, lleva trabajando 22 años (grandes cifras). 10 años de burbuja suponen casi la mitad de su vida laboral. Pero no sólo eso. Precisamente el baby boom se dio porque había una serie de condicionantes socio-económicos que permitían formar una familia con garantía de futuro; de un futuro mejor, para ser más concretos. No quiero entrar en detalle, pero sí que es cierto que, al menos lo que sé por mi círculo más cercano (familia y amigos familiares, básicamente), esta generación (antes incluso del 2000) se nutría de acceso fácil al crédito; caro (tasas de interés del 13%), pero acceso al fin y al cabo. También tenía las puertas abiertas de par en par a un sistema público que se estaba creando y, por tanto,cercía a tasas sin precedentes. En resumidas cuentas, había puertas abiertas que hoy en día no lo están.

    En cualquier caso, el objetivo del post era motivar a una generación a la que solamente nos llegan mensajes negativos y catastrofistas. Quizás no me haya expresado bien, comenzando por el título. Es cierto que las palancas son mucho más limitadas que las que tenían nuestros padres, pero eso no quiere decir que no podamos hacer cosas. Para ello, evidentemente, tenemos que comenzar por cambiar el chip.

    Un abrazo grande y gracias, como siempre, por estar ahí.

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