miércoles, diciembre 19, 2018

Cada vez que aparece el término neutralidad de red en algún medio de comunicación, los reguladores se echan a temblar. No hay nada más falaz y, sin embargo, tan fácil de vender como la neutralidad de red.

Desde el punto de vista teórico, la neutralidad consiste en tratar a todos los datos que circulan por internet de forma indiscriminada. El objetivo es que cualquier agente que opere sobre internet –usuarios, empresas, webs de información, etc. -tenga las mismas oportunidades desde el punto de vista de red. Nada más lejos de la realidad.

En Estados Unidos este debate ha estado presente desde hace varios años. Con la llegada de los agentes OTT – Over-The-Top, empresas que operan sobre internet -el tráfico cursado a través de las redes de los operadores se ha multiplicado. Y, con él, las necesidades de inversión en redes para mantener la calidad del servicio.

Todos los esfuerzos han sido en vano, hasta que apareció esta campaña de Burger King. En ella, la cadena de alimentación norteamericana cambia su política de pricing y establece tres precios distintos para el Whopper. Entre ellos, la única diferencia es la velocidad a la que se sirve dicha hamburguesa. El vídeo es digno de ser visto. Tras el comprensible enfado de los clientes que pagan el precio más bajo, viene el momento de la reflexión. Es normal pagar algo más por un bien o servicio que ofrece un valor añadido. En este caso, prioridad a la hora de ser servido.

Nadie tiene más incentivos que las propias compañías de telecomunicaciones en dar a sus clientes finales la máxima calidad de servicio. La razón es sencilla: en el momento en el que eso deja de ocurrir, usted y yo llamamos a otra compañía y nos cambiamos. Lo que viene siendo un mercado competitivo, en el que existen incentivos a mejorar la utilidad del usuario final.

Para colmo, por ser un sector estratégico y masificado, existen toda una batería de normativas legales que obligan a las operadoras de telecomunicaciones a dimensionar la red para asegurar caudal a toda su base de clientes y evitar caídas por saturación.

En el momento en el que en un país como Estados Unidos dos compañías -sí, han oído bien, dos –que ofrecen servicios intensivos en el uso de la red, como son YouTube y Netflix, son capaces de concentrar el 80% del tráfico que circula sobre sus redes de comunicaciones, las compañías de telecomunicaciones norteamericanas tienen que asegurar que sus clientes siguen recibiendo una calidad de servicio óptima.

Y, créanme, eso vale miles de millones de euros o dólares. Y, sin embargo, a los clientes no se les cobra en función de la capacidad usada ni nada por el estilo. ¿Quién se favorece? Correcto. Las empresas que llenan las redes sin pagar de forma proporcional.

O, lo que es lo mismo. Es precisamente la neutralidad de red la que provoca que los ciudadanos tengamos que pagar más para asegurar una navegación en igualdad de condiciones.

Ante una potencial derogación de la neutralidad de red, aparecen los jinetes del apocalipsis. “¡Nos van a subir internet!” “¡Internet libre!”. Y toda una serie de falacias que la competencia se encarga de acallar. Las empresas de telecomunicaciones acumulan la mayor parte de sus clientes y de su facturación en el segmento hogares. Me cuesta creer que Comcast en Estados Unidos ponga en riesgo al 92% de sus clientes de internet. En España pasa exactamente lo mismo. Los incentivos para que exista un challenger en el mercado que ofrezca excelentes conexiones de internet a precios bajos son elevados. La posible subida de precios, por tanto, y en caso de producirse, será temporal.

Debemos entender que desarrollar las capacidades para ofrecer un caudal de red dedicado a determinadas compañías o servicios que operan sobre la red no implica necesariamente un detrimento en la calidad de servicio ofrecida al resto de usuarios. Es más, contar con libertad para operar dentro de la red permite a las telco ampliar su abanico de capacidades para innovar.

Lejos de penalizar el servicio ofrecido a los hogares o incrementar su precio, la derogación de la neutralidad de red abre todo un abanico de incentivos a lograr una mayor eficiencia de red y a la aparición de nuevos agentes que cubran las necesidades de las compañías de internet más humildes.

Tampoco es cierto que penalice la aparición de startups tecnológicas. Apuesto a que en los próximos años veremos en Estados Unidos empresas integradoras cuyo negocio pase por encontrar a todas esas pequeñas compañías que requieren de una calidad de servicio capaz de competir con los gigantes de internet. Su propuesta de valor pasará por aglutinar el tráfico que requieran para ofrecérselo de forma individualizada y bajo una estructura de costes optimizada, según sus necesidades.

El fin de la neutralidad de red no es ningún favor a las empresas de telecomunicaciones. Ellas van a cubrir el servicio igual. Más bien, es un reajuste que juega a favor del cliente final. Y, además,genera incentivos a una red para el país mucho más avanzada. Esto afecta positivamente al plan tecnológico, a los modelos de generación de negocio y a la organización del hipersector.

Como el fast Whopper, pero introduciendo competencia. No dejen de ver el vídeo y la reacción de la gente.

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3 Comentarios

Miguel Alvim 15 octubre, 2018 at 2:01 pm

Si un usuario contrata el servicio de Internet con una determinada velocidad, el proveedor debe cumplir el acuerdo y dársela, indepedientemente de dónde coge los contenidos. Es así de sencillo.

Tratar de cobrar además a los proveedores que proporcionan esos servicios es absurdo. Y priorizar la velocidad en función de quiénes pagan es todavía más absurdo. Creo que es evidente que pasaría en tal situación: por ejemplo, los proveedores de Internet tratarían de impedir el acceso a contenidos de su competencia, perjudicando claramente al usuario justamente por privarle de poder elegir libremente que contratar y con quién.

Entiendo que hayas escrito el artículo defendiendo la posición de las empresas, dado que te dedicas a asesorarlas pero tratar de negar la neutralidad de la red como justificación para defender al usuario es llamarnos a los lectores directamente de tontos

    Dani 15 octubre, 2018 at 11:48 pm

    Hola Miguel,

    Gracias por entrar en mi web y comentar.

    Está fenomenal eso que comentas. Que tú, que ves Netflix, tengas acceso a sus contentidos en función de tu velocidad contratada con el operador. Lo que no es tan socialmente justo, creo, es que yo, que no veo Netflix, tenga que pagar para que tú tengas asegurada tu velocidad. ¿No crees? La forma de romper con esta asimetría es haciendo que sea Netflix -por seguir con tu ejemplo -el que pague las ampliaciones de red necesarias. En realidad, indirectamente estarás pagándolas tú en tu cuota mensual. Pero no yo, que no lo uso.

    Es lo que he intentado explicar en el post.

    Saludos y gracias de nuevo por comentar.

Miguel Alvim 16 octubre, 2018 at 8:30 am

Hola Dani. Gracias por tu respuesta.

Sí contratas una determinada velocidad de internet (y la pagas), supongo que es porque la necesitas.

Por ejemplo, si no uso Netflix ni YouTube pero hago videoconferencias o veo vídeos alojados en una página más humilde pero que suele publicar muchos vídeos, estaré utilizando el mismo ancho de banda que si consumiera Netflix. Por lo tanto, estaría demandando los mismos recursos al proveedor de internet por lo que mi necesidad de recursos de Internet sería igual que una otra persona que consume Netflix. Por lo tanto, el proveedor de internet deberá garantizar que su infraestructura sea capaz de servir lo que el usuario contrata (y paga).

Por otro lado, si no tengo necesidad de tanto ancho de banda, porque no consumo vídeos, simplemente contrato un plan más barato.

Como puedes observar, las empresas proveedoras de Internet ya cobran distintos precios para garantizar una determinada velocidad y ancho de banda. Se supone que, si cobran más en determinados planes, es para garantizar a sus clientes la velocidad contratada (supuestamente ese dinero será para mantener o mejorar sus infraestructuras). Pretender además que algunas empresas (las proveedoras de contenidos que han sabido crear un negocio exitoso) financien el negocio de las empresas proveedoras de Internet no tiene sentido. Lo que tendría sentido es que las empresas proveedoras de Internet que también son proveedoras de contenidos (casi todas las grandes lo son) supiesen crear un modelo exitoso de un Netflix y no quisiesen elegir el camino más fácil de ser financiadas por su competencia (Netflix, Google, etc.).

En el caso de que supuestamente se aplicara esa tasa a las grandes empresas proveedoras de contenidos, supongo que también tendrían que estar las Telefónicas y Vodafones de turno (ya que también ofrecen sus servicios de televisión por Internet que demandan mucho ancho de banda). Sin embargo, los que defienden este modelo jamás lo mencionan. Si lo hiciesen, dejaría de tener sentido el argumento de que los usuarios pagarían menos con este modelo.

Por otro lado, cuando se habla de violación de la neutralidad de la red, se habla de la capacidad de las empresas proveedoras de Internet de ralantizar cierto tráfico (discriminar). ¿Eso qué significa? Por ejemplo, que un proveedor haga inviable la transmisión a sus clientes de Netflix porque es competencia suya y, por lo tanto, no le conviene al afectar a su negocio de contenidos (es decir, yo tengo contratado y estoy pagando por un ancho de banda bueno pero no podré ver Netflix porque mi proveedor no me deja). O que en tu página, porque no has pagado la tal tasa, no se me permita ver adecuadamente el vídeo que tienes en esta misma página de un debate que has organizado. Por lo tanto, si tienes alguna esperanza de que tu página se convierta en un medio de muchísima difusión, si rompes la neutralidad de la red, tus esperanzas pasarán a ser cero.

Todo esto sería posible en Estados Unidos si hubiesen aprobado la ley que rompía la neutralidad de la red.

Saludos.

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