miércoles, diciembre 19, 2018

 

El precio del barril de petróleo acumula una caída del 34% desde máximos del presente año. Tras unos meses de escarceos al alza, el precio del crudo lo único que ha hecho ha sido volver a la franja de precios de la que no debería de haber salido atendiendo a sus fundamentales. Esta relativa volatilidad mostrada por una de las materias primas más relevantes para la economía mundial solamente demuestra la debilidad de la OPEP y la sobrerreacción ante determinados eventos de mercado.

 

Sin embargo, lo cierto es que ni la economía mundial ha llegado a estar amenazada por un petróleo a 100 dólares el barril Brent, ni ahora está descontando un escenario catastrofista de evolución económica a la baja.

Tratar de analizar el mercado del petróleo usando los mismos indicadores que hace, pongamos 10 años, es un tremendo error que nos lleva a análisis equivocados. Para empezar, la economía mundial es menos sensible a las variaciones en el precio del barril. La energía total consumida a nivel mundial por unidad de PIB producido ha disminuido un 54% desde 1990.

 

La dependencia energética a nivel mundial se ha reducido un 54% desde 1990

 

 

Pero hay otros elementos mucho más relevantes que debemos tener en cuenta a la hora de evaluar el precio del petróleo y extraer conclusiones de valor. La OPEP ha pasado de ser prácticamente el único productor de petróleo del mundo, a mantener una cuota del 41%. Mientras, Estados Unidos ha aprovechado los avances tecnológicos -fracking -y las distorsiones artificiales creadas por la OPEP en el mercado de petróleo para llevar a cabo un ambicioso programa con el que pretende alcanzar la autosuficiencia energética. Estamos hablando de un país capaz de producir 11,7 millones de barriles al día, 1,1 millones más que el año pasado. O, lo que es lo mismo, del principal productor de petróleo del mundo, superando a potencias como Arabia Saudí o Rusia, con una cuota del 15% a nivel mundial. El déficit petrolífero que mantiene con el resto del mundo se ha reducido un 75% en la última década, hasta los 6.000 millones de dólares.

El incremento observado entre mayo y octubre ya mostraba un carácter marcadamente artificial, explicado principalmente por:

  • En mayo, la OPEP decidió, de forma unilateral, reducir 1,2 millones de barriles al día la oferta mundial de petróleo.
  • Conflictos geopolíticos, con especial énfasis en la ruptura del acuerdo entre Irán y Estados Unidos, que iba acompañado de sanciones a los países que no siguieran sus pasos.
  • Sanciones a empresas e individuos rusos.
  • Sobreestimaciones de crecimiento de la demanda de crudo, por parte de la OPEP, hasta los 1,6 millones de barriles al día.

En definitiva, nos hemos estado moviendo en un escenario hinchado, en el que se han obviado hechos tan claros como que existían incentivos a compensar una menor oferta iraní y rusa, especialmente por parte de Estados Unidos, aunque también por la propia OPEP.

La subida de precios nunca ha sido creíble, ni mucho menos soportada por fundamentales. La curva de largo plazo del petróleo ha reflejado durante todo el año una expectativa de precios a la baja que mantiene en el momento actual.

La OPEP ha gestionado discrecionalmente las decisiones geopolíticas de las principales economías del mundo durante décadas. Sin embargo, esta hegemonía se acabó. Algunos pozos de Estados Unidos son capaces de producir con beneficios operativos con el oro negro a 30 dólares por barril.

 

La hegemonía y la manipulación de la OCDE se han acabado. Algunos pozos de Estados Unidos son capaces de producir con beneficios operativos con el oro negro a 30 dólares por barril

 

 

Con esta capacidad de producción, la OPEP tiene que buscar el equilibrio entre compensar la caída de producción de Irán y Venezuela y no inundar el mercado de petróleo, provocando una caída brusca del precio. Estados Unidos mantiene 447 millones de barriles en inventarios, un 6% por encima de la media de los últimos 5 años, y evoluciona al alza.

Si a una economía cada vez menos dependiente del crudo le añadimos la menor capacidad de la OPEP para gestionar su precio, obtenemos un mercado movido por fuerzas de oferta y demanda naturales, en las que hay pocas injerencias potenciales.

Y la demanda potencial es a la baja. El crecimiento de la economía mundial reducirá la barrera del 3% en los próximos años, según prácticamente todos los analistas, con riesgos evidentes a la baja. Asia, el principal responsable del incremento de demanda de petróleo, es una de las regiones con mayor ajuste esperado.

Lo racional es descontar, por lo tanto, un escenario de precios del petróleo ligeramente a la baja, moviéndose en franjas similares a las de este año.

En términos macroeconómicos, esto supone un impulso a economías dependientes del crudo como la nuestra. Sin embargo, no debemos echar las campanas al vuelo y pensar que volvemos a un entorno de vientos de cola favorables. Incluso a pesar de que el BCE decidiera mantener el QE por la debilidad económica, sus efectos ya están más que descontados en el viejo continente. Un petróleo barato no supondrá un revulsivo al alza. De la misma manera que los expertos pusieron la barrera de los 100 dólares por barril como la que afectaba negativamente a la economía mundial, ahora el petróleo tendría que experimentar una bajada más pronunciada de la que se va a producir para que surta efectos positivos.

 

Un petróleo a la baja no supondrá un revulsivo macroeconómico, ni tan siquiera en economías con elevada dependencia como la española

 

El último dato de IPC en España, cuyo crecimiento registrado fue del 2,3%, aún están reflejando el repunte del petróleo durante algunos meses del año. Es cierto que llevamos desde mayo en niveles de IPC superiores al 2%; pero también es cierto que el IPC subyacente -descontando los efectos de los alimentos y de los combustibles -no ha superado el 1%. Esto significa que los efectos de un petróleo al alza nos han empobrecido sin que exista la contrapartida de un mayor dinamismo económico. Frente a países como Estados Unidos, Inglaterra o Alemania, nuestro caso es el de un repunte de los precios que perjudica a familias y empresas.

 

Debemos tenerlo en cuenta a la hora de echar las campanas al vuelo. Las mayores fuerzas desinflacionistas siguen vigentes, y nuestros riesgos a nivel país son mayores que nuestras oportunidades. Todo lo que no sea prepararnos para el invierno será un camino equivocado.

 

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