viernes, septiembre 21, 2018

Tras la vuelta de vacaciones, creo que es importante hacer un meeting point y conocer cómo están las cosas ahí fuera. Vamos ya entrando en harina y, antes de publicar análisis relevantes y con cierta profundidad (que los habrá, tranquilos), está bien saber qué debemos esperar en la economía mundial y en los mercados financieros internacionales.

No suelo atreverme a dar pseudo-recomendaciones de inversión, ni tan siquiera a amigos y familiares cercanos, pero creo que este post podría ayudar a establecer una hoja de ruta en un escenario tan complicado para los ahorradores. Comencemos.

Por todos son conocidos los tres shocks macroeconómicos a los que se enfrenta la economía mundial:

China. El gigante asiático viene presentando una clara debilidad económica durante el presente año. Para tratar de controlar el impacto, las autoridades han llevado a claras medidas monetarias expansivas y fiscales cuyo impacto no ha sido el esperado. Lo cierto es que una economía que lleva demostrando una sobrecapacidad del 20% es complicado que reaccione a medidas de estímulo de demanda basadas en inyectar fondos públicos en la economía y abaratar el dinero (nos suena de algo?). Como todos sabéis, este proceso ha culminado con 3 devaluaciones consecutivas del Yuan, en un intento de competir en los mercados internacionales en precio y estimular la economía vía exportaciones, a la vez que desligan la moneda del dólar y la integran en los mercados financieros.

Subida de tipos en EE.UU. No es nada nuevo. El organismo monetario estadounidense lleva ya meses anticipando una subida de tipos que evite la generación de burbujas descontroladas, y que permita que el dólar vuelva a recuperar se fortalezca internacionalmente. Los malos resultados del sector primario del primer trimestre, junto con un segundo trimestre también decepcionante han provocado un retraso en la decisión. Sin embargo, la subida de tipos se producirá este año, salvo debacle económica, y tendrá un impacto importante a lo largo y ancho del mundo.

Grecia. Aún tiene que superar el tremendo bache que ha supuesto la situación de los últimos meses y reencontrar la senda de crecimiento económico basado en productividad, que le permita sanear sus finanzas públicas y disipar dudas. Esto, sin contar con la aprobación por parte de los Parlamentos europeos del nuevo rescate a los socios helenos que, en el caso de España, nos va a costar más de 10.000M€ a los contribuyentes, así como la resolución del conflicto abierto que hay con el FMI.

Petróleo barato. No es nada nuevo, los principales países exportadores (especialmente emergentes) tendrán que ajustar su estructura productiva a este nuevo orden mundial. Sin embargo, en un escenario de corto/medio plazo, es posible que produzca algún que otro problema en economías excesivamente dependientes del crudo.

Por lo tanto, en un entorno dominado por la guerra de divisas (quien quiera conocer más profundamente sus fundamentos económicos y consecuencias puede leer este post de Juan Ramón Rallo) y un crecimiento económico menor de lo esperado, es previsible una situación de bonos soberanos caros(con baja rentabilidad), especialmente en el continente europeo, que durante la crisis se ha mostrado un excelente valor refugio. Ahora, con el QE a toda máquina (Mario Draghi, a raíz del problema griego, imprime incluso una cantidad superior a los 60.000M€ acordados), los bonos continuarán bajo presión de situarse en rentabilidades negativas. Esta situación se irá normalizando progresivamente, desde el momento en el que la FED decida subir tipos, dado que una cantidad importante de capitales cruzarán el Atlántico para lograr rentabilidad mayor a un riesgo similar.

Por su parte, los emergentes verán un aumento del riesgo reflejado en su capacidad de financiarse, especialmente los exportadores de petróleo. Además, el trasvase de capitales hacia USA provocará una menor demanda, por lo que podríamos ver algún episodio aislado de problemas de financiación (países como Venezuela, Argentina, o incluso Noruega), con un impacto limitado en el continente europeo dado que solamente afectará a una serie de empresas expuestas a dichos países.

En paralelo, la mayor demanda de dólares, junto con el QE a toda máquina, provocarán un fortalecimiento del dólar, por lo que el Euro podría llegar, de aquí a final de año (siempre que los capitales que exportamos a China por el QE lo permitan, claro), a la paridad con la moneda de referencia. Esto, sin duda, sería una buena noticia si no fuera porque el comercio internacional presenta un encefalograma plano, y solamente Europa parece tener perspectivas de crecimiento capaces de absorber exportaciones. Y, como Europa no puede exportar nada a sí misma, va a ser complicado apoyar el crecimiento en la balanza de pagos de forma sólida.

No obstante, un crédito tan barato y una mejora en las condiciones macroeconómicas permitirán a las empresas europeas (especialmente a las periféricas) mejorar sus fundamentales (aunque de forma artificial, como ya hemos explicado en este blog una y otra vez). Esto, junto con la necesidad de mayor toma de riesgo para lograr rentabilidad en unos mercados financieros pírricos, dotarán de gran impulso a las principales bolsas europeas, con especial foco en las periféricas. Empresas diversificadas, con balance sólido y una estructura financiera saneada se verán impulsadas por la fiebre del dinero fácil. Además, desde el momento en el que la morfina llegue a la economía real, los agentes financieros con menor poder de negociación de deuda (familias y PyMEs, básicamente), deberían ser capaces de endeudarse a unos niveles aceptables, por lo que volverá la inversión en inmovilizado. Algo que, en el caso de España, se traducirá en ladrillo,con ligeras subidas de precio e impulso sectorial.

En cuanto al oro, un claro exceso de oferta hará que la creciente demanda por ser el activo refugio por excelencia no aumente excesivamente de precio, siendo un activo más sin rentabilidad atractiva.

En resumen, en lo que queda de año espero una economía creciendo ligeramente por debajo de lo planteado por el consenso, con un ecosistema de inversiones de muy baja rentabilidad, un Euro en paridad con el dólar, y los activos financieros por excelencia (bolsa y ladrillo) subiendo en busca de una nueva burbuja que pinchar en un horizonte de 2 años. Todo esto, evidentemente, con el consentimiento de China. Si los mercados si la evolución estival se convierte en tendencia, este análisis cambia a uno mucho más sencillo: Recogida de ganancias y aumento de las posiciones en cash.

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