lunes, noviembre 12, 2018

La escalada de despropósitos en Cataluña continúa. Las perspectivas no son nada halagüeñas y el callejón sin salida va llegando a su fin. Todo ello en un entorno claro: Cataluña no puede ser una nación independiente hasta que se dé un acuerdo entre ambas partes implicadas o se recurra al terrible recurso de la guerra.

Según la RAE, el norte es un “punto cardinal situado al frente de un observador a cuya derecha está el este”. La relatividad de la definición es la explicación más convincente que he encontrado a la pérdida de orientación en la que está inmersa la sociedad española, en su conjunto, a día de hoy. Y mira que es una explicación endeble. La adulteración de la palabra democracia, el secuestro de la Constitución y el abuso de poder por parte de nuestros responsables políticos son asuntos lo suficientemente relevantes como para replantearnos el sistema en su conjunto.

Estimados compatriotas catalanes. Su elevada capacidad y potencial económico; su orden social; su estado de derecho; su infraestructura institucional; y tantos otros activos tangibles e intangibles de los que tanto se vanaglorian están ineludiblemente unidos al Estado español y a la Constitución de 1978. Con sus virtudes y sus defectos, les ha dado el período de mayor prosperidad de toda nuestra historia, y nos protege frente a intentos golpistas, como el que ustedes están protagonizando. Respeto su derecho a decidir. Es más, lo apoyo. Siempre y cuando se produzca en un entorno jurídico legal, consensuado y ordenado. El país en el que vivimos demanda una evolución que nos haga libres y nos permita prosperar. Sin embargo, lo que ustedes plantean es una revolución. Una revolución que no es positiva para nadie. Un referéndum inconstitucional, sin garantías democráticas, y sobre el que tomarán decisiones de gran calado basándose en mayorías simples sin respaldo ciudadano masivo es, sencillamente, un error de magnitudes impredecibles.

Estimados gestores políticos. Dejen de gobernar para minorías. Dejen de hacer concesiones a grupos de presión que no representan los intereses de los españoles a corto ni a largo plazo. Dejen de secuestrar la democracia y el orden civil en pos de la gloria de su partido, cuyo único objetivo pasa por lograr los suficientes votos que permitan ganar las próximas elecciones. Sean valientes y traten a los ciudadanos como personas adultas, libres y responsables. Es la única manera de mantener al país unido y dotarlo de herramientas de prosperidad y cohesión social. El momento de las concesiones y los parches que hemos vivido en los últimos años se ha acabado. Ahora tienen que estar a la altura y retomar el espíritu de diálogo del 78. Sólo así se resolverá el problema catalán, pues también tenemos otros hándicaps sobre la mesa y cualquier día estallarán. Mantener en funcionamiento un país bajo una norma suprema aprobada cuando el 44% de la población actual ni tan siquiera habíamos nacido es mantener el estatus quo a expensas de los ciudadanos. Permitir que Cataluña vote y hacer concesiones adicionales derivadas de una negociación post-retirada de referéndum son insultos a la Constitución de igual calibre. Apoyar de forma unilateral un referéndum ilegal, que afecta a un 16% de la población es dar la espalda al 84% restante. Para celebrar un referéndum en Cataluña, primero tendrán que obtener los apoyos parlamentarios suficientes para reformar la Constitución. Lo que la Carta Magna une, que no lo separen los políticos.

Estimados ciudadanos. Nosotros tenemos el poder. No somos conscientes porque hemos permitido que cercenen nuestras libertades en pos de principios y promesas incumplidas. Pero seguimos teniendo el poder. Votemos. Y no me refiero a cambiar la democracia representativa, sino a exprimirla a favor de nuestro bien presente y futuro. Actualmente convivimos en un contexto en el que los pseudoderechos (un invento jurídico, recordémoslo) están secuestrando nuestras libertades. Pero, afortunadamente, tenemos la capacidad de revertir la situación. Se hace urgente reducir el poder que los gobernantes tienen sobre nuestras vidas y asumir las riendas de las mismas. Se hace urgente exigir una revisión del sistema económico, social y judicial en el que nos movemos. Y, para ello, solamente hay una vía: las urnas. Desafortunadamente, a día de hoy no hay ninguna propuesta solvente que apueste por devolvernos la libertad y hacernos responsables de nuestros actos. Pero eso no significa que tengamos que apoyar a los menos malos. Un sistema que se ha demostrado fallido en cualquier geografía y momento de la historia ha sido aquél que ha cambiado las libertades por los deseos de una minoría selecta que dice conocer lo que el pueblo necesita y actúa en consecuencia.

El mejor sistema para evitar atrocidades y asegurar la prosperidad es aquél en el que muchos agentes, en un contexto de toma de decisiones libre, deciden que la mejor decisión individual es tomar una dirección determinada. De esta forma se crean masas lo suficientemente representativas que son capaces de mover sistemas económicos y sociales en función de lo que realmente necesitan; y obligan a las manzanas podridas del sistema a reinventarse para sobrevivir.

Nuestro país tiene una gloriosa historia de la que debemos estar orgullosos. Sin embargo, no se ha construido manteniendo sistemas obsoletos ni bajo el mando de minorías. Se ha construido quedándonos con lo mejor que hemos sido capaces de hacer y evolucionando nuestros errores. Pero, sobre todo, la hemos construido basándonos en decisiones individuales, tomadas de forma libre y responsable, en un contexto en el que cada uno desempeña el papel que más le interesa dentro de la sociedad. ¿Vamos a seguir engañándonos?

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1 comentario

paco. 23 septiembre, 2017 at 5:35 pm

A los catalanes los tienen intoxicados sus “cabecillas “.
utilizando todos los medios de comunicación y la educación. En su mentalidad avariciosa prende bien el ESPAÑA NOS ROBA Y TAMBIÉN LES JODE MUCHO QUE LOS DEMÁS ESPAÑOLES VIVAMOS BIEN. h

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