viernes, septiembre 21, 2018

Desafortunadamente, uno de los principales riesgos económicos que identifiqué hace unas semanas ya se ha producido (click aquí para leer). Sin embargo, hay un país que aparece continuamente en los medios de comunicación, y sin embargo no apareció en mi post. ¿Por qué?

La sensación de que estamos entrando poco a poco en la boca del lobo se instaura en la mentalidad de todos los agentes sociales, conforme las noticias comienzan a dar fe de los indicios que hablan de un exceso de riesgo en la economía europea. Tras el efecto pánico del Brexit, todas las miradas se han puesto sobre el sistema financiero italiano como principal foco de inestabilidad en el medio plazo. El problema no es menor, aunque a diferencia de lo que ocurrió en España, sí que está acotado: posibles créditos morosos, o recursos cuya devolución no está ni mucho menos asegurada.

Las cifras son preocupantes: 360.000 millones de Euros en créditos insolventes (200.000 inexigibles) o, lo que es lo mismo, casi el 17% de los créditos concedidos en el país transalpino. Para que el lector se haga una idea, el máximo en España estuvo en torno al 13,6% en 2013, lo cual da una idea de la magnitud del terremoto que puede estar fraguándose en el Viejo Continente.

Es evidente que se producirá un efecto dominó en el sistema financiero en su conjunto. Incluso, ya hay cifras para salvar a los bancos europeos: 150.000 millones de Euros, según el economista jefe de Deutsche Bank. Un 10% del PIB de la zona Euro. Sin embargo, personalmente no creo que Italia sea la causa de la siguiente crisis. Más bien, creo que es una víctima de los errores europeos.

En este blog me he hartado a hablar del grave error que han supuesto las políticas monetarias expansivas, tanto convencionales como extraordinarias, con especial énfasis en el fracaso del QE. Ahora comenzamos a ver las consecuencias. La economía europea comienza a sucumbir a los incentivos perversos y ya no queda munición para seguir poniendo parches. Es cierto que la banca italiana tuvo que haberse reestructurado en 2013, cuando los países periféricos tuvimos serios hándicaps que resolver. Pero no es menos cierto que Italia ha sido el país europeo que más ha incrementado sus activos financieros desde 2007 (+16%), empujada por tipos de interés extremadamente bajos e incentivos para que el dinero proveniente del BCE fluyera hacia la economía real, mientras su economía ha crecido un 18% menos que la española. También ha dado respuesta a las nuevas exigencias regulatorias, sin que (al parecer) haya servido de gran ayuda para dotar al sector de salud en el medio y largo plazo.

En el ejercicio de soplar y sorber a la vez (da más crédito mientras aumentas tus ratios de capital y solvencia, en un entorno de rentabilidades extremadamente bajas), el BCE ha dejado de lado la medida de riesgo más elemental: el ratio de morosidad. Además, con un sistema financiero asegurado con el dinero de todos los contribuyentes europeos (y no el de sus bonistas e inversores), no hay ninguna razón para evitar los riesgos que exceden la racionalidad en términos de salud del sistema financiero. Es por eso que ahora tenemos un nuevo match-ball en Italia que, sin ninguna duda, se convertirá (de nuevo) en un match-ball europeo.

Estamos, por tanto, ante la primera de las consecuencias de la ruptura del binomio rentabilidad-riesgo, que sí nombré en el post sobre la segunda mitad del año. El efecto dominó de una recaída del sistema financiero solamente se va a cortar por dos vías: o bien el famoso helicóptero monetario, junto con una política fiscal expansiva sin precedentes en la historia; o bien asumiendo la soberanía de los mercados y concienciando a la población de que vienen unos años de crecimiento laxo y de fomento del ahorro en vez de las políticas de demanda, mientras se estabiliza la economía mundial. El primer escenario lleva, sin ninguna duda, hacia una situación de desaparición de deuda y pasivos financieros vía inflación, lo que tradicionalmente se ha denominado estanflación (inflación elevada en un entorno de estancamiento económico); la segunda, hacia una Europa de 2 velocidades que clama por la libertad y la meritocracia para continuar sobreviviendo. Desafortunadamente, la situación actual nos obliga a elegir la opción menos mala, pero cuanto más tiempo pase, peores serán las alternativas.

Sin embargo, la tensión sobre el sistema financiero no es la única consecuencia de la ruptura del binomio financiero fundamental. Otro aspecto que me preocupa de la cada vez más abundante deuda con tipos de interés negativos es que añade mayor incertidumbre a elementos clave del Estado de Bienestar. La hucha de las pensiones, que tanto está en boca últimamente, se invierte mayormente en bonos de deuda soberana española. Los tipos de interés nominales en negativo significan, ni más ni menos, que la Seguridad Social debe de pagar al Tesoro por los fondos que le ha prestado. Esto significa que la hucha de las pensiones se vaciará sin que dichos fondos se destinen a los pensionistas.

Otro aspecto clave es la burbuja que ya está formada en el mercado de bonos y deuda corporativa garantizada. Estamos convirtiendo los activos financieros más seguros en activos cada vez con mayor riesgo a base de una demanda desmesurada que lleva a tipos de interés negativo. Si no pinchamos la burbuja de forma ordenada, cualquier día podremos vernos con que muchas empresas estarán al borde de la quiebra, y con países (como el nuestro) sin acceso a los mercados financieros internacionales o, lo que es lo mismo, obligados a exigir mayores recursos internos (impuestos) para mantener el Estado de Bienestar.

Los riesgos que nombramos hace una semana comienzan a dar señales de vida. Dejan de ser meros datos económico-financieros para ser realidades. Las consecuencias del Brexit hacen recordar a este Economista de Cabecera a la situación de 2007/2008, con la caída de Lehmann Brothers de por medio. España en aquellos años tenía superávit presupuestario, una deuda del 40% del PIB, una prima de riesgo de menos de 90 pb, y una tasa de paro del 9%. Hoy en día tenemos un déficit del 5,16%, una deuda de más del 100% del PIB, una prima de riesgo de 134 pb y una tasa de paro del 20%.

Los datos hablan por sí mismos.

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1 comentario

Daniel 22 julio, 2016 at 7:45 pm

La confirmación de tu teoría la puede tener la compra a gran escala de oro y activos refugio,los inversores no tiran su dinero por gusto.jjjjjj

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