lunes, agosto 20, 2018

La navidad es una época del año fantástica. Más allá de las connotaciones religiosas, las fechas más importantes suponen una excusa perfecta para pasar tiempo con los seres queridos y reflexionar sobre lo que queda por llegar. En mi caso, el 2016 comienza con grandes retos profesionales, y este blog está entre ellos. Ojalá, a lo largo del año, pueda dar un paso adelante en el look & feel de mi web y trabajar más a fondo en su distribución (véase, más participación en redes sociales, foros y demás agregadores de blogs)

Todo ello sin olvidar el contenido, evidentemente. Es la piedra angular sobre la que se construye un blog, además de la palanca diferenciadora. Y eso no faltará: contenido de calidad, confiable y con sustancia. Así que dejémonos de preámbulos y vayamos allá. ¿Qué nos depara el 2016 en términos económicos?

Decía Alan Greenspan que un economista con el 40% de predicciones acertadas ya debe ser considerado un gurú, así que debo declarar, con toda la humildad del mundo, que estoy realmente satisfecho de la bola de cristal que tuve para la última fase del año (click aquí para leer). Para el año que comienza es mucho más sencillo prever incertidumbres que grandes tendencias, dada la cantidad de frentes interdependientes abiertos en la economía.

El más importante, dada la elevada probabilidad de que ocurra, es la ruptura del binomio rentabilidad-riesgo. Para los menos puestos en la materia, este principio de finanzas básicas lo único que predice es que, en condiciones de competencia perfecta, quien quiera obtener más rentabilidad por su inversión debe arriesgar más. Nada es gratis, para que nos entendamos.

En un entorno en el que el mercado de bonos soberanos da muestras evidentes de escasez de demanda privada, y hay muchos países con grandes riesgos asociados a sus economías y mercados financieros, no es de extrañar que para obtener rentabilidades atractivas haya que asumir riesgos desmesurados. Para los incrédulos, un dato: El 26% de la capitalización bursátil del IBEX-35 está en manos de hogares ahorradores, que saltan a fondos de inversión y demás instrumentos financieros en busca de un rentabilidad que la renta fija, a día de hoy no ofrece. Esto implica que por cada 100 pb que pierde el IBEX, los hogares han perdido 26. ¡Vaya si estamos creando dependencia de los mercados financieros!

A estas alturas nadie puede dudar del rotundo fracaso del QE. Lo advertimos en este blog (click aquí) y demostramos la ineficacia de las medidas extraordinarias de política monetaria (click aquí), y la tinta que queda por derramar al respecto. La impresión de dinero, además de tarde, llegó en un momento en el que la receta de la recuperación pasa, sola y exclusivamente, por reducir impuestos y generar libertad en la zona Euro. Tratar de emular una política que lleva aplicándose en el resto del mundo desde hace varios años es, además de ineficaz, apostar la evolución financiera a los deseos de una sola persona: Mario Draghi. La última vez que el gobernador del BCE no accedió a las peticiones de los mercados fue el pasado 5 de diciembre, y el IBEX reaccionó con un -2,43%. Por tanto, cada palabra del banquero supondrá otro de los grandes riesgos a tener en cuenta durante este 2016. ¡Qué tensión! Es lo que tiene convertir las políticas extraordinarias en ordinarias. Además de generar incentivos perversos que se propagan a nivel mundial como un cáncer, adulteramos las democracias más avanzadas y confiamos en una sola persona para la evolución económica. Luego nos quejaremos de los regímenes totalitarios.

Más allá de la economía como ente etéreo de los que hablamos los economistas, debemos observar con criticidad la evolución de algunas materias primas clave. Me refiero al petróleo y al oro. El primero ya ha provocado default en países como Costa Rica. Está claro que es una economía sin apenas repercusión a nivel mundial, pero el mantenimiento del precio del petróleo en los niveles actuales llevará a la quiebra a países importantes, especialmente en latinoamérica y Asia, aunque también hay algún país europeo modelo afectado, como Noruega.

En referencia al oro, la no recuperación económica debería estar disparando su precio, algo que no ocurre. Por lo tanto, podríamos estar viviendo una situación en la que el capital que busca activos libres de riesgo está migrando hacia los bonos corporativos, y no hacia el metal precioso por excelencia.

Este punto es muy relevante, pues la subida de tipos de la FED, necesaria y tardía por partes iguales, ha supuesto (entre otras cosas) un encarecimiento de intereses en los bonos, por lo que el segmento corporate high yield (el equivalente a bonos basura del Estado), podría estar a las puertas de una nueva oleada de impagos. Esto, sin tener en cuenta que todos los agentes endeudados en dólares (incluidos muchos países latinoamericanos y asiáticos, de nuevo) pueden ver cómo sus costes de deuda aumentan en un contexto de nimio crecimiento económico, fuente de financiación por los suelos y graves distorsiones financieras a nivel mundial.

Evidentemente, todo esto afecta a España. Que haya países latinoamericanos con graves problemas económico-financieros tiene un impacto brutal para muchas empresas del IBEX-35. Que el dinero vuele hacia Estados Unidos en busca de una rentabilidad acorde al riesgo asumido, en especial para activos de bajo riesgo, tiene repercusiones muy relevantes para una economía como la europea, con una deuda pública cercana al 100%. Que el BCE continúe mandando mensajes equivocados a los agentes económicos será muy importante, especialmente cuando alguno de los riesgos existentes explote, los mercados se sequen de nuevo y la deuda asumida, tanto pública como privada, sea inasumible. Entonces, para algunos, con echar la culpa a los mercados y a las malvadas instituciones europeas será suficiente. Otros (los de siempre), tendremos que multiplicar nuestro trabajo y dividir nuestros gastos para poder vivir dignamente. Eso, y acostumbrarnos a tratar con nuevos jefes. Hay empresas de gran peso a nivel nacional a precio de ganga. Salvo irrupción gubernamental, no descarto una OPA hostil contra ellas.

El panorama es complejo. Muy complejo. Además, en nuestro país, el 2016 estará dominado por la incertidumbre política derivada de un país ingobernable. Ojalá alguno de los defensores de la pluralidad me explique, 16 días después de celebrar las elecciones generales, dónde está el punto de encuentro entre los partidos que ostentan la responsabilidad de formar un gobierno con legitimidad democrática para tomar decisiones. Porque vamos a tener que tomarlas. Y no van a ser menores.

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