lunes, agosto 20, 2018

Hace unos días el Colegio de Registradores de la Propiedad publicó un informe sobre estadísticas mercantiles la mar de interesante. En él se recogen las constituciones, extinciones, fusiones y concursos de acreedores de las empresas españolas para el año 2016, entre otras cosas.

Una de las conclusiones más relevantes que se extraen de él es la ausencia de actividad económica empresarial en Castilla y León. Ocupa el segundo puesto en el nada halagüeño ránking de número de empresas constituidas por habitante, precedida por Extremadura.

Fuente: Colegio de Registradores Mercantiles

Según el Directorio Central de Empresas que desarrolla el INE, en Castilla y León hay unas 160.000 empresas. O, lo que es lo mismo, 15 habitantes por empresa. Una cifra cercana a la media nacional aunque lejana a Madrid (12,35) o Cataluña (12,3). Esta situación tiene un nombre: Muerte por inanición. Lo más preocupante es ver a los responsables de la región tirar balones fuera a la hora de valorar la situación. Según Carlos Martín, Director General de Industria y Competitividad de la Junta de Castilla y León, y las razones por las cuales Ávila, Soria, Zamora y Palencia son las provincias que están a la cola en constitución de empresas son:

• Es la región más extensa de España
• Población envejecida
• Se trata de una Comunidad con una tendencia histórica al ahorro, lo cual la aleja de las locuras que conlleva montar una empresa

Por su parte, Juan Saborido, presidente de su asociación de empresarios de Ávila, argumenta que:

“Minúscula inversión por parte del Estado y de la Junta de Castilla y León” en los últimos años

• Comunicaciones terrestres con Madrid y Valladolid deficientes

En definitiva, un sinfín de excusas que ilustran claramente cuán lejos están en la Comunidad de solventar la situación. El envejecimiento de la población, la migración de los más jóvenes (con la correspondiente tendencia a la despoblación), la falta de inversiones, y muchas de lo descrito arriba no son causas de la ausencia de empresas. Más bien, son consecuencias. Los jóvenes castellano-leoneses tenemos que salir de la región en busca de un empleo de calidad mientras vemos que los gestores públicos están más preocupados por mantener el establishment y los votos de la población mayor que por generar una visión a largo plazo que nos dé alguna oportunidad.

Desafortunadamente, el informe Doing Business elaborado por el Banco Mundial para todos los países de la OCDE, no da datos por regiones. Sin embargo, sí que toma algunas ciudades representativas de cada país. Valladolid está entre ellas. Ocupa el puesto número 14 de las 19 ciudades tomadas como representativas en la muestra a la hora de abrir un negocio. ¿El motivo? La tabla siguiente habla por si sola:

Fuente: Informe Doing Business 2016. Valladolid

17 días para abrir un negocio, más del doble que para la media de la OCDE. También es notablemente más costoso que en países comparables. Y, para colmo, estamos ante una región con una presión fiscal mayor que la media española. El 50% de las empresas constituidas son unipersonales, y el 55% del tejido empresarial no tiene asalariados. Lejos de ser business friendly, repelemos al sector privado. Y ni tan siquiera entendemos porqué.

Las vías para revertir la situación son claras: Supresión virtual del impuesto de sociedades vía bonificación regional hasta que la empresa haya logrado dos años de beneficio positivo; reorientación del suelo agrario de baja productividad hacia fuentes de generación de energía alternativas; créditos de la Seguridad Social con tipos blandos para las empresas con inversión en I+D+i y generación de empleo en la región; y promoción de figuras jurídicas que aglutinen a los pequeños empresarios del sector agrario, incentivando la escala en la actividad y
los incentivos a la innovación son sólo algunas de ellas. Todo ello en un entorno marco con un doble objetivo: por un lado, disminuir progresivamente el tamaño del sector público, tanto en número de trabajadores como en peso relativo sobre el PIB; y, por otro, reorientar un sistema con un gran peso de las subvenciones públicas hacia uno con mayor grado de libertad económica donde los incentivos públicos pasen por créditos y exenciones fiscales sujetas a objetivos.

Castilla y León lleva años sumida en un letargo del que nadie la despertará si no lo hace por sí misma. Si sigue así, las generaciones venideras no la verán como un territorio próspero y atractivo para instaurarse y formar una familia si no como parte de un pasado mejor que tardará en volver. Las soluciones pasan por evolucionar lo que funciona y extirpar lo que no. En ningún caso por perpetuar sistemas obsoletos.

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