lunes, diciembre 10, 2018

Que quede claro: Este economista de cabecera apuesta por una nueva crisis. No sé si ocurrirá en lo que queda de año, aunque me atrevería a aventurar que sí. En este post desarrollaré las señales que está dando la economía y, de paso, haré un overview a lo que queda de 2016.

Para los que me seguís con frecuencia, ya veis que me gusta hacer un punto y aparte un par de veces al año para sacar la bola de cristal de la que tanto presumimos los economistas. Tal y como sentencia Alan Greenspan, con acertar el 40% de las predicciones me doy por satisfecho.

En lo que queda de año, hay claros catalizadores de la evolución económica: La evolución de las commodities (especialmente el petróleo), la política económica de la FED, el elevado riesgo existente en los mercados, la ruptura del binomio rentabilidad-riesgo en Europa, el Brexit, y la formación de un nuevo Gobierno en nuestro país son, a mi entender, los puntos más relevantes a la hora de dilucidar hacia dónde evolucionará la economía.

Evidentemente, nada se puede explicar sin la evolución de las materias primas, particularmente el petróleo. Tras un inicio de año especialmente virulento, parece que el oro negro se ha estabilizado en el entorno de los 50 dólares por barril de Brent. Sin duda, una buena noticia para la economía internacional por añadir certidumbre a una situación incierta, aunque quizás insuficiente para los países altamente dependientes del petróleo, entre los que se encuentran Arabia Saudí, Venezuela, Argentina y algunas geografías nórdicas, entre otros. El riesgo de impago soberano aumenta cada día que el petróleo se mantiene en niveles tan bajos, con el correspondiente efecto contagio sobre el resto de economías en desarrollo. Pero eso, para economías como la española, solamente llega a través de segundas y terceras derivadas. Por lo tanto, para países como España a día de hoy, y en el corto plazo, solamente cabe esperar una estabilización en el precio de los combustibles fósiles, aunque en niveles sensiblemente más bajos que hace solamente unos meses. Sin duda, un empujoncito para salir de una situación complicada.

En relación al Banco Central Americano (FED), es por todos conocido lo necesarias que son las subidas de tipos de interés para este economista de cabecera. Afortunadamente, cada vez son más las voces dentro de la propia FED que abogan por esta política monetaria como arma clave para desactivar cualquier atisbo de crisis inflacionaria que se pueda generar, derivada de excesos incentivos al endeudamiento y exceso de masa monetaria en circulación. Solamente le queda al regulador americano desligarse de una economía que no acaba de arrancar y hacer lo que tiene que hacer, aún sabiendo que va a suponer menor crecimiento en el corto plazo. Esa estrategia tiene un nombre: responsabilidad.

Precisamente, la subida de tipos en Estados Unidos es necesaria para reducir el riesgo existente actualmente en los mercados. Ya venimos advirtiendo en este blog de que los inversores solamente tienen un objetivo: ganar dinero. Si la parte sin riesgo de una cartera diversificada no genera rentabilidad, o la genera negativa, la comunidad inversora irá aumentando su nivel de riesgo y, por tanto, la rentabilidad de los activos con mayor riesgo disminuirá. De ahí que en los últimos meses la demanda de (por ejemplo) bonos Corporate High Yield (basura) se hayan disparado. Sin duda, un QE que ha supuesto un mayúsculo fracaso en Europa ha elevado esta situación hasta tal nivel que más del 45% de la deuda soberana europea está en terreno negativo. Incluso, esta misma semana hemos conocido que el bono a 10 años alemán ha caído bruscamente al terreno negativo.

Esto, sin duda, forma parte de la percepción de riesgo que cada vez está más instaurada en los mercados (click aquí para ver el post en el que lo analicé). Para los activos financieros que tradicionalmente han sido de riesgo (esto es, todos excepto la deuda soberana), la rentabilidad es muy baja y el riesgo muy elevado; para los bonos soberanos, el riesgo tampoco refleja una rentabilidad negativa. Con una Europa con serios problemas estructurales, sin visos de crecimiento y con un aumento sostenido de la deuda, el acudir a la hiperinflación para asumir los compromisos adquiridos es cuestión de tiempo. Parece mentira que no hayamos aprendido una lección tan repetida a lo largo de la historia!

En cuanto al Brexit, sois muchos los que me habéis pedido un análisis en este blog. Honestamente, creo que no se va a producir, sencillamente, porque perdemos todos. Sin embargo, si se produce, las consecuencias serán impredecibles. Más allá de una depreciación repentina de la libra (que, recordemos, es el arma más tradicional de política monetaria). La única duda que me asalta es si realmente no estarán montando todo este teatro para que la crisis que crece en su economía (click aquí para ver el análisis) se vea ligeramente resarcida entre tanto humo.

Y, finalmente, la formación de Gobierno (que no las elecciones) en nuestro país. Este es un tema recurrente en este blog, así que no me extenderé mucho. Desde mi punto de vista, la mejor solución pasa por dos vías: o bien un gobierno de tecnócratas, a la italiana; o bien un gran pacto entre PP/PSOE y los que se quieran unir. Ambas, con un horizonte temporal corto, en el entorno de los dos años. Todo lo que no pase por ahí va a suponer, automáticamente, un incremento de la presión sobre nuestro país de los mercados financieros. Y, al contrario de lo que pasaba en 2008, nuestra economía no tiene capacidad financiera sobrante.

En resumen, existen muchos posibles frentes que deben mantenerse en calma en los próximos meses para que no estalle la verdadera bomba de relojería que los bancos centrales de todo el mundo han creado. En el momento en el que cualquier suceso encienda la mecha, todos los mecanismos de protección se dispararán y veremos cuál es la salida en un entorno en el que existe un exceso de masa monetaria estancada (reservas). La historia económica lo deja claro: las crisis bancarias y las crisis de deuda solamente han sido la antesala de las crisis inflacionarias. Pero eso lo dejamos para otro post. A modo de learning, y por tocar tierra firme, en lo que quedo de año espero una volatilidad prácticamente desconocida en la renta variable, con tendencia a la baja. De hecho, diría que el 13% que ha estimado el BdE que aún debe de caer el IBEX se queda corto. Veremos

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