lunes, octubre 22, 2018

Hace unas semanas propuse el sistema sueco de pensiones como una alternativa al insostenible modelo español (click aquí para leer). Tras preguntas de mis lectores acerca de los detalles de dicho modelo, aquí tenéis el post explicativo.

Los países nórdicos han sido en los últimos años un modelo a seguir en términos de Estado de bienestar para muchos de los ideólogos de nuestro país. Y, sin embargo, las claves de su modelo las obvian o no las sacan a la luz. Un ejemplo es el sistema de pensiones. ¿Cómo funciona en Suecia?

El trabajador sueco destina un 18,5% de su salario a un sistema de pensiones de capitalización. Se distribuyen en dos grandes bolsas: El componente (mal llamado) público y el componente privado / Premium

De un lado, el 16% es recogido por un ente estatal y repartido entre cuatro fondos públicos aunque gestionados de forma privada. Cada uno de estos fondos son los encargados de pagar el 25% del componente público de la pensión al trabajador cuando se jubile. Las cuatro entidades responsables de gestionar los fondos de pensiones los invierten, generan una rentabilidad de la inversión y en el momento de la jubilación o, en su defecto, a los 61 años como mínimo, devuelven sus fondos al pensionista. Esta parte de la pensión supone, por norma general, el 75% de los recursos con los que cuenta un pensionista a lo largo de su vida fuera del mercado laboral.

Por otra parte, el 2,5% restante es recogido y gestionado por la Premium Pension Authority. De nuevo, estos fondos se pueden repartir, como máximo, entre cinco fondos de pensiones privados a elegir de una lista (de más de 700) de los admitidos por el Gobierno. En caso de inacción por parte del trabajador, por defecto los fondos son gestionados por el Seventh National Swedish Pension Fund. De igual manera que el componente público, estos fondos operan bajo un modelo de capitalización por el cual la entidad elegida invierte los recursos ahorrados durante la vida laboral del ciudadano para devolvérselo cuando se jubile, a través de un mecanismo de ajuste de la anualidad a percibir que tiene en cuenta la esperanza de vida, la inflación y la tasa de retorno esperada.

Estos fondos son totalmente independientes del presupuesto público. Es decir, son ahorros que el trabajador ha destinado a ingresos futuros, y que serán mayores conforme su salario haya sido mayor y conforme más años haya pasado trabajando.

Adicionalmente, el sistema cuenta con un sistema de protección a la clase más desfavorecida: la pensión garantizada. Se trata de una bolsa del presupuesto público destinada a cubrir la pensión de los ciudadanos mayores de 65 años y con más de 40 años en el país. En 2016 la pensión garantizada asciende a unos 93.900 coronas suecas al año (10.000€) o un 25% de los ingresos brutos medios del trabajador durante su vida laboral, siendo esta cantidad actualizada anualmente en función del IPC registrado. Esto supone, aproximadamente, un 30% del salario medio de una persona sin hijos en Suecia (317.266 coronas suecas, o 33.919€ en 2016, según EUROSTAT).

Bajo este modelo, un pensionista cobra, de media, 13.748 coronas suecas (1.470€), que supone un 52% del salario medio. En España la pensión media ronda los 900€ al mes, lo cual supone casi un 70% del poder adquisitivo de los trabajadores en activo. Según la OCDE, el ratio de reemplazo (% de renta que perciben los pensionistas vs la renta percibida un año antes de la jubilación), en España asciende hasta el 92%, mientras que en Suecia, como hemos comentado, está en torno al 52%. Esta comparativa, sin embargo, no es correcta. Mientras que en nuestro país existe un máximo anual de 36.032€/año, independiente de tu nivel salarial antes de jubilarte, en Suecia tu pensión se calcula, exclusivamente, en función de los ingresos del trabajador durante su vida laboral. Este 92%, por lo tanto, estará contaminado por un mayor porcentaje de pensionistas en los estratos inferiores de renta (que, recordemos, cobran 636€/mes de pensión mínima).

El modelo sueco presenta claros elementos a favor:

Genera claros incentivos al aumento de la productividad del trabajador. Al tratarse de un sistema de capitalización, cada pensionista recibe lo que ha ahorrado durante su vida laboral. De esta forma, se promueve la meritocracia y se incentiva el desarrollo profesional para generar mayores salarios y, por tanto, más renta para el pensionista.

Incentiva el ahorro en los agentes económicos.

Genera certeza en el individuo. No existen elementos de sosteniblidad en el modelo ni demás eufemismos que vienen a poner en duda que el trabajador vaya a recibir su pensión, en función de la coyuntura económica o de la capacidad de gasto público. Cada cual ahorra durante su vida laboral para asegurarse un nivel de vida digno en la pensión.

Añade elementos competitivos al sistema. El hecho de haber varios entes capaces de gestionar los fondos de pensiones obliga a obtener rentabilidad a los recursos para seguir siendo parte activa del mercado. Además, por contar con un control estatal, se cumplen determinadas garantías de cara al ciudadano sin inferencias políticas en el proceso de inversión. Además, todos los fondos cuentan con mecanismos de transparencia considerados best-practice a nivel mundial.

No hay víctimas del sistema. Incluso las personas con un nivel menor de rentas perciben una remuneración digna durante su jubilación.

Independiente del presupuesto público. De esta forma se resta presión al gasto público y se evitan oscilaciones en función del ciclo económico o necesidades gubernamentales.

Por contra, el principal reto al que se debe de enfrentar el modelo es el aseguramiento de los recursos del pensionista en etapas de crisis. Cualquier inversión puede tener una rentabilidad negativa (en términos nominales y reales), perdiendo el pensionista capacidad adquisitiva. Esto suele agudizarse en épocas de crisis donde, incluso, pueden darse casos de quiebra de entidades de gestión. Establecer mecanismos de protección ante estas incidencias resulta algo indispensable para que el modelo tenga éxito.

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5 Comentarios

Otra Explicación 27 mayo, 2017 at 9:18 am

Interesante artículo. Lo comparto en mi blog https://otraexplicacion.blogspot.com.es/2017/05/lo-mejor-de-la-semana_27.html

Julio Urizarna Garcia 16 abril, 2018 at 3:18 pm

Tu explicación es clara. Se aprecian claramente las diferencias del sistema español y el sueco.
Asisto a una tertulia de gente mayor (+ de 55 años), todos los viernes, y comentamos los temas de actualidad. En estos momentos uno de los temas más recurrentes son las pensiones. Quede con mis compañeros recabar información del sistema sueco y comentar con ellos.
Yo me acabo de jubilar hace un año. Tengo que decir también que ha sido a los 65 años, después de 43 años de cotización. Casi toda mi vida laboral, ha transcurrido en una multinacional del sector de componentes del automóvil. Luego he tenido seguridad laboral, y hasta un salario muy digno. Mi pensión actual, es casi tres salarios mínimos (no esta nada mal).
Creo que el sistema sueco, no estaría mal implantarlo en España. Pensando en asegurar las pensiones a las nuevas generaciones. Yo creo que están siendo maltratadas, por lo pensionistas actuales. Pues no perdonamos una.
Sabemos que:
– el sistema no es sostenible.
– las cotizaciones de los trabajadores han bajado.
– la “hucha de las pensiones” esta a cero.
– la pensión media supera los 1.000 euros.
– muchos trabajadores (ahora pensionistas), cobraban en negro.
– todos los trabajadores, solo piensan en “prejubilarse”. Siendo admirados por todos.
– las pensiones de viudedad y orfandad, en otros países no las paga el fondo de pensiones.
En fin, que ahora los pensionistas no ha dado por manifestarnos, y creo que no por ser pensionistas, no podemos proponer reformas del sistema que las haga más viables, y sobre todo que nuestros hijos y nietos vean asegurada una pensión digna. Que no tengan la sensación de que pagan pensiones y después no disfrutaran de ella.
Saludos cordiales.

    Dani 16 abril, 2018 at 3:30 pm

    Gracias, Julio. Comentarios como el tuyo enriquecen este blog por su objetividad y serenidad.

    Lo primero, te deseo una feliz y larga jubilación. Tras años de esfuerzo y aportación al sistema, te has ganado un merecido descanso.

    Desafortunadamente, determinados grupos económico-sociales os están usando (a los jubilados) para generar un clima de malestar social y desviar el debate público hacia zonas de las que no puede salir nada bueno. Aprovechan la frustración que genera un sistema que no cumple las promesas que el Estado ha hecho a sus ciudadanos, y pretenden añadir una capa de maquillaje a lo que, de facto, es un sistema fallido.

    Desde mi punto de vista, lo más preocupante es la falta de concienciación que existe en torno a un elemento central en el debate: La repercusión que tienen las decisiones que se tomen hoy sobre las generaciones futuras. El incremento de pensiones, en un sistema que (como bien has dicho) está próximo a la quiebra solamente se puede financiar de dos formas: incremento de impuestos presentes o incremento de impuestos futuros (deuda). Todo lo que se salga de ahí es inflación desbocada o quiebra del sistema, extremos ambos que deberíamos evitar a toda costa.

    Tanto si el incremento de impuestos es presente como si es futuro los que lo vamos a soportar principalmente somos la generación millenial y los que vienen detrás. Lejos de hacernos un favor, nos están colocando una losa en la espalda que lastrará nuestro futuro a medio y largo plazo.

    Y esta es una visión que, a pesar de ser cierta, ni tan si quiera entra en el debate público.

    En fin, un saludo y agradecerte profundamente que hayas dedicado unos minutos de tu vida a mi blog. Ojalá no sea la última vez!!!

    Un cordial saludo

Christian Martínez Buisan 27 septiembre, 2018 at 9:12 am

Hola, quiero comentar el caso argentino sobre las pensiones que es muy parecido al español. En el año 1989 el sistema publico de reparto estalló (gracias a una hiperinflación) al estar vacío de fondos desde hacia décadas generaba pensiones paupérrimas.
En 1994 se puso en marcha el “modelo Sueco”, que ustedes llaman por aqui, que en realidad no es invento de ellos porque nosotros lo aplicamos 15 años antes de la misma manera: una parte minima y fija que aporta el estado y el resto es capitalización individual.
Este modelo tiene un solo y mortal defecto: Los gobiernos. Los argumentos que tu expones aquí no cuentan con que un día llegue un gobierno y decida “nacionalizar las pensiones para recuperar la soberanía” como hizo Cristina Kirchner en 2008 para quedarse con todo nuestro dinero y volver así al “sistema de reparto” que es una estafa ya más que probada. Yo perdí todos mis ahorros que llevaba capitalizando desde 1994 (no confundirse con el “Corralito” que fue en 2001) y no hubo justicia que protegiera nuestra propiedad privada. ( ya que al estar politizada, miró para otro lado) Mientras en España tengan PSOES y Podemitas el peligro estará allí. Suerte.

    Dani 27 septiembre, 2018 at 11:30 am

    Estimado Christian,

    En primer lugar, muchas gracias por leerme. Es un placer tener visitantes de otros países, capaces de hacer aportaciones de tanto valor como la que has hecho. Muchas gracias.

    En relación a “cambiar las normas de juego”, expoliar los ahorros de los ciudadanos y gobernar de forma autoritaria, lo cierto es que puede ocurrir en cualquier lugar bajo cualquier modelo. En España, por ejemplo, operamos bajo un modelo de reparto, en el cual, si la Seguridad Social arroja un superávit, se crea la famosa “hucha de las pensiones”. El gobierno puede declararla de interés público igualmente y dedicarla a cualquier desmán que se le ocurra. De igual manera, puede ligar las aportaciones ordinarias a la Seguridad Social del trabajador al presupuesto y destinarlas a cualquier otra cosa que no sean pensiones.

    Por eso es importante mantener alejado el presupuesto público del sistema de pensiones. Para evitar estas cosas. Pero todos los ciudadanos de cualquier lugar del mundo estamos expuestos a comportamientos como el que describes. Desafortunadamente, lo has vivido en primera persona, pero puede pasarnos a todos y es independiente del modelo.

    Es mi visión.

    Un abrazo. Espero seguir leyendo tu visión desde un país que tantas enseñanzas nos puede aportar como Argentina.

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