viernes, septiembre 21, 2018

Si yo fuera dirigente del PP o del PSOE, tras los resultados electorales de ayer hubiera llamado a los responsables de recursos humanos con una pesquisa clara: “Buscad jóvenes preparados acordes con nuestros ideales, allá donde los haya, y montad un grupo de trabajo cuanto antes.”

No podía pasar la oportunidad de aprovechar el día de hoy para dar mi punto de vista sobre las elecciones municipales y autonómicas. Ya no sólo por orgullo profesional, también por las tres personas que me han escrito al apartado pregúntame pidiéndome estas letras.

Quien haya llegado hasta aquí, quizás, se muestre sorprendido por la frase con la que he decidido comenzar este post. Sin pelos en la lengua, ni lenguaje elaborado, esa es mi principal conclusión de la jornada de ayer. Mi sensación, como analista económico y como ciudadano, es que la población no reniega, per se, de los dos grandes. Con lo que ya no traga es con el sistema de intereses creados, inmovilismo y halo de corrupción que han montado aguas abajo. Incluso en los feudos tradicionales, pierden mucho peso en favor de partidos que, sin demostrar ningún tipo de responsabilidad política ni capacidad de gestión pública o liderazgo, son capaces de escribir cartas a los Reyes Magos que encienden la mecha latina que los españoles llevamos dentro.

En mi opinión, cualquier declaración que no sea “nos han salvado las poblaciones más pequeñas, siempre reacias al cambio” es situarse en una España paralela; ¿alguien ha escuchado, en algún medio de comunicación, una conclusión del estilo? Yo, sinceramente no. Y eso demuestra (una vez más, puesto que en los últimos meses ya lo vienen haciendo, tal y como comenté en este post) que la brecha entre los votantes y los dirigentes políticos se agranda ante su mirada atónita y una profunda incapacidad de reacción. Y es que, como cualquier líder (tanto público como privado), un político debe dedicar, progresivamente, cada vez mayor tiempo a justificar las decisiones que ha tomado durante su etapa de gestión, conforme esta se alarga, antes que a diseñar planes de acción. Hablar del pasado, para que nos entendemos, en lugar de soñar con el futuro. Si a esta situación, genérica, le añadimos responsables políticos acostumbrados a gobernar en la abundancia, el resultado es lo que ha ocurrido: nuevas caras, con viejas ideas pero envueltas de otra forma y, sobre todo, una mayor empatía con la ciudadanía, acaban ocupando tu puesto de trabajo. No me gustaría continuar estas líneas sin dar mi más sincera enhorabuena a los equipos de Ciudadanos y Podemos (a su coalición ciudadana, para ser más concreto), puesto que han sabido aprovechar su momento político a la perfección.

No obstante, como podéis comprobar, desde mi punto de vista lo que está ocurriendo en España es más resultado de un mal trabajo de PP y PSOE, antes que de una verdadera oleada de cambio en el resto de fuerzas políticas. Podemos pretende implantar modelos económicos propios de un país en vías de desarrollo, ineficientes, obsoletos y con un solo final: el empobrecimiento del país; Ciudadanos, por su parte, centra sus esfuerzos en torno a las elecciones generales y la figura de Albert Rivera, hace un refrito de candidatos reciclados (y en muchas ocasiones casposos), y dedica la mayor parte de sus esfuerzos a labores de Marketing aplicadas a las medidas económico-sociales que llevan llevando a cabo, desde hace muchos años, los dos grandes partidos. Lo más preocupante, sin duda, no es la capacidad que tienen Podemos y Ciudadanos de hacer propuestas enriquecedoras de cara a mejorar el funcionamiento de ayuntamientos y comunidades autónomas; lo más preocupante es que, ante la impotencia de los partidos tradicionales, la pluralidad (que siempre será un elemento muy positivo) puede mutar, en unos meses vista, en un país ingobernable, liderado por el caos y por dirigentes incapaces de tomar medidas decididas hacia lo que de verdad necesita España: una transición democrática, social y (fundamentalmente) económica. Quien no crea mis palabras que eche la vista hacia Andalucía.

De esta forma, se cumple la predicción que hice hace no muchos meses en este blog (puedes leerla aquí), y los parlamentos autonómicos y locales se convierten en un tablero de Risk en el cual 4 jugadores reparten cartas, tiran dados y planifican meticulosamente sus ataques hacia los feudos rivales. Estoy seguro de que en este momento los equipos de estrategia de PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos estarán trabajando a destajo para saber dónde hay que ceder, dónde hay que apretar y cuáles son las líneas rojas que no debemos traspasar, con vistas a las generales para completar el proceso electoral cuanto antes, y gobernar.

Fantástico, los problemas parecen claramente identificados. ¿Cuáles son las soluciones? No voy a entrar en asuntos técnicos (es evidente que una reforma constitucional, un modelo educativo que recuerde a los Pactos de la Moncloa y un cambio en el modelo económico basado en una reducción drástica del sector público son condición sin la cual este país explotará en cualquier momento), lo que sí que parece evidente es que los mismos que nos han traído hasta aquí no pueden ser los mismos que encuentren soluciones disruptivas, innovadoras y, sobre todo, a la altura de las circunstancias. Es hora de poner en valor la inversión que hemos hecho en nuestros jóvenes, y, de paso, dotarnos de un futuro más esperanzador que el que el día de ayer dejó ante nuestros ojos. Pensar out-of-the-box no solamente consiste en buscar por internet a ver qué hacen otros países. Se necesita gente comprometida, capacitada y formada tanto como líderes dispuestos a escucharlos y a tenerlos en cuenta para tomar las decisiones más relevantes.

Estamos en un momento histórico, a la altura de La Transición. Este tipo de tren, o lo coges tú, o lo coge otro por ti. Doy gracias a la vida por permitir vivir estos años desde la juventud y la certeza de que tengo un papel que desempeñar en todo este cambio; sólo pido, como tantos otros jóvenes, que las personas sobre las que deposito mi confianza elaboren las reglas del juego adecuadas para que pueda desempeñarlo.

Hasta pronto!

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2 Comentarios

alvaro 1 julio, 2015 at 4:42 pm

“la pluralidad (que siempre será un elemento muy positivo) puede mutar, en unos meses vista, en un país ingobernable, liderado por el caos y por dirigentes incapaces de tomar medidas decididas hacia lo que de verdad necesita España: una transición democrática, social y (fundamentalmente) económica”
El trabajo d los politicos es hablar entre ellos y ponerse de acuerdo asiq lo de ingorbernable nada

    Dani 1 julio, 2015 at 7:37 pm

    De nuevo, es importante acudir a la memoria histórica. Y, en este caso, no hace falta ir muchos años atrás ni a tierras remotas. Si recuerdas, en la peor etapa de la crisis europea, Italia vivió unas elecciones generales que dejaron resultados parecidos a lo que podría ocurrir en España en Octubre. El resultado? El colapso total del país, y la formación de un Gobierno de tecnócratas que sacó a nuestros socios de la difícil situación que vivían.

    Es cierto, como comento en el post, que la pluralidad siempre será un elemento muy positivo en el desarrollo de cualquier democracia. Sin embargo, con tanta heterogeneidad y con posiciones tan opuestas (y, en muchos casos, radicales), la consecución de acuerdos podría ser un verdadero campo de minas. Creo que estamos todos de acuerdo con la regeneración política que necesita España, pero debe ser una regeneración responsable, y a la altura del país que queremos construir. Como ya he comentado en algún momento, los partidos “tradicionales” han conseguido pasos muy importantes en el desarrollo económico, social e institucional de España, y, sobre todo, en el Estado de Bienestar. Los partidos regeneracionistas corren el peligro de dinamitar la toma de decisiones y no dar el paso adelante que necesitamos. Como ya he comentado en alguna ocasión, no he visto en ningún programa la bajada de impuestos, la disminución del peso del sector público, una mayor libertad económica y un Estado que garantice la sostenibilidad del sistema de prestaciones sociales.

    A día de hoy, solamente hemos tenido un presidente capaz de lograr acuerdos de Estado en entornos muy heterogéneos como el que podríamos tener en los próximos meses: Adolfo Suárez. Gracias a sus dotes negociadoras, contamos con una Constitución que, aunque obsoleta, recogió todos los pensamientos políticos del momento; contamos con los Pactos de la Moncloa, que estableció las bases educativas y sociales del país; y un largo etcétera. Sinceramente, el único líder político capaz de reunir ese carisma, intención de diálogo y liderazgo es Albert Rivera, y, por lo que veo en las encuestas y en las elecciones autonómicas, no va a reunir el apoyo necesario para poder llevarlo a cabo.

    Sencillamente, quería recoger esa preocupación. No estoy en condiciones de dar un veredicto sobre si es más positivo un país autoritario, como el actual, con amplia mayoría absoluta para hacer y deshacer al antojo del Gobierno, o un país tan plural que no haya puntos de acuerdo. Cada cual, que vote con la libertad que el sistema democrático nos otorga, y sea responsable de su voto.

    Gracias por estar ahí!

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