lunes, agosto 20, 2018

Sigo dándole vueltas a la situación tan anómala y apasionante que vivimos en España. Llevamos un par de días atiborrados del caso Rato, y el hastío de la gente con algo que se está convirtiendo en ordinario me lleva a preguntarme si la nueva política, como coinciden en denominarse Pablo Iglesias y Albert Rivera, tiene algún sentido más allá de recoger el descontento reinante entre una clase media en clara decadencia.

Y, en este debate interno, cobra especial relevancia la investigación y el desarrollo, lo que vulgarmente se conoce como I+D+i. ¿Realmente necesitamos un empujón al respecto? ¿Es problema de formación, de presupuesto o de eficacia? Merece la pena dedicar unos minutos a realizar una panorámica al respecto:

En primer lugar, llama la atención la homogeneidad que existe entre los países europeos en términos de educación superior:

Como se aprecia en el gráfico anterior, España (que cuenta con un 21% de la población con formación adicional a la universitaria) se encuentra ligeramente por encima de la media europea en este indicador (situado en un 17% para la UE-27), aunque en niveles muy similares a países con los que se nos ha comparado, bien tradicionalmente (como es el caso de Alemania o Francia, por ser las potencias europeas por excelencia), o a raíz del debate económico que está surgiendo en torno a las próximas elecciones (en las que un pseudo-modelo nórdico parece la panacea a todos nuestros problemas). Vamos, que nuestro estado de bienestar parece garantizar una educación de un nivel similar al europeo..

En términos cuantitativos, los números no dan motivos para la alarma. Fantástico. Siguiente paso: ¿Cuántas de estas personas formadas (en las que hemos invertido todos mucho dinero en forma de impuestos, no lo olvidemos) dedican su carrera profesional a la investigación? Veamos los dos gráficos siguientes:

Empleo

ID spob

Los gráficos hablan por sí solos. Mientras que el país nórdico con menor empuje de I+D (Finlandia) es capaz de absorber al 80% de su capital humano más formado, y cuenta con el 19% de la población (+3 p.p. con respecto a 2008) trabajando en actividades de I+D, España ha descendido a niveles de 2005 en términos de puestos de trabajo en el sector, y está a la cola de Europa en explotación de la mano de obra más cualificada con la que cuenta el país. Lo cierto es que estas dos gráficas son deprimentes. Países líderes, best-practices a nivel mundial como son Alemania y Dinamarca cuentan con valores cercanos (e incluso superiores) al 100% en términos de trabajadores con máster, doctorado o similar trabajando en I+D, lo cual significa que en estos datos se incluyen a trabajadores de I+D que no tienen ese tipo de formación, y añade gravedad al dato de España.

Y esto, ¿en qué se traduce?

Sencilla y llanamente, el número de patentes registradas en España en 2012 continuaba en niveles de 2009. Duro, ¿verdad? como no quiero seguir removiendo conciencias con gráficos demoledores, solamente me queda por decir que en España se registran 66 patentes por cada millón de personas activas, lo que supone un 87% menos con respecto a países como Finlandia, Suecia o Alemania, y un 52% con respecto a un rescatado, como Irlanda, que, como ya hablaremos en otra ocasión, se dedicó a bajar impuestos en los momentos más duros de su economía para atraer inversión tecnológica extranjera y lograr este tipo de datos, además de ser el país que más crece de la zona Euro en 2015. Pero, como he dicho, habrá tiempo de comentarlo.´

Y, desde mi punto de vista, las actividades de I+D tienen un gran impacto, no sólo a nivel macro (empleo, sostenibilidad, etc.), si no también a nivel empresarial. Y es que son las principales responsables de la creación de ventajas competitivas. Dicho de otra forma, la innovación son las principales responsables de accionar alguna de las famosas fuerzas de Porter:

¿Quiénes son los responsables de la innovación?

Estoy seguro de que en la cabeza de todos aquellos que leéis este post está el típico investigador, con su bata blanca, sus gafas de plástico, probeta en mano, en un laboratorio, rodeado de máquinas que no sabríamos ni nombrar. Y, lo cierto es que no hay nada más lejos de la realidad. La innovación está en la mano de todos. Y ahí van unos pocos ejemplos:

Innovación de producto: El consumo de contenidos se ha transformado radicalmente de la mano de agentes como Spotify, o Netflix (por nombrar los más conocidos), que fueron capaces de reinventar su negocio, pasando de pagar por la posesión de contenidos a pagar por el acceso a los mismos, de una forma centralizada, bajo un modelo all-you-can-eat. Vamos, que estoy seguro de que Blockbuster aún se está tirando de los pelos por no haber tenido la valentía de reinventarse en el momento correcto.

Innovación en los modelos de negocio: Internet es el máximo exponente a la hora de ilustrar esta realidad. Compañías como Google o Facebook, que centran sus esfuerzos de cara al usuario en desarrollar un servicio gratuito que llegue al máximo número de personas posible para poder financiarse a través de publicidad u otros negocios adyacentes. Al final, cualquier empresa vende algo, pero la forma de llegar a usuarios y clientes (ojo que cada vez son dos grupos más separados) es radicalmente distinta. Lo que en estrategia se llama Blue Ocean: reinvención de tu propuesta de valor para maximizar tu capacidad de monetización del mismo (pay-for-privacy, big data, etc.)

Innovación en la gestión: Más allá de las políticas de RRHH de empresas tan cool como Google o Facebook, en un ecosistema en el cual la mayoría de trabajadores usan su móvil/tablet/ordenador tanto para tareas personales como profesionales, los modelos de gestión de personal se transforman y miran hacia la movilidad, hacia la autonomía del trabajador y hacia la difusión de barreras obsoletas e incómodas, en pos de una mayor conciliación de la vida laboral y personal, y, lo que es más importante, el bienestar del trabajador.

Y esto son sólo unos ejemplos. Si algún trabajador de una gran empresa lee este post se dará cuenta de que es realmente complicado accionar muchas palancas en su ámbito laboral, dado que sus superiores tienen mucho que perder. No obstante, encontrar el espacio entre el soporte de la cuenta de resultados y la innovación para garantizar la sostenibilidad de la compañía es clave en la creación de valor, y eso, o lo comprenden por ellos mismos, o se lo hará comprender el mercado. Las PyMES y autónomos tienen, en este aspecto, más facilidades puesto que su coste de oportunidad es menor. Dejo, para finalizar, una pista: La inversión socialmente responsable va a ser un verdadero game changer en el futuro.

Dejemos de creernos que nadie puede hacer las cosas por nosotros. El futuro está en nuestras manos y somos los únicos responsables de nuestro porvenir. De la aportación de cada uno surgen naciones, y de naciones surge un mundo mejor. El momento es este.

Tags: , , ,

Related Article

2 Comentarios

Daniel C. 20 abril, 2015 at 8:53 am

Solamente aportar un granito de experiencia a tu post. Actualmente estoy en alemania colaborando con un grupo de investigación. Quizás lo que más me “impresiona” es que cuando necesito material o nuevos medios para alcanzar un obetivo y aparecen tan pronto como es posible. Medios, algo que no siempre sobra en España si no que falta, porque si inviertes en la educación de un doctorado porque luego no haces lo mismo para que siga desarrollándo(se). Y quizás lo más curioso sea que lo que más les impresiona a mis compañeros, es que a mi me impresione la rapidez con la que aparece nuevo material con el que trabajar.

Un saludo

    Dani 20 abril, 2015 at 7:59 pm

    Tocayo, un placer ver que los máximos exponentes del Estado de bienestar español también se interesan por las cosas que cuento. La gente que, tras formaros en España, habéis tenido la valentía de salir al extranjero a desarrollar la actividad profesional que os gusta contáis con mi más absoluto respeto, vaya por delante.

    Dicho esto, a raíz de tu comentario, comparto unos datos que he preferido omitir en el post, pero ilustran tu punto de vista:

    Gasto total en I+D (% s/PIB 2013)
    Dinamarca: 3,02%
    Alemania: 2,88%
    Irlanda: 1,58%
    España: 1,27%
    Francia: 2,23%
    Finlandia: 3,42%
    Suecia: 3,28%

    Vamos, que estamos a la cola de Europa y, probablemente, de los países desarrollados.

    Y aquí no creo que se pueda decir que se haya despilfarrado, o demás cosas que oímos (con razón) de otras muchas actividades. Sencillamente, nunca se ha apostado porque no da resultados palpables ni asegurados, como la construcción o el turismo.

    Seguimos al pie del cañón!!! Gracias por estar ahí!!!

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

IDIOMAS

EnglishFrenchGermanItalianPortugueseSpanish

SÍGUEME

LINKEDIN

Suscríbete

He leído y acepto el aviso legal

ÚLTIMOS TWEETS


VÍDEOS

Facebook
LinkedIn

Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar