viernes, diciembre 4, 2020

Europa ha hablado. Y lo ha hecho, además, con una propuesta contundente y clara, que refleja la esencia de lo que es la Unión Europea de Maastricht: solidaridad, cohesión y competitividad para ahondar en el modelo de prosperidad vinculada al estado de bienestar que nos caracteriza.

Primero fueron Alemania y Francia quienes llegaron a un acuerdo acerca de cómo debería articularse el fondo de recuperación europeo: 500.000 millones, articulados a través de transferencias, sujetos a condicionalidad y financiados a través del nuevo presupuesto, incluyendo instrumentos de deuda temporales.

El mensaje de ambos países fue claro: Europa necesita de la unión para salir adelante. En esta columna ya analizamos las razones por las que la supervivencia europea está en la agenda alemana, así como la debilidad que ha mostrado Francia en la crisis del coronavirus. La Comisión Europea, por su parte, recogió el guante y elevó la apuesta: la última propuesta pasa por un fondo de contingencia con 750.000 millones de euros, un 50% más de lo declarado implícitamente por las dos grandes potencias como suficiente.

Las semejanzas del plan europeo con el acuerdo franco-alemán son evidentes: 500.000 millones de euros son en transferencias, y 250.000 en forma de préstamos blandos. De nuevo, cualquier tipo de ayuda tendrá que estar sujeta a un memorando de entendimiento que incluya un proceso de reformas a nivel nacional y un mecanismo de seguimiento del mismo. Y, de nuevo, abre la puerta a emisiones de activos de deuda de forma temporal.

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Dicho de otra manera: abre la puerta a los hombres de negro de nuevo en Europa y a los eurobonos. Los países más beneficiados serán Italia (172.745 millones de euros durante los próximos dos años), España (140.446 millones) y Polonia (37.695 millones).

Debemos recordar que estos 750.000 millones hay que sumar los 540.000 millones de una triple red de seguridad ya aprobada por el Eurogrupo y el Consejo Europeo, y que contemplan hasta 100.000 millones en créditos para el reaseguro del desempleo; 200.000 millones en préstamos a través del Banco Europeo de inversiones; y hasta 240.000 millones para gasto sanitario a muy bajos tipos de interés.

En definitiva, un plan que sin duda es un punto de encuentro entre las distintas sensibilidades europeas, pero que veremos si es suficiente para abordar los problemas que ya están teniendo sus grandes economías.

El Tesoro necesita 297.000 millones

España va a ser, casi con total seguridad, el país más afectado por la Covid-19 en este segundo trimestre. Dos de cada tres euros de nuestro valor añadido bruto proceden del sector servicios, y éste está siendo el más afectado por esta crisis. Los indicadores adelantados, de hecho, muestran un encefalograma plano para este sector.

Las necesidades de financiación para el 2020, según ha reconocido el propio Tesoro, van a superar los 297.000 millones de euros. Debemos recordar que en 2013, cuando la UE tuvo que articular un fondo de rescate para nuestro país necesitamos 350.000 millones y sólo fuimos capaces de lograr 250.000 en los mercados.

Es cierto que la situación actual es distinta: los mercados continúan abiertos (aunque veremos por cuánto tiempo) y la crisis de deuda aún no ha explotado. Sin embargo, 297.000 millones de euros es una cuantía lo suficientemente elevada como para tener los fondos europeos en el retrovisor, por si fuera necesario echar mano de ellos.

En total, España podría recibir hasta 77.324 millones de euros en transferencias y 63.122 en préstamos durante los próximos dos años. Una cuantía nada despreciable, pero sin duda insuficiente para abordar las necesidades de financiación arriba descrita.

De acudir al MEDE en lugar de a los mercados España se podría ahorrar 2.000 millones de euros. Por ahora tenemos capacidad de autofinanciarnos, aunque la magnitud del impacto y el estado de los mercados podría cerrarnos esta posibilidad.

Los ingresos se desploman

Basta con ver los últimos datos publicados para darnos cuenta de la magnitud del problema que tenemos en nuestras finanzas públicas.

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Los ingresos públicos del mes de abril se han desplomado casi un 30%, hasta los 18.942 millones de euros. Se trata del menor nivel de recaudación desde el año 1999. Es cierto que hay ciertas figuras impositivas que han podido estar influenciadas por la moratoria de un mes que se aprobó en abril y por lo tanto la magnitud del desastre no sea tan elevada. Pero el escenario apunta hacia una caída del 40% y vuelta a los mínimos de 2012/2013, algo que ya predijo el Colegio de Economistas.

Los gastos, por su parte, aún no están detallados para el mes de abril. Pero ya en marzo, y con tan sólo 15 días de confinamiento, estaban creciendo al 6% hasta el 10,4% del PIB.

Como consecuencia, el déficit de marzo ya se disparó un 135% con respecto al mismo mes del año pasado. Con los datos de ingresos para el mes de abril que acabamos de exponer, no es difícil darse cuenta de que un escenario de déficit del 10% puede ser optimista si no reactivamos la economía lo antes posible.

El gobierno de España tiene pendientes de pago casi 1 millón de ERTE, según el Consejo General de los Colegios de Gestores Administrativos, y sin embargo se lanza a aprobar un ingreso mínimo vital, a pesar de que España ya acumula más de 1.500 millones de euros en este concepto repartidos entre las autonomías españolas. Se trata de 3.000 millones de euros adicionales que nos alejan del rescate y, por consiguiente, nos exige más condicionalidad.

Es pronto para saber si los fondos que ha puesto la UE a disposición de los Estados Miembros son suficientes o no para frenar esta crisis. Personalmente, creo que se requerirá un esfuerzo aún mayor. Lo que parece evidente es que España los va a necesitar, y en lugar de coger el camino de la responsabilidad estamos eligiendo el de la Grecia de Varoufakis.

Estamos a tiempo de presentar un plan de recuperación en el que recortemos gasto superfluo por valor de los estabilizadores automáticos que ya se están activando (subsidio de paro, menores ingresos de la seguridad social, etc.) y con 3 posibles escenarios de evolución a futuro, cada uno con herramientas de actuación asociadas.

Sin embargo, lo que presentamos son propuestas de derogación de la reforma laboral y gasto consolidable, que empeora la ya maltrecha productividad de nuestro país. Lo que no hagamos nosotros lo harán los hombres de negro, una de las cosas seguras que nos va a aplicar la UE.

Ante la situación de criticidad que vivimos, la ideología queda de lado. Lo que está en juego es la vida y el bienestar de muchos millones de españoles que, desafortunadamente, dependen exclusivamente del Estado.

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