domingo, mayo 31, 2020

 

España ha acogido hace sólo unas semanas la Cumbre del Clima. Un evento que ha reunido a 20.000 personas de 190 países con un único objetivo: mejorar la habitabilidad del planeta. El reto medioambiental es una de las grandes incógnitas de la sociedad actual. Ante una pregunta tan inocente como “¿Está usted de acuerdo con tomar medidas para contaminar menos?” cualquiera diría que sí, pero la realidad es que sólo 30% de los españoles está dispuesto a pagar más por un vehículo eléctrico que por uno de combustión.

Dicho de otra manera, existe concienciación pero no responsabilidad individual a la hora de abordar este asunto crucial. El consenso es de una apuesta por entes estatales y supranacionales, en el que el individuo queda relegado a un segundo plano, tanto en libertades como en términos de responsabilidad. Tanto es así que algunos analistas hablan de una cruzada ideológica como trasfondo a este movimiento que ya se extiende a nivel mundial. La propia Greta Thunberg, ha escrito, el pasado mes de noviembre: «La crisis climática no tiene que ver sólo con el medioambiente. Es una crisis de derechos humanos, de justicia y de voluntad política. Los sistemas coloniales, racistas y patriarcales de opresión la han creado y alimentado. Necesitamos desmantelarlos a todos.»

Un párrafo, sin duda, desacertado para quienes mantienen una lucha real contra la subida de las temperaturas desde la objetividad y los argumentos científicos. Y, en ese aspecto, las cifras son claras: El 72% de las emisiones de CO2 se concentran en 15 países. Entre ellos, solamente hay un europeo (Alemania), que supone el 2,2% de las emisiones a nivel mundial. Mientras, un solo país, China concentra el 27% de las emisiones, lo mismo que la agregación del resto de países del planeta. Dicho de otra manera, el teorema de Gauss se vuelve a cumplir, y la comunidad internacional, al parecer, parece que quiere que los que menos contaminamos seamos los que asumamos todos los costes.

 

El 72% de las emisiones de CO2 se concentran en 15 países. Entre ellos, solamente hay un europeo, Alemania, que supone el 2,2%

 

Una planificación centralizada difícilmente va a resolver el enorme reto climático que tenemos como sociedad. Estados Unidos, el segundo país más contaminante, ha sido el que más ha reducido sus emisiones desde 2007, sin necesidad de firmar, por ejemplo, el Tratado de París. Mientras, China, que lo firmó y lo ha ratificado, ha incrementado sus emisiones netas.  Y este es solo un ejemplo de lo que muchas veces esconden estas grandes citas internacionales. Fotos, firmas y declaraciones. Pero no hechos.  La Unión Europea, una de las principales abanderadas de esta lucha, ya ha anunciado, de boca de Úrsula Von der Leyen, un plan con 1,1 billones de euros durante los próximos años para construir una economía verde. Una cifra que no parece que pueda resucitar la maltrecha economía europea. Cabe señalar que el Plan Juncker, la última gran apuesta europea por el viejo continente, dotado con más de 450.000 millones de euros, ha pasado sin pena ni gloria por nuestra economía, ha dejado intactos los desequilibrios, y ha disparado la deuda de algunos países.

En España ya deberíamos tener aprendida la lección ecológica. Ya en 1994 firmamos el Tratado sobre la Carta de la Energía, que tenía como objetivo asegurar el suministro energético en los países occidentales que eran dependientes del exterior, como el nuestro. En él se establecían mecanismos de protección a la inversión en energías renovables, entre los que se incluían miles de millones anuales en subvenciones (llamadas “primas”) a las renovables. Una ayuda directa al peso, otorgada en función de la capacidad instalada y no de la consumida, ni de la rentabilidad del proyecto. El resultado, además de 45 litigios internacionales por la inseguridad jurídica provocada, ha sido un parque de infraestructuras renovables al borde de la quiebra. Sánchez Galán, CEO de Iberdrola, ya advirtió a principios del 2018 sobre los problemas de sostenibilidad del sector por el efecto llamada de las subvenciones y del dinero barato. “Lo que ocurrió con Enron podría suceder otra vez. La empresa estaba muy apalancada y no tenía talento como servicio público ni como comercializadora. Por eso desapareció.”

Dicho de otra manera, la transición energética tiene que ser capitaneada por expertos, tiene que estar basada en la innovación tecnológica y, algo fundamental, tiene que incorporar elementos de responsabilidad individual para que sea un éxito.

Y, en este camino, los vehículos de inversión tienen un papel extremadamente importante. Desde hace ya varios años la inversión socialmente responsable (ISG) es una rama de las más atractivas dentro del ecosistema inversor, y por eso está en auge. El principio de esta nueva oleada de inversores es claro: “Creemos que un sistema global eficiente, sostenible y global es una necesidad para la creación de valor en el largo plazo. Dicho sistema recompensará la inversión responsable en el largo plazo y beneficiará al medioambiente y a la sociedad en su conjunto”, afirman desde la plataforma de colaboración PRI (Principios de inversión responsable, por sus siglas en inglés), que aglutina a los principales bancos de inversión y fondos de pensiones públicos y privados.

Los principios de financiación de este tipo de vehículos son claros. Sólo invierten en proyectos socialmente responsables desde el punto de vista social, medioambiental y de gobernanza. De esta manera, otorgan financiación a proyectos que incluyen algunos de estos objetivos, y que los tienen en cuenta en todo el proceso de toma de decisiones y ejecución de la operación. Se trata de un movimiento que ya cuenta con años, pues comenzó en 2005, y está en constante crecimiento. El volumen total de activos gestionados está en torno a los 92 billones de dólares y 2.500 vehículos de inversión ya en 2019. Cifras ambas que se has duplicado en los últimos 4 años. El volumen de bonos verdes emitidos por estados y empresas, por su parte, ya superó los 250.000 millones de dólares en 2018. Un crecimiento que podría suponer una primera señal de rentabilidad y alineamiento de intereses en este segmento de inversión.

Esto, que no deja de ser un indicio, se confirma evaluando los resultados de los fondos orientados a la inversión responsable y comparándolos con los mecanismos de inversión tradicionales. Los estudios más conservadores, como el de Michael Shröder en Swiss Society for Financial Market Research (2004), muestran unos resultados similares a los de los índices tradicionales tomados como referencia.  Otros, incluso más recientes, como un estudio de Zephyr Style, muestran rendimientos mayores que índices tradicionales a lo largo de toda la curva de inversión. El rendimiento de los fondos socialmente responsables entre enero 2007 y diciembre 2015 a 1 año estuvo ligeramente por debajo del 3%; a 5 años superó el 7% y a 5 años estuvo en torno al 5%.

Dicho de otra manera, se trata de plataformas de inversión que, a pesar de contar con un universo de inversión más reducido, son capaces de seleccionar los proyectos adecuados para ofrecer rentabilidades incluso por encima del mercado y, por lo tanto, hacerlo sostenible. Estamos, por lo tanto, ante una herramienta imprescindible para poder afrontar los retos sociales y medioambientales que tenemos por delante ofreciendo un valor al inversor y los incentivos adecuados a los promotores de los distintos proyectos para hacerlos viables en el largo plazo.

Gracias a la globalización los mercados financieros son capaces de canalizar el ahorro hacia proyectos capaces de mejorar la vida de la gente. Sin duda, la inversión socialmente responsable adquirirá una importancia creciente en los últimos años. No sólo porque todos estamos comprometidos con un futuro mejor. Sino también, y especialmente, porque alinea los intereses de quienes lo necesitan con quienes tienen intereses en ello. El sistema capitalista ha encontrado la cuadratura del círculo, y debemos luchar para que no haya ningún organismo gubernamental que pretenda impedirlo.

Tags: , , ,

Related Article

0 Comentarios

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

IDIOMAS

EnglishFrenchGermanItalianPortugueseSpanish

SÍGUEME

LINKEDIN

Suscríbete

He leído y acepto el aviso legal

ÚLTIMOS TWEETS


VÍDEOS

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies
LinkedIn
Share