lunes, octubre 22, 2018

Con este post cierro el año. La verdad es que ha sido fantástico, lleno de retos logrados y alegrías relevantes que me ha proporcionado este blog. Como ya va siendo habitual, despediré el año haciendo un overview de lo que viene.

El 2017 va a estar lleno de retos. Ya se comenzarán a ver efectos reales del Brexit y de la verdadera senda por la que apostará Trump, y el mundo entero se enfrenta a una normalización más urgente que buscada. Los macroestímulos monetarios de los últimos años han tenido efectos limitados, y la economía solamente muestra leves signos de mejora, estando más cerca del estancamiento secular que del crecimiento.

Para el año que comienza, todo parece indicar que la velocidad de crucero va a continuar. El ritmo de crecimiento será moderado, el comercio internacional reflejará el agujero de la demanda agregada existente a nivel mundial, y será necesario un nuevo empujón para impedir que alguna de las bombas estallen. El fenómeno predominante y más probable será la subida prolongada de los tipos de interés, tanto por parte de la FED como del Banco Central chino y, en última instancia, del BCE. Este proceso de normalización monetaria supondrá una apreciación del dólar, con su consiguiente impacto sobre las exportaciones europeas. Además, la subida de tipos de interés añadirá presión a los presupuestos públicos para 2018 vía mayores costes de financiación.

Por otra parte, todo parece indicar que comienza una etapa de políticas fiscales (más) expansivas, tanto en Europa como en Estados Unidos. El riesgo electoral, especialmente proveniente de las elecciones francesas, italianas, holandesas y griegas, será combatido chequera en mano, acudiendo a soluciones cortoplacistas que solamente agrandarán el agujero de las arcas públicas. Todo por el bien de la sociedad.

Sin embargo, el menor crecimiento chino de las últimas décadas (un raquítico 6%), junto con los shocks que pueda provocar la inestabilidad política sobre el sistema financiero, pudiera hacer necesaria una reorientación de los de los fondos públicos. Todos tenemos en la cabeza a Monte Dei Paschi (con un montante que ya se cifra en el entorno de los 20.000 millones de Euros), o el Deutsche Bank. No en vano los indicadores de riesgo siguen en niveles inusualmente altos. Espero movimientos de consolidación en la banca, especialmente europeos, que logren mejorar la rentabilidad del sistema.

Frenar los populismos con populismos socialdemócratas es, sencillamente, no haber aprendido absolutamente nada de los últimos años. En los países del sur de Europa se ha hecho un ajuste muy severo, soportado principalmente por la clase media y media-baja, que tiene que soportar la moderación salarial mientras el deflactor implícito del PIB no modera tanto como debiera por el aumento de carga impositiva. Hablaremos largo y tendido de la competitividad, pero en un contexto de desaceleración del comercio mundial es sencillamente clave. Volviendo a los modelos económicos del pasado la Unión Europea no va a sobrevivir. Sin una convergencia en términos económicos y de calidad de vida, el eje franco-alemán nunca apoyará la pérdida de legitimidad nacional en favor de una Unión Política.

Por último, aunque no menos relevante, tendremos de nuevo la inflación como concepto repetido durante los próximos meses. La subida de precio de las materias primas (petróleo principalmente) impulsará un repunte, especialmente en los países importadores, aunque desde los organismos nacionales y supranacionales creen que será puramente estacional. Más allá del discurso institucional, creo que podemos tener un problema más pronto que tarde con la inflación. Hay sectores muy relevantes en la economía que han sufrido durante muchos años y solamente pueden crecer vía aumento de precios, dada la apatía en la demanda. Además, con una economía en (ligero) crecimiento e inundada de dinero en efectivo, es fácil pensar que se relajarán las condiciones de crédito y fluirá hacia los agentes reales, con su consiguiente impacto sobre los precios. Puede que la estanflación nos esté esperando.

Por su parte, España afronta este contexto mundial con una economía que ha recuperado dinamismo interno, con un sector inmobiliario en crecimiento y un mercado de trabajo que ya comienza a ver los frutos de una reforma laboral dura pero efectiva. Sin duda, la mayor vulnerabilidad viene del lado de las arcas públicas, golpeadas año tras año por un déficit que no logramos poner a raya, ni en años de crisis ni en años de prosperidad. Afrontar un posible shock mundial con una deuda del 100% no es lo mismo que afrontarlo (como ocurrió en 2008) con el 40%. El rigor presupuestario, junto con movimientos decisivos en políticas de oferta, son imprescindibles para construir una economía próspera y sostenible en el tiempo. Debemos hacer hueco para la iniciativa privada e impulsar la llegada de capitales extranjeros vía menores impuestos de sociedades y menos burocracia y presencia pública en la economía.

Basar nuestro crecimiento en el sector construcción y en el sector turismo ya sabemos a dónde nos lleva. Repetir errores pasados (o no) está en nuestra mano.

Feliz Navidad y próspero 2017!!!

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