martes, octubre 20, 2020

 

El mercado no ha entrado en modo pánico. Sencillamente se está ajustando de una forma abrupta, tras años de estimaciones al alza inclumplidas, de desequilibrios acumulados y de productividades muy bajas en el mejor de los casos.

Los mercados financieros mundiales han perdido 6 billones de capitalización bursátil en poco más de una semana. El FTSE 100, el S&P 500, el Stoxx EU 600, el barril de crudo… son muchos y muy variados los activos que han registrado pérdidas de doble dígito, o cercanas, en muy pocos días. La volatilidad, tal y como hemos anticipado en esta columna durante las últimas semanas, se dispara e índices como el S&P 500 pierden un 10% en el menor número de días de su historia.

Hay dos indicadores que reflejan lo que está ocurriendo en los mercados: El primero es el índice MSCI mundial, que mide la evolución bursátil de más de 50 selectivos nacionales; y el segundo el VIX, el índice de volatilidad en el mercado de opciones. Ambos se han disparado hasta niveles de 2008. Uno, el MSCI, a la baja, y el otro, al alza, llegando a rozar los 47 puntos, frente a los 15 que promedió en 2019.

Una situación sin duda preocupante, tal y como reflejan algunos analistas “El coronavirus parece una pandemia. Los mercados pueden hacerle frente incluso si existe un gran riesgo siempre que podamos ver el final del túnel”, dijo Norihiro Fujito, estratega jefe de inversiones de Mitsubishi UFJ Morgan Stanley Securities. “Pero por el momento, nadie puede decir cuánto durará esto y cómo de grave será”.

Dicho de otra manera, los mercados están sufriendo shocks similares a 2008, y la palabra más repetida es incertidumbre. Lo que comenzó como una crisis sanitaria podría convertirse en una crisis económica vista la evolución del Covid-19.

Por supuesto que los datos son alarmantes en volumen, pero no tanto en términos relativos. Con los datos conocidos, los recuperados son más de diez veces los fallecidos. La tasa de mortalidad en ciudadanos de menos de 60 años es menor al 1,3% y del 0,2% en jóvenes, y que en media es un máximo del 4%[1]. Por supuesto que estas cifras pueden cambiar, pues estamos ante una situación que, sencillamente, desconocemos. Por eso es importante la cautela y la máxima precaución ante lo que pueda pasar en los próximos meses.

El Covid-19 podrá ser el cisne negro que puede llevar a la economía mundial a una nueva recesión. Está por ver. De lo que no existe ninguna duda es de que va a ser la coartada perfecta para mantener políticas fiscales y monetarias expansivas, incluso sabiendo que ya están en el tramo decreciente de sus rendimientos y/o no hay margen a tal efecto.

El Banco Central de China ha rebajado en 10 puntos el interés a un año y en cinco a cinco años, ha informado de que está estudiando medidas de apoyo directo a los sectores afectados por el brote y ha anunciado inyecciones de liquidez por valor de 180.000 millones de euros. Esto, recordemos, en una economía que ha crecido un 6% en 2019 con una inyección monetaria en su sistema (M2) del 8,7%.

La FED aún no ha actuado, aunque sí que ha anunciado posibles movimientos de su política monetaria, algo consideramos bastante probable teniendo en cuenta que en noviembre de 2020 hay elecciones generales y Trump lo va a fiar todo a su gestión económica. No en vano, la FED lleva interviniendo el mercado de REPOs desde la crisis de liquidez de septiembre del año pasado y los analistas estiman que el balance de la FED alcanzará sus niveles máximos (superiores al 40% del PIB norteamericano) a mediados de año: ha anunciado un paquete de medidas que incluyen desde la suspensión del pago de impuestos como la luz, el agua y el gas durante seis meses para comerciantes y negocios del área afectada hasta la movilización de unos 750 millones de euros en el Fondo de Garantía para pequeñas y medianas empresas.

Y esto no ha hecho más que empezar.

Debilidad estructural

China, el principal foco del Covid-19 (y con resultados aún por conocer) ha presentado sus peores datos de actividad industrial y del sector servicios desde que existen registros. Ambos índices han evolucionado peor incluso que en 2008, conformando unas perspectivas notablemente pesimistas. Tanto es así que ya han salido a la palestra responsables económicos y de instituciones supranacionales de todos los continentes vaticinando una “recuperación en v”, que, en realidad, no es más que una vuelta a la senda de desaceleración que muestran las economías desarrolladas.

Debemos recordar que China ha crecido en el 2019 un 6%, el nivel más bajo desde principios de los ’90. Las últimas estimaciones antes de conocer los datos anteriormente descritos hablaban de un crecimiento para el primer trimestre de 2020 del 4,5%, 1,5 puntos porcentuales menos que para el mismo período de 2019. ´

Japón, el país más afectado por el parón chino, tampoco queda al margen. Antes incluso de conocer ningún dato nipón sobre el Covid-19, la economía japonesa se desplomaba un 6,3% en términos anualizados en el cuarto trimestre como consecuencia de un leve ajuste de 2 puntos porcentuales en el IVA, hasta el 10%. Abenomics, el gran proyecto económico para salvar al país de dos décadas de estancamiento, demuestra una vez más el fracaso de las políticas intervencionistas, y el Covid-19, por consiguiente, sólo será la punta visible del iceberg.

Italia, otro de los países en discordia, también ha presentado un dato de crecimiento negativo en el cuarto trimestre de 2019 y se acercaba peligrosamente a la recesión técnica sin ningún shock económico mediante. Ahora queda prácticamente confirmada, y será la cuarta situación de recesión técnica (dos trimestres consecutivos en negativo) desde la crisis de 2008. Ninguno de los tres anteriores tuvo ningún tipo de alteración a nivel mundial que lo impulsase.

Es cierto que la estabilidad económica mundial corre un serio peligro. La demanda mundial de petróleo se ha reducido en 800.000 barriles al día hasta los 100,5 millones, liderada por China que ha reducido su demanda en 1,1 millones sólo en el primer trimestre, China supone el 30% de las exportaciones globales de bienes y es el segundo importador de bienes del mundo, con una cuota de mercado superior al 10%, frente a la posición de reducida relevancia en el ámbito internacional a principios de los 2000 (<5%).

Dicho de otra manera, la economía mundial corre un serio riesgo de entrar en recesión económica, con un parón que afectará a las cadenas de suministro y a las economías más exportadoras como Japón o Alemania. Sólo Estados Unidos, cuyas exportaciones suponen el 12% del PIB parece estar a salvo, siempre que el virus no cruce el charco y se instale en su demanda doméstica.

De todos los casos anteriores, sólo en el último se podría considerar el Covid-19 como el causante. En el resto sólo ha agudizado una situación que ya daba síntomas de preocupación desde hace meses.

¿Es el momento de invertir?

Ante la caída de los mercados bursátiles, muchos analistas se aventuran a recomendar compras aprovechando la “debilidad” y el supuesto “potencial al alza”. Algo que llama la atención tan sólo unos meses después de que Thomas Cook y Air Italy, dos de los conglomerados más importantes del Viejo Continente, hayan quebrado, de que Renault haya presentado sus peores datos en muchos años, o de que Deutsche Bank continúe buscando soluciones coyunturales a un problema estructural.

Los resultados que conocemos del STXE 600 arrojan un crecimiento en los ingresos del -0,5% y en el EBITDA del -0,05%, con las commodities y los bienes de primera necesidad y consumo como los más desfavorecidos debido, fundamentalmente, a un precio de las materias primas bajo y a una demanda doméstica en el viejo continente débil y que pensamos que va a evolucionar a la baja.

Estados Unidos evoluciona ligeramente mejor, pero en ningún caso podemos afirmar que su sector empresarial muestre unos fundamentales sólidos y mantenga unas perspectivas al alza: la confianza empresarial ha repuntado ligeramente hasta los 50,9 puntos en enero, tras 5 meses consecutivos en zona recesiva.

En definitiva, es importante seleccionar buenos valores, con fundamentales sólidos y que reúnan una serie de características: bajo nivel de endeudamiento, oportunidades de crecimiento en mercados desarrollados, activos físicos correctamente valorados y rentabilidad operativa positiva (Que el ROE sea mayor que el WACC)

Los campeones nacionales y los grandes conglomerados con dificultades para adaptarse a una posible crisis más rápida y virulenta que la de 2008 deberían ser objetivo de salida. Los altos dividendos no compensarán el ajuste en su valoración.

Porque, no tengan ninguna duda, dicho ajuste va a continuar, al menos durante las próximas semanas.

[1] The Epidemiological Characteristics of an Outbreak of 2019 Novel Coronavirus Diseases, febrero 2020

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