martes, octubre 20, 2020

 

9 de marzo de 2020. Tan sólo un día después de la nefasta jornada del 8M, en la que se celebraron actos que nunca fueron a favor de ninguna mujer sino de partidos políticos, España seguía su vida con total normalidad. Tuvo que ser Isabel Díaz Ayuso quien, tras días de avisos al gobierno de España acerca de la gravedad de la situación, diera la voz de alarma y comenzara a tomar medidas para luchar contra la peor pandemia de nuestra historia reciente. Las medidas aprobadas en aquel Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid y los hechos acaecidos desde entonces son conocidos por todos: del “no habrá más que casos aislados en España” hasta el estado de alarma. Mientras el coronavirus se extendía por la población y abría una brecha insalvable en millones de negocios y empresas de ciudadanos españoles.

Nunca sabremos si fue un nuevo amago de la presidenta de la Comunidad de Madrid, esta vez con sacar adelante un plan de choque en materia económica, o sencillamente la situación se hacía tan insostenible y la inacción tan cara en términos de desempleados. El caso es que Sánchez presentó un plan económico el pasado día 17 con muchos titulares pero poco contenido. 200.000 millones para luchar contra el coronavirus, rezaron los medios de comunicación. Un excelente plan de marketing político que esconde una de las mayores estafas de los últimos años.

Sánchez se vanagloria de dotar a las comunidades autónomas de una inyección de 3.400 millones de euros, de los cuales 2.800 corresponden a la actualización de las entregas a cuenta de 2020 y 600 (la única salida de caja extraordinaria, por lo tanto) a una inyección para afrontar los gastos del coronavirus. Dicho de otra manera: 600 millones para afrontar una situación que, sólo en la Comunidad de Madrid (foco principal a día de hoy de los casos de coronavirus) supone una factura adicional de casi 1.200 millones de euros.

Más márketing

El segundo eje del plan de marketing socialista es el esfuerzo fiscal. Un esfuerzo cifrado, inicialmente, en 14.000 millones de euros pero que, en realidad, son 0 euros. Porque no debemos engañarnos, trata de inyectar liquidez a 3 meses en una economía que va a estar, al menos, todo 2020 en recesión, es como hacer malabares con pompas de jabón.

Por lo tanto, ya sólo nos quedan dos elementos del ambicioso plan de Sánchez: flexibilización del mercado laboral (especialmente a los cientos de miles de trabajadores afectados por un ERTE) y 100.000 millones de euros en avales.

Dos elementos que son lo único positivo del plan, aunque claramente insuficiente. Por muy grandilocuente que sean esos 100.000 millones de euros en avales públicos, sería necio obviar que el taxista que no va a poder hacer frente a sus pagos tampoco podrá acceder al aval necesario para refinanciar su vehículo, puesto que no tiene ninguna certeza de cuándo van a volver a entrar los flujos monetarios en su cuenta corriente.

No es difícil concluir, a la luz de lo anterior, un marcado carácter socialista en el plan de choque de Sánchez: un buen relato para que la clase política mantenga sus bien pagados puestos de trabajo, y más privilegios para los pudientes. Mientras, autónomos y pymes, que son el 98% de nuestro tejido productivo, continúan sin una solución al enorme problema que tienen por delante.

 

Los impuestos, los grandes olvidados

España se enfrenta a una crisis de liquidez sin precedentes. No importa que seas rico o pobre, autónomo o asalariado. Los ingresos van a ser cercanos a 0 durante unos meses (en el mejor de los escenarios), y las obligaciones de pago se van a acumular. Las necesidades operativas de fondos (nóminas, deuda bancaria y deuda comercial, fundamentalmente) van a ser agujeros en muchas pymes y, a la vez, el bote salvavidas de otras muchas. Por consiguiente, el impago puede producir un efecto dominó y una parada en seco de la economía española.

Actuar sobre la liquidez de las empresas es fundamental. Si tenemos en cuenta que el 47% del beneficio operativo de las empresas se van en impuestos asociados al pago de nóminas, no es difícil de entender que una exención temporal de impuestos como el IRPF o la Seguridad Social va a tener un impacto mucho más relevante en el mantenimiento del empleo que todo lo anunciado por el presidente del Gobierno.

Si, además, se produce una reducción o un aplazamiento de las declaraciones trimestrales de IVA, al menos, hasta 2021, la inyección de liquidez es inmediata y protege los puestos de trabajo de una forma mucho más efectiva que complejos mecanismos financieros.

Por no hablar del Impuesto de Sociedades. Un movimiento que, aunque sería positivo incluso en una situación de normalidad, ahora tendría un efecto menor porque un porcentaje muy importante de empresas van a entrar en pérdidas y, por lo tanto, su tributación por sociedades va a pasar 0. No debemos obviar que ya en 2017 (con la economía española creciendo al 3%, recordemos) ya había más de 1 millón de empresas reportando pérdidas y la central de balances del Banco de España ya reportaba una evolución a la baja del sector empresarial a finales de 2019.

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Estas acciones, además de lo ya comentado, suponen el mejor aval para ir a un banco a refinanciar deudas o a pedir nuevos préstamos para financiar el circulante, pues es, de facto, una entrada de caja para todas las pequeñas empresas inesperada y, por lo tanto, no presupuestada.

Coinciden, “casualmente”, con las peticiones recogidas por la CEOE en su informe para afrontar la crisis económica desatada por el Covid-19. Un informe que, a la luz de los hechos, ha sido ignorado. La realidad es que Pedro Sánchez ha obviado deliberadamente al 50% de las empresas de este país, en lo que es un ejercicio de irresponsabilidad política sin precedentes.

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Sin iniciativa, sin capacidad de maniobra y sin ideas. Así afronta Sánchez la peor crisis de nuestra historia reciente. Si no somos capaces de frenar esta primera oleada, la vuelta a 2008 está asegurada: mercados financieros secos, el crédito sin fluir y las pocas empresas que queden en pie tras la parada repentina que estamos viviendo tendrán que sucumbir ante una economía que se enfrenta a una crisis que puede dejar la de 2008 como una anécdota.

Estamos a tiempo, pero la crisis sanitaria ha de gestionarse tan bien como la económica. En caso contrario, les deseo que tengan ahorros en sus cuentas corrientes. La política monetaria no nos va a salvar de esta y España ha perdido demasiado tiempo con el “hay margen” para políticas sociales de “estímulo de la demanda” (creación de redes clientelares) y ahora tenemos un reto de primer orden por delante.

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