lunes, octubre 22, 2018

La polémica está servida.Tras la confirmación electoral de que la ciudadanía necesita aire limpio para continuar respirando en una España que sigue oliendo a la etapa post-transición, con un sistema económico político incapaz de mostrar el dinamismo que requiere los tiempos que corren y nuevas corrientes populistas, el eterno debate entre generación y distribución de riqueza se aviva día tras día.

No es mi intención, ni mucho menos, girar este post en torno a las corrientes de decrecimiento basado en la naturaleza finita de los recursos naturales. Más bien, trataré de ilustrar la necesidad de crecer para que un poder social (léase, el aparato estatal) tenga capacidad de redistribución, favoreciendo a los estratos más bajos de la sociedad.

Comencemos, por tanto, con algo que parece obvio pero creo que en determinados momentos se olvida. Para poder distribuir algo, primero hay que generarlo. Es totalmente cierto que ante una situación de crecimiento económico/enriquecimiento, las clases sociales más altas se enriquecen más, así como que la diferencia entre clases sociales se agrandan. Sin embargo, gracias a una tarta mayor, el Estado tiene capacidad de distribución de los recursos, favoreciendo también a los agentes económicos más desfavorecidos. Se produce de esta forma un acuerdo social win-win, en el que todos ganan. Si, por el contrario, si la tarta no aumenta, esa redistribución pasa necesariamente por el empobrecimiento de la clase media. Para los escépticos, recordar que los agentes más ricos tienen más movilidad y capacidad de sacar sus posesiones del país, por lo que, en el fondo, la redistribución pasa por la gente que tiene que someterse, mediante una imposición democrática, al pago de impuestos que merman seriamente su capacidad adquisitiva. Esto, en la jerga de la calle, se llama redistribuir pobreza, aunque haya gente tratando de enmascararlo y disfrazarlo bajo otras denominaciones.

Veamos qué ha ocurrido en España en los últimos años:

Fuente: INE

Fuente: INE

Desafortunadamente, los datos para 2014 salen el 15 de junio (si algún lector tiene especial interés en dicha actualización, que me escriba al apartado pregúntame y los actualizaré convenientemente), pero con las gráficas mostradas se ilustra claramente lo que pretendo explicar.

Estoy seguro de que muchos lectores podrían enviarme cientos y cientos de noticias hablando sobre el enriquecimiento de determinadas personas durante la crisis, así como del agrandamiento de la brecha entre ricos y pobres. De lo que no hablan es de que en 2009, el año en el cual los progresos económico-sociales de los años anteriores ofrecen resultados palpables, los hogares ingresando menos de 1.000€/mes eran 5 p.p. inferiores que en 2006, mientras que los que ingresaban más de 5.000€/mes no aumentaron un 0,5 p.p. Esto sin tener en cuenta la riqueza financiera o los activos fijos (especialmente casas) con las que las arcas hogareñas se llenaban mes a mes, en una situación en la que la fiesta era cosa de todos.

Y, sin embargo, ¿qué ha ocurrido desde 2009? El retroceso del PIB (medida por excelencia de la riqueza de un país) ha conducido a una disminución del porcentaje de hogares de renta alta y media-alta en favor de los hogares con renta baja y media-baja. Eso, a pesar de que se han reforzado los recursos destinados a la prestación por desempleo, que junto con sanidad y el pago de intereses de la deuda supone el 33% de los gastos de la Hacienda Pública.

Dejamos para otro post la evolución del gasto público y la generación de déficit año tras año, cuyo valor pagaremos todos y cada uno de los contribuyentes españoles durante las próximas generaciones, pero es relevante nombrarlo para poner en un contexto adecuado lo que nos atañe.

Sin duda, lo mejor de una situación tan apasionante como la que vivimos es que nos ofrece la posibilidad de vivir y evaluar experimentos. Aunque algunos se parezcan sospechosamente a otros ya fracasados en el siglo XVIII (como ya ejemplifiqué en el anterior post), es evidente que existe una ventana de oportunidad clara para ideas y políticas innovadoras, a saber:

– Establecimiento de medidas de responsabilidad política ante situaciones de despilfarro de recursos públicos, previo análisis coste-beneficio.

Replanteamiento del Estado de Bienestar, asegurando la igualdad de oportunidades y desincentivando situaciones de injusticia social. Ejemplo: sistema de becas que aumente la cantidad a percibir por cada becado, con unas exigencias mayores de concesión (en un ejemplo extremo, las familias más desfavorecidas podrían percibir una cuantía suficiente para desincentivar el abandono escolar), mayores prestaciones a los parados sujetas a la aceptación de puestos de trabajo acordes con su nivel formativo, libertad para el ciudadano a la hora de elegir entre el sistema público de salud o una entidad privada de su elección (deduciendo de sus impuestos la cuantía dedicada al servicio de salud), etc.

– Reconversión del sistema público de empleo, reconociendo la efectividad del mismo mediante la vinculación de la retribución de sus trabajadores al número de puestos de trabajo creados a través de esta institución. O, en su defecto, migración de estas competencias a agentes privados, cuya retribución también está ligada a su efectividad, medida con KPIs claros, tangibles y consensuados.

Auditoría ciudadana del gasto público (perdón por el sarcasmo, no he podido evitarlo), eliminando partidas/instituciones duplicadas, ineficientes o innecesarias. Los puestos de trabajo que se deriven de esta “limpia” deberán ser colocados en condiciones similares, para desempeñar trabajos similares, o, en su defecto, reciclados y orientados a las nuevas necesidades que se crean en la sociedad. En un segundo estadio, reducción general de impuestos con el objetivo de lograr déficit 0 en un período de tiempo razonable y, en ningún caso, superior al período de gobiernoo (4 años).

– Aumento de la cooperación público-privada en I+D+i. Cualquier actividad de innovación tendrá apoyo fiscal, siempre que suponga un impacto tangible (mediante KPIs a establecer por el propio propyecto) sobre la sociedad o sobre la actividad económica (ejemplo: patentes registradas, actividades cubiertas por el nuevo producto/servicio, etc.)

– Creación de empresas en 24 horas, sin necesidades de capital legisladas.

Eliminación de subvenciones a sectores ineficientes, ofreciendo una solución alternativa, o incluso una situación de jubilación anticipada, a los trabajadores de dichos sectores.

– Establecimiento de un programa marco para el desarrollo digital de la vida de los agentes españoles. A través de acuerdos público-privados, y usando recursos privados, desarrollar estándares de seguridad, privacidad y democratización de servicios digitales, comenzando por la relación entre los agentes económicos y las Administraciones Públicas.

Esto, a modo de brainstorming. Y, ahora que lo he escrito, voy a releer los programas políticos que tengo a disposición, pues lo cierto es que no recuerdo nada de lo expuesto en ninguno de ellos…

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