lunes, diciembre 10, 2018

Las historias nunca se harán ciertas por mucho repetirlas. Un incremento del poder adquisitivo significativo derivado de un mayor salario mínimo interprofesional (SMI), sencillamente, no se ha producido nunca.

En los últimos meses hemos asistido al halago hacia las reformas estructurales que ha llevado a cabo España. Sin embargo, los vientos de cola (término usado para referirse al QE y a la bajada de los precios del petróleo, que han impulsado nuestra economía) comienzan a perder peso, dejando paso a un panorama de inestabilidad política, con componentes tanto endógenos como exógenos. Sin ir más lejos, la necesidad de llegar a pactos para hacer del Parlamento una institución gobernable pone sobre la mesa un debate que debería estar cerrado desde hace años: la subida del SMI.

Antes de continuar, veamos qué ocurre en los países con mayores salarios medios:

Fuente: OCDE

Fuente: OCDE

[Nota: las cifras anteriores están expresadas en Paridad de Poder Adquisitivo (PPP, por sus siglas en inglés), expresado en dólares de 2015. Es la mejor manera de hacer comparaciones internacionales eliminando el efecto del tipo de cambio y del diferencial de precios entre países]

La conclusión es clara: El 40% de los países con mayores salarios medios del mundo no tienen la figura jurídica del salario mínimo interprofesional. La tasa de paro máxima dentro de este subconjunto es del 6,50% (Dinamarca). España, por su parte, ocupa el puesto número 17 en términos de salario medio, quedando todos los países del modelo nórdico (la mayoría sin salario mínimo, o con un salario mínimo irrisorio) por encima.

En cuanto al nivel de vida, Noruega es el país con un IDH (índice de desarrollo humano) más alto del mundo (0,94). Los otros 4 países sin salario mínimo superan ampliamente a España, que ocupa el puesto número 26.

Antes de abordar la lógica económica que subyace a esta correlación entre desempleo y salario mínimo, es importante conocer cómo se establece un salario. En condiciones de libre mercado, el salario refleja la productividad marginal del trabajador contratado. Esto es: la generación de valor (medida en incremento de ventas, generalmente) que provoca dicho trabajador. Si un empresario contrata a un camarero, su salario debería de coincidir con el incremento de ventas derivado de la entrada de dicho trabajador, una vez descontados los gastos asociados.

Por lo tanto, el establecimiento (o incremento) de un SMI añade rigideces a nuestro mercado laboral, dejando al segmento de la población más desfavorecido (menos formado y, por tanto, menos productivo) en desigualdad de condiciones para ascender en el escalafón social. Si el Estado obliga al empresario a pagar a su trabajador una cifra determinada, y la evolución de la empresa no soporta dicho salario, el empresario se verá obligado a despedir (o no contratar) al trabajador en cuestión.

Muy pocos de los legisladores han arriesgado su dinero en una empresa. Si lo hubieran hecho, sabrían que el primer interesado en contratar cuanta más gente mejor y pagarles más dinero es el empresario. Estas circunstancias indican una evolución de la compañía brillante, que ofrece beneficios a todas las partes. Sin embargo, la realidad es más tozuda y en la mayoría de casos esto, sencillamente, no es posible.

Además, España es uno de los países donde existe mayor diferencia entre los costes asumidos por el empresario y el salario neto recibido por el trabajador. Veamos dos ejemplos:

Fuente: OCDE

Fuente: OCDE

Fuente: OCDE

Fuente: OCDE

El primero muestra la desagregación de un salario bruto medio en España para una persona soltera y sin hijos: 26.259€. Por una parte, La empresa tiene que asumir un coste adicional (Seguridad Social a cargo de la empresa) por importe de 7.852€. Además, de dicho salario bruto, el Gobierno central se lleva 1.944€, los Gobiernos locales y autonómicos 2.030€, y la Seguridad Social a cargo del empleado asciende a 1.667€.

Por lo tanto, el empleado recibe un salario neto de 20.618€. O, lo que es lo mismo, un 79% de su salario bruto y un 60% del coste asumido por la empresa. (Click aquí para mayor detalle de las obligaciones tributarias, cortesía de @absolutexe)

El segundo realiza el mismo ejercicio para un salario de 13.130€ brutos. O, lo que es lo mismo, 937€/mes (asumiendo 14 pagas). Prácticamente el salario mínimo interprofesional que quieren establecer. En este caso, el Estado se lleva un 43,8% del salario neto del empleado.

España es el octavo país de la OCDE en términos de carga fiscal media. Para colmo, no hay proporcionalidad en el grado de recaudación: La carga fiscal media (medida por la OCDE) en el primer caso asciende al 39,56% de sus costes laborales, y al 30,48% en el segundo.

Subir el SMI mientras estás extrayendo coercitivamente casi un 40% del salario bruto del trabajador es como lanzar una bala al aire. Volverá, y puede que te cause un agujero inesperado en el cráneo.

Desafortunadamente, una rebaja de la carga fiscal no aparece en ninguno de los documentos para debate que están discutiendo. Eso afectaría de forma efectiva al 100% de la población trabajadora y otorga más rédito político vender medidas que generan más ruido y solamente aplican al 1,5% de la población. Porque, desengañémonos, este 1,5% son los que, según el INE, están cobrando por debajo del SMI en términos de horas de trabajo equivalentes a una jornada completa. Este 1,5% son los que pueden quedar fuera del mercado laboral en el caso de que efectivamente se suba el SMI. El resto operan en un libre mercado (aunque rígido) que opera bajo los principios señalados anteriormente.

Volvemos a hablar de añadir rigideces al mercado laboral, dando pasos atrás en una política que, aunque lentamente, se estaba mostrando adecuada. Y es que ser el quinto país en términos de esperanza de vida o tener uno de los índices de Gini más igualitarios del mundo no es casualidad ni genética. Son indicadores perfectamente comparables a nivel internacional que muestran que en España no hay tanta pobreza ni tanta miseria como algunos, como parte de su sueño megalómano, pretenden hacernos creer. ¿En qué país del mundo se podría dar una tasa de paro real por encima del 20% durante varios años consecutivos sin que se produzca una revolución social? En ninguno. España no es una excepción.

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