domingo, octubre 21, 2018

Hace ya unos días, un lector del blog me pidió, a través del apartado pregúntame, mi opinión acerca del TTIP, la asociación para el comercio y la inversión transatlántica, o Transatlantic Trade and Investment Partnership, por sus siglas en inglés. Siendo conciso (para los lectores que quieran más información tienen 3 textos de interés aquí, aquí, y aquí), se trata de un acuerdo para el libre comercio de bienes, servicios e inversiones entre la economía de EE.UU. y la europea. O, lo que es lo mismo, algo tan sencillo como derribar ese invento tan humano llamado nación (que, en términos de economía internacional queda delimitado a través de aranceles), y derribar las puertas que hemos puesto al campo, como consecuencia, ni más ni menos, de una economía cada vez más globalizada que lleva a algunas medidas protectoras hacia una reducción al absurdo.

Es fácil deducir, por mis palabras anteriores, mi apoyo hacia cualquier tratado de libre comercio a nivel internacional (incluido el TTIP, por supuesto); de ellos han nacido épocas de gran prosperidad, así como zonas económicas de referencia como los propios Estados Unidos o Europa, sin ir más lejos. Porque no nos engañemos, ni las sociedades ni las economías avanzan bajo modelos políticos proteccionistas que, llevados al extremo, acaban en situaciones de autarquía y economía de trueque. Ya en el siglo XVIII, autores de referencia para la economía moderna como Adam Smith o David Ricardo hablaban, respectivamente, de ventajas absolutas y ventajas relativas. Y se referían, ni más ni menos, a la capacidad que tienen los países para producir bienes o servicios en condiciones más ventajosas que otro país que, a su vez, será capaz de producir otro bien o servicio de una forma más eficiente. Si estos dos países son capaces de comerciar dichos bienes, en una situación de libre mercado, dichos bienes se intercambiarán a un precio inferior que en una economía cerrada, y, por consiguiente, se producirá una especialización de los factores productivos hacia el bien/servicio que más bienestar aporta a la economía en cuestión. Gracias al comercio internacional se produce un incremento del empleo, del bienestar y del desarrollo de los países.

En España, desafortunadamente, hemos vivido una situación de cierre al comercio internacional en una época no tan lejana, con resultados sobradamente conocidos. De hecho, esta Ley Universal, formulada por Adam Smith y desarrollada por múltiples autores de referencia, sigue siendo un punto de encuentro para los expertos más destacados en la materia de hoy en día; conservadores, progresistas, liberales, socialistas, y un largo etcétera asumen que la economía internacional supone un óptimo de Pareto (situación en la que todos los agentes ganan tras el cambio) para todas las partes interesadas en comerciar sin trabas. En resumen, el establecimiento de restricciones al libre comercio, a través de aranceles u otra práctica gubernamental similar, supone una pérdida de competitividad y bienestar para la economía, en ningún caso compensada por la redistribución social de dichos aranceles (las subvenciones y demás regalos a sectores productivos improductivos y desposicionados es una forma de redistribuir pobreza, y no de preparar el terreno para el crecimiento).

Da la sensación, leyendo lo que llevo de post, de que el comercio internacional no debería encontrar ninguna traba para ser liberado de impuestos y restricciones. Sin embargo, al menos en el caso del TTIP, al provenir de dos zonas económicas “rivales”, cuyas economías han vivido su mayor esplendor a la luz de elevadísimas inversiones públicas, proteccionismo estatal, y endeudamiento indiscriminado sin consecuencias, sí que hay temas que pulir que no son menores, aunque sí indispensables para el correcto funcionamiento del libre mercado. Me refiero, como no puede ser de otra forma, a la armonización de leyes, a los controles y exigencias administrativas, y a la coordinación de leyes (presentes o futuras) que vayan a tener impacto comercial o facilitar las inversiones. Y en este proceso, tan desagradecido como peliagudo están las autoridades europeas y estadounidenses inmiscuidas. Y, de este proceso también, salen los principales detractores de la asociación.

Afortunadamente, la historia económica ya ha vivido acuerdos de este tipo, y sus argumentos en contra se han usado de forma recurrente:
1) El libre comercio es sólo beneficioso si tu país es suficientemente productivo como para resistir la competencia internacional: Para una clara respuesta a esta pregunta hay que conocer la diferencia entre ventaja absoluta y ventaja comparativa. Sin embargo, espero que el siguiente ejemplo sea lo suficientemente ilustrativo: Los países del Este tienen una productividad reducida en la producción de textil comparado con, por ejemplo, España o Estados Unidos. Sin embargo, puesto que la desventaja de productividad de los países del Este es todavía mayor en otras industrias, sus salarios son lo suficientemente bajos como para tener una ventaja comparativa (temporal, como veremos más adelante) en la producción textil.

De esta respuesta nace, como no podía ser de otra manera, la segunda arma contra los tratados de libre comercio:
2) La competencia exterior es injusta y perjudica a otros países cuando se basa en salarios reducidos: Para contestar a este tema tan peliagudo hay dos argumentos que guardan una cierta relación entre sí. El primero, es otra ley básica universal: La competencia en precio nunca será una ventaja competitiva sostenida en el tiempo; un país puede beneficiarse de mano de obra más barata durante un período de tiempo, pero siempre habrá un avance tecnológico, u otro país menos desarrollado que produzca lo mismo a un precio menor; y esto lleva a la siguiente respuesta: en términos de poder adquisitivo real, el comercio internacional no explota ni empobrece a los trabajadores. Si estamos de acuerdo en que la especialización cristaliza en unos precios menores, con el mismo salario podrá comprar más productos en un país abierto al comercio que en un país cerrado; eso, por no hablar de que la apertura ha supuesto, a lo largo de toda la historia reciente, un incremento de demanda y una mejora de la riqueza y las condiciones de vida.

Fuente: @dlacalle

Fuente: @dlacalle

Resumiendo, y espero haber sido lo suficientemente conciso, creo que el TTIP es un must que Europa y Estados Unidos tenían en su haber. Lo que más me mosquea al respecto es el oscurantismo con el que se está tratando el tema por parte de las Autoridades y de los medios de comunicación. Me hace pensar que tienen algo que esconder; en cualquier caso, tengo el defecto de confiar en los responsables políticos que ha elegido el pueblo, como parte de su libertad democrática. Y, para los que se echan las manos a la cabeza porque ven amenazadas sus privilegiadas posiciones en un sector, como el agrario, claramente desposicionado con respecto al americano, que piensen porqué los productos de EE.UU. son más baratos incluso con los costes de transporte, en lugar de seguir viviendo de las PAC, uno de los grandes errores con los que cuenta la UE en este momento.

Para finalizar, una cita de “El compromiso del poder”, de José María Aznar:

“Yo no puedo entender a España -su cultura, su historia, y su identidad -sin el Atlántico. España se forjó como Nación coincidiendo con la exploración y el descubrimiento de América. España alcanzó la modernidad política con un proyecto de libertad elaborado por españoles de “ambos hemisferios”, en feliz expresión de la Constitución de Cádiz. Y España tiene en el Atlántico, punto de encunetro con Iberoamérica, su ámbito de proyección más extenso, más prolífico, y más evidente.
Lo mismo puedo decir del conjunto de Europa. Europa es para mí incomprensible al margen de lo que significa el Atlántico. (…) El Atlántico es, para Europa, la garantía más sólida de liderazgo, la oportunidad más cierta de prosperidad, prestigo e influencia internacional. (…) Nuestro futuro pasa por aquí.”
Y esto no es debido a que sea un seguidor del ex-presidente del Gobierno. Es para ilustrar, querido lector, que esto no es flor de un día.

Gracias, como siempre por estar ahí y por preguntar!!!

Disclaimer final: Unos días después de la publicación de este post, el maestro Sebastián Puig (@lentejitas), se ha comprometido a escribir una serie de artículos en Sintetia sobre el TTIP, por si a alguien le resulta de interés el seguimiento

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3 Comentarios

Angu al 15 mayo, 2015 at 10:07 am

Está claro que matemáticamente los acuerdos de libre comercio en general mejoran la economía otra cosa es cómo se reparte ese benficio, ¿¿lo que es buena para las macrocorporaciones lo es para la ciudadania??? no entraré más en ese tema pues quiero ir directamente al TTIP.
El principal problema no es que se quiten aranceles o que se quiten cupos máximos de entrada de productos, el problema que las negociaciones van mcuho más allá a legislar leyes laborales ( nula proteccion vs proteccion del trabajador), sanidad (privatización absoluta vs pública o privado/pública), seguridad alimentaria (muy laxa vs muy protectora), preocupación animal (nula vs creciendo e imponiendose), protección del medio (solo cuando no se le pueda sacar aprobechamiento económico vs creciendo e imponiéndose), estos son algunos (hay mucho más, algunos tan problemticos como las armas o la justicia) de los temas que estan en juego y sinceramente creo que en todos ellos me gusta más el modelo europeo, así que desde mi punto de vista prefiero ser un poco más pobre como nacion y como ciudadanoque arriesgarme a perder derechos y libertades en todos estos temas.

Angu al 15 mayo, 2015 at 10:13 am

Para completar el anterior comentario te voy a poner un ejemplo muy concreto.
El tema que mas conozco es la agricultura y te voy a poner un vídeo que ayudará a hacerte una idea de cómo funciona esto en USA y tú me dices si este es el modelo que quieres para aquí.

    Dani 18 mayo, 2015 at 8:44 am

    Amigo Angu al:

    Gracias por comentar, como siempre. Sin embargo, y siempre desde el respeto, no puedo estar de acuerdo en lo que escribes. Tengo por costumbre confiar en los funcionarios y demás técnicos públicos que están detrás de las negociaciones del TTIP, razón por la cual considero que dicho proceso, en ningún caso, irá en contra del consumidor.

    Honestamente, no creo que el TTIP tenga nada que ver con la legislación laboral o la privatización de la sanidad/educación. De hecho, como dejo claro en el post, la competencia por precio nunca será una ventaja competitiva. Nunca. Y, en lo referente a la política agrícola, una visión proteccionista lleva a sistemas ineficientes que, en último término, redundan en mayores precios de los productos y, por ende, empobrecimiento directo del ciudadano a través de dos vías: pérdida de poder adquisitivo y pérdida de competitividad (con sus consiguientes efectos sobre el empleo). Esto no es razón suficiente para mirar hacia otro lado ante determinadas concesiones que haya que hacer en la negociación. No obstante, incluso en esos casos, la economía de mercado tiene herramientas suficientes de ajuste, y más en la era de internet; hasta donde yo sé, la tasa de mortalidad en USA no está aumentando exponencialmente a raíz de este tipo de productos con una regulación más laxa; en cualquier caso, en cuanto esta situación se produzca, estoy seguro de que ningún europeo adquirirá ni uno solo de ellos y el mercado será el encargado de extinguirlos.

    Estarás de acuerdo conmigo en que el TTIP no es una cuestión banal, de ahí mi mayor preocupación al respecto: la opacidad y falta de transparencia. No obstante, reitero mi confianza en los técnicos públicos y los responsables políticos sobre los que hemos delegado la capacidad de decisión los votantes europeos. Yendo al extremo del proteccionismo, el único que sabe con certeza qué cultiva y cómo lo cultiva es el propio agricultor; un rechazo tan rotundo ante cualquier tipo de comercio nos llevaría muchos, muchos años (siglos, incluso, atrás). Tratados de libre comercio se han hecho muchos, con los mismos miedos que tenemos hoy día como consumidores, y creo que las sociedades avanzadas siguen aumentando la población.

    Y, para finalizar, un apunte sobre el crecimiento y la distribución del mismo. Como ves en el gráfico que he puesto al final del post, se ha crecido mucho y, además, muchos estratos sociales. El libre comercio lleva a situaciones de crecimiento para ambas partes; y, además, crecen las clases altas y las clases bajas. Es cierto (para qué negarlo) que las clases altas crecen más que las bajas, por lo que la brecha es mayor. Sin embargo, no es menos cierto que las clases más desfavorecidas también se benefician de dicho crecimiento; vamos, que viven claramente mejor, aunque la distancia con las altas sea mayor. Es lo que tiene crecer, que aumenta la diferencia en lo que, en términos económicos, se llama óptimo de Pareto (situación en la cual todos los agentes mejoran con respecto al punto de partida). El reparto de la riqueza es lo que tiene. Bajo cualquier otro sistema, la historia económica ha demostrado que no se reparte riqueza. Se reparte pobreza.

    Un saludo!

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