lunes, octubre 22, 2018

Vaya por delante que no soy ni mucho menos un erudito en cuestiones de salud. Sin embargo, sí que tengo alguna noción de gestión y optimización de recursos. Parto de un problema extendido entre la opinión pública: la sanidad pública hace aguas. No es rentable, no soluciona problemas importantes en el tiempo necesario por la saturación del sistema, y las perspectivas no son nada halagadoras.

A la hora de hablar de Estado de Bienestar, la sanidad queda fuera de todos los debates. Debe de formar parte de cualquier sistema que pretenda garantizar unas condiciones de vida razonables para todos los ciudadanos (principio de universalidad). Además, la sociedad evoluciona hacia una estructura piramidal invertida, en la que el peso de la gente mayor, que por norma general hace un uso más intensivo del sistema sanitario, aumenta año tras año. Por último, hemos de partir de un sistema recaudatorio adulterado, en el que cualquier variación marginal de los ingresos públicos afectan, directamente, a la evolución económica del país. Es decir, en los próximos años la población española será más anciana, y con menos capacidad de afrontar subidas de impuestos. Recordemos que, según Think Thank Civismo, el 40% de los recursos generados por la unidad familiar ya se destinan al pago de impuestos.

Por tanto, la sanidad necesita cada vez más recursos, tanto de forma orgánica como inorgánica (subidas de precio y necesidades de inmovilizado), y el modelo actual no parece ser capaz de asegurarlos. A esto es a lo que se conoce como un problema de sostenibilidad. La sanidad está en peligro en el medio y largo plazo. Veamos un par de gráficos al respecto:

Fuente: PGE

Fuente: PGE

Sanidad vs PIB pc

En el primer gráfico se puede observar el aumento del gasto sanitario, año tras año, hasta que la crisis puso en jaque la capacidad de pago (y endeudamiento) del Estado. Teniendo en cuenta que en el año 2000 las infraestructuras del Estado ya estaban construidas y en funcionamiento, duplicar el gasto sanitario no es una política acorde con las necesidades de la población. Ni el aumento de ésta, ni la mejora de la esperanza de vida son capaces de explicar este aumento del gasto. Tampoco ha habido en el sistema avances extraordinarios tan relevantes como para ser capaces de explicarlo. El IPC tampoco es culpable, creció un 35% en el período descrito. Es decir, el aumento de gasto se debió a gastos corrientes que, como los lectores ya saben, se instauran en el sistema y luego son muy complicados de extirpar. Y he aquí el vínculo con el segundo gráfico.

Representa la evolución del gasto sanitario, en comparación con el PIB per cápita, cogiendo como año de referencia el 2000. En él se ve claramente que durante los años del boom (primera década de los 2000) el gasto sanitario se dispara, tanto en términos absolutos (prácticamente se duplica) como relativos. La capacidad de la economía para generar recursos públicos fue inferior sistemáticamente, hasta que la crisis acabó con el espejismo creado. Desde ahí, un ligero descenso en los últimos años, hasta dejar un GAP de 50 puntos básicos entre ambas variables. Es decir, el gasto sanitario ha aumentado un 34% más que la capacidad recaudatoria, medida a través del PIB per cápita.

Como no podía ser de otra manera, existe un consenso en los medios de comunicación (y entre la ciudadanía) acerca de la necesidad de aumentar los recursos destinados a mejorar el sistema sanitario. Queda patente, a la vista de las dos gráficas anteriores, que no es una medida ni eficaz ni sostenible. Eficaz, porque la duplicación de los recursos se ha mostrado incapaz de dar cobertura a las necesidades de este servicio básico; sostenible, porque ni tan siquiera el Estado español es capaz de aumentar un aumento del gasto como el demandado, ni tan siquiera el nivel de gasto actual, en el tiempo.

Sin embargo, en Europa siempre debemos partir de la base de que renunciar al Estado de Bienestar no es una opción. Es nuestra principal seña de identidad, y debemos protegerlo con uñas y dientes, garantizando (y mejorando) su funcionamiento presente y futuro.

Al respecto, me llama poderosamente la atención la ausencia de propuestas para lograrlo, ni basadas en herramientas administrativas ni tecnológicas. Lo único que hay encima de la mesa es gastar más y detraer más recursos a los agentes privados. Esto demuestra una ausencia importante de voluntad de cambio, porque hay opciones.

Una de ellas consistiría en desarrollar un modelo híbrido de atención sanitaria personalizable. Esto es, que todo aquél que lo desee pueda demandar asistencia en el sector privado, produciéndose una rebaja en sus impuestos equivalente. Para que nos entendamos: Que a cada persona mayor de edad se le ofrezca la oportunidad de pagar menos impuestos, a cambio de que tenga la capacidad de elegir un seguro privado que garantice la cobertura ante cualquier problema de salud.

De esta forma, el sistema sanitario dejaría de ser prácticamente un monopolio para abrirse a la competencia, logrando un precio más bajo y una adopción más rápida de innovaciones tecnológicas, cruciales en este sector. Los ciudadanos gozarían de mayor libertad a la hora de elegir en quién depositan su confianza en cuestiones de salud. Y los gestores sanitarios públicos, además de ver cómo se descongestiona el sistema, podrían añadir elementos de sostenibilidad a un modelo que hoy en día ya comienza a dar síntomas serios de agotamiento.

Evidentemente, la clave del éxito o fracaso del modelo propuesto está, como siempre, en los detalles. Sería necesario establecer mecanismos que garanticen la correcta atención de pacientes no rentables (enfermedades crónicas, cáncer, etc.), hacer uso de la tecnología para tener la capacidad de que el ciudadano cambie con total libertad entre los agentes que operan en el sistema, ser capaces de calcular cuál es la rebaja impositiva a aplicar de forma que no se desincentive la iniciativa pero a la vez el sistema público continúe con recursos, etc.

En definitiva, creo que es necesario abrir un debate sobre el sistema sanitario y reflexionar de forma estructural, y no táctica. El modelo propuesto es solamente uno de los múltiples que existen. Lo que está claro es que aumentar el gasto por sistema nunca será el válido.

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