domingo, octubre 21, 2018

Adam Smith es considerado uno de los padres de la economía moderna. En su libro “La riqueza de las naciones” (aconsejado en mi bibliografía) habla de términos hoy tan comunes como la necesidad de comercio exterior, la especialización de la mano de obra, la creación de los precios y demás temas básicos relacionados con la economía.

Releyendo los programas electorales que tengo a mi disposición (básicamente, el de Ciudadanos y el programa marco de Podemos), lo cierto es que me llama la atención la etiqueta de revolucionarios con la que pretenden diferenciarse de los partidos tradicionales las nuevas fuerzas emergentes, especialmente la formación liderada por Pablo Iglesias.

Para ilustrar mi escepticismo, recogeré un extracto del capítulo 2 del Libro II de Adam Smith: Del dinero, considerado como una rama especial del capital…

En él, el autor trata de explicar el papel del sistema financiero en la economía productiva. De esta forma, hasta la aparición de empresas dedicadas al préstamo de dinero, los empresarios situados en Inglaterra y Escocia debían almacenar una parte de su capital circulante para hacer frente a situaciones de mayores necesidades de liquidez; sin embargo, gracias a los bancos, ese capital podía ser usado para afrontar inversiones productivas que hicieran crecer a la empresa, quedando los préstamos del banco (mediante las letras de cambio) como herramienta para hacer frente a dichas situaciones coyunturales, generando un win-win para ambos agentes: el empresario obtiene una mayor rentabilidad que la que tiene que pagar al banco por el descuento de dicha letra de cambio; y el banquero gana dinero mediante el préstamo de papel moneda (dinero). De esta forma, la aparición de un sistema bancario que permite una mayor circulación en la economía supone una ventaja competitiva importante que afecta directamente al valor añadido del país, a su capacidad de generación de empleo, y a su riqueza.

No obstante, para Adam Smith este sistema tiene una limitación: “Todo el papel moneda que puede circular en cualquier país nunca puede exceder el valor del oro y la plata que reemplaza o que (suponiendo que el comercio sea el mismo) circularía allí si no hubiese billetes.” Esta advertencia hay que ponerla en el contexto del patrón oro: un sistema en el cual el valor de todos los objetos y servicios se ponía en relación al oro; un metal precioso que, recordemos, es provisto de forma finita por la naturaleza. Para que el lector lo entienda: bajo este patrón, no puede existir en el sistema económico un valor mayor que el del oro que exista en ese momento en la economía.

Por tanto, y volviendo al tema del que estábamos hablando, Adam Smith habla de la necesidad de que todo préstamo debe de estar soportado por ahorro (inexistencia de multiplicador monetario). Sigo parafraseando al autor:

“Si los billetes exceden esa suma, como el sobrante no podría ser remitido al extranjero ni utilizado en la circulación del país, se produciría un inmediato reflujo de dicho sobrante a los bancos, para ser intercambiado por oro y plata. (…) Por lo tanto, se produciría una carrera contra los bancos con todos esos billetes superfluos, y si hubiese la más mínima dificultad o retraso en los pagos sería mayor: la alarma que ello ocasionaría necesariamente intensificaría la carrera.” Es lo que hoy en día se llama corralito: La incapacidad del sistema bancario para hacer frente a las necesidades de liquidez de los ahorradores.

En Inglaterra y en Escocia, durante el siglo XVIII, se produjo una situación similar a la descrita: los comerciantes, mediante una técnica basada en encadenar el descuento de letras, habían producido una situación en la que el papel moneda superaba a las reservas de oro y plata de los países

“Los empresarios, al obtener tanta ayuda de los bancos, aspiraron a tener todavía más. Parecían creer que los bancos podían extender sus créditos hasta cualquier suma que se les demandase sin incurrir en coste alguno (..) Se quejaron de la estrechez de miras y actitud pusilánime de los directivos de los bancos que, según decían, no ampliaban sus créditos en proporción a la economía del país.

(…)

En medio del clamor y la angustia fue establecido un nuevo banco en Escocia, con el objetivo expreso de aliviar la penuria del país. (…) Este banco fue más abierto que ningún otro, tanto en la concesión de cuentas de caja como en el descuento de letras de cambio. (…) Era principio declarado de este banco el adelantar, si había una seguridad razonable, todo el capital a ser invertido en empresas cuyos rendimientos son los más lentos y lejanos. (…) Pero como el grueso de esos billetes estaba por encima de lo que la circulación del país podía absorber y emplear sin dificultades, hubo un reflujo de los mismos hacia el banco para ser cambiados por oro y plata tan rápido como eran emitidos. (…) El capital del banco, suscrito en dos ocasiones distintas, llegó a ciento sesenta mil libras, de las que se exigió el desembolso del 80%.(…) Cuando se vio obligado a interrumpir sus operaciones, tenía en circulación billetes por unas doscientas mil libras (…) Por las más de seiscientas mil libras por las que libraba permanentemente letras de cambio sobre Londres debía pagar interés y comisiones más del 8%; consecuentemente, perdía más del 3% en más de las tres cuartas partes de su negocio.

Las operaciones de este banco parecen haber producido efectos opuestos a los perseguidos por las personas que lo proyectaron y dirigieron. (…) Es indudable que el banco proporcionó un alivio temporal a esos empresarios y les permitió continuar con sus negocios por dos años más de lo que hubiesen podido en otra circunstancia. Pero lo que hizo fue dejar que se endeudaran todavía más, y así cuando llegó la ruina, se desató con más violencia sobre ellos y sobre los acreedores.

A largo plazo, entonces, las operaciones de este banco incrementaron los problemas reales del país que pretendían resolver”

Veamos el lado positivo: limpió el balance de los bancos comerciales.

¿A alguno de los lectores le suena esta política?

Hasta pronto!

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2 Comentarios

alvaro 1 julio, 2015 at 4:33 pm

Si el banco Escoces es el BCE
Xo no se qien son Pds y Cs aqui

    Dani 1 julio, 2015 at 7:21 pm

    Creo que me he explicado mal, amigo.

    Trataba de ilustrar el carácter revolucionario de una de las propuestas de Podemos en el pseudo-programaeconómico que presentó hace unos meses: la creación de un banco comercial público que “de una respuesta pública al derecho de cualquier ciudadano a tener acceso al crédito”. Por si a alguno de los lectores le parecía insuficiente con el último fracaso de la banca pública (léase, las cajas regionales), he tratado de ilustrar que la “necesidad” de crear una banca pública que dé aparentes respuestas (cortoplacistas, como has podido comprobar) a una necesidad coyuntural derivada del correcto funcionamiento del sistema capitalista.

    El BCE no tiene el carácter de un banco comercial, esto es, canalizar ahorros hacia la economía real. El BCE vela (o debería velar) por la estabilidad monetaria, y supone un punto en común entre los bancos comerciales de la eurozona. Ciudadanos, por su parte, no está reflejado en absoluto en este post.

    Deseo que esta aclaración te ayude a comprender mejor el post.

    Un saludo!

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